Juan Luis Parra
Maduro está preso en Brooklyn. Su esposa también. Desde mediados del año pasado lo adelanté: el ataque a Venezuela ya estaba en el calendario. Solo era cuestión de tiempo. No ocurrió en noviembre, pero no fue por falta de ganas. El plan estaba listo. Solo el clima y algunos factores operativos impidieron que se ejecutara antes de fin de año.
En este contexto hay mucha expectativa sobre quién y cómo se gobernará Venezuela. Marco Rubio jura que no se trata de una ocupación. Que no van a “gobernar” Venezuela, sino solo a manejar la política. ¿Eso qué significa? ¿Un plan de transición? ¿Una hoja de ruta democrática?
Todo esto significa petróleo. Significa empresas estadounidenses frotándose las manos. Significa Trump diciendo: “Vamos a dirigir bien el país”.
La gran ironía es que, mientras Maduro jugaba a ser el comandante eterno y cantaba las de John Lennon en cadena nacional, terminó capturado como un narcotraficante, no como jefe de estado.
Cuatro cargos federales, entre ellos narcoterrorismo en su contra. Y sí, hay quienes lo consideran el presidente legítimo, como Vladimir Padrino López, que desde un atril sigue recitando discursos de resistencia, como si la realidad no se le hubiera desplomado encima.
Pero no todo es tan claro. La vicepresidenta del país latinoamericano ya bajó la cabeza, esperando clemencia por parte del Tío Sam y sus misiles.
Mientras Edmundo González se autoproclama presidente en video desde el exilio, Trump amenaza a Colombia en pleno vuelo presidencial y dice que Gustavo Petro es un “hombre enfermo” al que le gusta hacer y vender cocaína.
A Sheinbaum también le toco un jab, reiterando que “algo debería hacer con México” y refrendando esta narrativa de Trump, de que Sheinbaum es una mandataria asustada de su propio país, del crimen organizado que acusa nos gobierna realmente.
¿Y el pueblo venezolano? A ellos les toca ver desde sus techos cómo explotan las bombas, correr por comida en supermercados vacíos y grabar con el celular el fin de una etapa y el comienzo de otra, igual de incierta. Porque ni democracia ni dictadura: lo que hay es una disputa por el botín.
La política es apenas la excusa.
La pregunta incómoda es otra: ¿qué viene después? Porque sacar a Maduro es solo el primer acto. Lo que sigue es una administración de facto bajo una potencia extranjera con ambiciones económicas bien claras.
Estaremos atentos al capricho imperial. Total, Venezuela ya no decidirá sobre lo que sucederá con Venezuela.
Gracias por acompañarnos un año más en este espacio. Nos vemos lunes, miércoles y viernes. Que tengan un feliz 2026… aunque haya empezado con fuego cruzado.





