Columna de opinión
De presidentes a presidentes
Alberto Woolrich Ortiz
No puede producir, sino melancolía, rememorar la figura de algunos presidentes constitucionales que a lo largo de la historia han gobernado a México, por tanto, la pluma de quién esto escribe y dado el singular privilegio que me ha sido conferido por el presente espacio informativo, hoy tendré la fortuna de actualizar ante mis queridos lectores, algunos hechos de la historia jurídica mexicana trascendentes para la justicia y legalidad y, así con ello poder comparar para gloria de México nuestra calidad de presidentes que hemos tenido.
Primeramente solicito me sea permitido y concedido, por considerarlo propio a la ocasión y aplicable al comparativo “de presidentes a presidentes”, que recuerde con deleite espiritual las palabras de un jurista ya extinto pero no olvidado, Piero Calamandrei, quien en su maravillosa obra “Elogio dei judice scritto da un avvocato”, sostuvo que: “Todo abogado vive ciertos momentos durante los cuales, olvidando las sutilezas de los códigos, los artificios de la elocuencia, la sagacidad del debate, no siente ya la toga que lleva puesta ni ve que las autoridades estén envueltos en sus pliegues; y se dirige a ellos mirándolos de igual a igual, con las palabras sencillas con que la conciencia del hombre se dirige fraternalmente a la conciencia de su semejante para convencerlo de la verdad. En estos momentos la palabra justicia vuelve a ser fresca y nueva como si se pronunciase entonces por primera vez; y quien la pronuncia siente en la voz un temblor discreto y suplicante como las que siente el creyente cuando reza. Bastan esos momentos de humilde y solemne sinceridad humana, para limpiar a la abogacía de sus miserias”.
Empecemos con el tema: Para Emilio Portes Gil, la Justicia fue en el un valor inmanente y un actuar constante, en el decurso de su vida jamás olvidó su penetrante vocación de abogado, como estudiante, fue el primero que con grupo de compañeros llevó a cabo la primera huelga estudiantil en la Escuela Normal de Ciudad Victoria, y ya como abogado fue el primero también que logró imponer a una empresa el primer contrato colectivo de trabajo, y el primero en obtener para los trabajadores el pago de salarios caídos y, la hoy tan olvidada, repartición de utilidades.
Solo por esos méritos, Emilio Portes Gil merece el aplauso unánime de nosotros los abogados. Pero no: Don Emilio produjo hechos históricos importantes para México.
Don Emilio conjuntamente con Ezequiel Padilla y Don Manuel Herrera y Lasso, entre otros, fundaron la Escuela Libre de Derecho, la cuál ha dado a México eminentes juristas, hábiles litigantes, excelentes jueces, magistrados y ministros de la Suprema Corte de Justicia de la Nación y, sobre todo, un gran Presidente de la República: El Sr. Lic. Don Emilio Portes Gil, él fue el que otorgó a la Universidad su autonomía, le dio en el devenir de la historia un contenido histórico, fecundando a nuestra ALMA MATER, con los ideales de la Democracia.
Ciertamente Don Emilio, por su fe inquebrantable en la Justicia, siendo Presidente de la República resolvió con ecuanimidad no exento de valor y además de singular acierto, el conflicto religioso que databa del año 1926 y que había heredado de su antecesor Plutarco Elías Calles.
Aquel Primer Magistrado de la Nación —basado en la tesis de dar al Cesar lo que es del Cesar y a Dios lo que es de Dios— puso como condición primordial para resolver el conflicto religioso, el sometimiento del Clero a la Constitución, obtuvo con ello que un grupo de mexicanos aceptara bajar las armas y someterse al Gobierno de la República mexicana.
Se percibe diferencia o semejanza con otros: ¡Siii! La Constitución somete no con abrazos, sino con el cumplimiento a la Ley.
Lic. Alberto Woolrich Ortíz.
Presidente de la Academia de Derecho
Penal del Colegio de Abogados de México, A.C..
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