José Luis Parra
En México ya no se roban combustibles. Se esfuman.
Así, como por arte de magia, desaparecen millones de litros y nadie se entera. O sí se enteran, pero miran hacia Cuba.
El buque Challenge Procyon arribó al puerto de Tampico a finales de marzo de 2025 con más de 20 millones de litros de diésel ilegal, según documentos del SAT. Sin embargo, el Secretario de Seguridad, Omar García Harfuch, dijo que solo eran 10 millones. ¿Error de cálculo, omisión dolosa o simplemente una nueva modalidad de “ajuste volumétrico”?
Una diferencia de 10 millones de litros no es cualquier cosa. Es el equivalente a vaciar más de 300 pipas de carga. ¿Y nadie sabe dónde quedó esa mitad perdida? ¿Ni un GPS, una cámara, un acta, un dron, un testigo? ¿Nada?
Y luego nos dicen que los gobiernos anteriores eran corruptos.
La empresa Intanza, importadora del diésel disfrazado de “aditivos para aceites lubricantes”, es apenas la cereza en el pastel huachicolero que se sigue sirviendo a lo grande. Según el expediente citado por MCCI, más de 20.9 millones de litros de huachicol fueron detectados, gracias a una simple conversión de kilos a litros. Ni peritaje, ni infiltrados, ni inteligencia: solo una calculadora y algo de densidad.
Estamos frente a un gobierno que presume ser distinto, pero que repite el libreto con los mismos actores y el mismo final: impunidad.
Porque una cosa es que te roben, y otra muy distinta que aplaudas mientras te vacían la cuenta.
Regalos de Reyes… para La Habana
Mientras aquí nos hacen creer que falta combustible en ciertas regiones —sobre todo donde gobierna la oposición—, Sheinbaum arranca el 2026 con su tercera vuelta al mundo del populismo petrolero: ahora como Santa Claus del Caribe.
El buque Ocean Mariner, que debería tener su propio stand en la feria internacional del despropósito, llegó a Cuba en plena Nochebuena con un regalo millonario: más de 13 millones de litros de diésel. Pocos días después, otro viajecito, y luego otro. Así hasta alcanzar una rutina que ya ni el régimen de Maduro logra sostener.
México, según el Financial Times, ya desbancó a Venezuela como principal proveedor de hidrocarburos de la dictadura cubana. ¡Logro desbloqueado! Pero, claro, lo hacemos sin publicidad, sin conferencias, sin mañaneras. Porque mientras más callado se haga el envío, menos se nota la contradicción entre el “primero los pobres” y el “primero los Castro”.
Desde mayo, solo ese barco —el Ocean Mariner— ha hecho varios viajes entre Coatzacoalcos y terminales cubanas. Y en esos cargamentos también se ha involucrado el buque Sandino, sancionado desde 2019 por Estados Unidos. No por corrupto, sino por cómplice del contrabando petrolero venezolano.
Pero aquí no pasa nada.
La patria se comparte… con descuento
Regalarle a Cuba más de 3 mil millones de dólares en hidrocarburos durante 2025, como reveló MCCI, es un acto de profunda fraternidad revolucionaria. O de profunda irresponsabilidad fiscal. Usted escoja.
En este país donde los hospitales carecen de medicamentos, los municipios de agua potable y los agricultores de apoyos reales, el gobierno federal se da el lujo de subsidiar la energía de otro país. Uno que no vota en nuestras elecciones. Uno que censura, persigue y encarcela por opinar.
¿Será porque allá nadie les puede reclamar?
¿O será porque aquí ya nadie se atreve?
Lo que no se ve… tampoco se audita
Lo más grotesco de todo no es que se regale combustible o que se “extravíen” millones de litros. Lo verdaderamente trágico es que nadie —nadie con poder real— pida cuentas.
Ni la Auditoría Superior de la Federación. Ni la oposición en el Congreso. Ni los gobernadores. Ni los empresarios. Ni los medios alineados. Nadie. Porque estamos ante una complicidad generalizada donde la narrativa del “cambio verdadero” ha sido tragada por el silencio.
Es la misma receta de siempre: regalar lo ajeno, ocultar lo evidente y desviar la atención.
Y mientras tanto, los ciudadanos seguimos pagando impuestos, creyendo que este país tiene remedio.
Final de comedia: “Errores de carga”
Cuando le pregunten a Harfuch por los 10 millones de litros desaparecidos, probablemente conteste: “Fue un error de carga en el sistema. Un mal cálculo de conversión.”
Como si México fuera una hoja de Excel. Como si los litros fueran cifras sin dueño. Como si el cinismo no fuera ya gasolina corriente.
Porque aquí el huachicol se institucionalizó. Ahora no lo extraen con mangueras clandestinas: lo importan con pedimentos falsos y lo despachan como política exterior.
Y el Estado, en lugar de defender lo público, se volvió gestor logístico del contrabando con bandera diplomática.
Bienvenidos al nuevo sexenio. Es el mismo, pero con otro logo.





