Para Contar
Arturo Zárate Vite
Hasta la fecha hay quienes dudan si en las elecciones de 2006 hubo fraude. Opositores de entonces y ahora gobierno están convencidos de que Felipe Calderón fue un mandatario espurio.
Cierto que las cifras oficiales al final le favorecieron por el mínimo margen de 0.56 por ciento, ventaja raquítica que pareció importarle muy poco, por eso su frase lapidaria en la entrevista con José Gutiérrez Vivó, quien tenía el mayor rating de noticiario matutino: “haiga sido como haiga sido”. Calderón quería llegar a Los Pinos como fuera. A Gutiérrez Vivó las incisivas preguntas le costaron salir huyendo del país.
¿Hubo o no hubo fraude?
Por supuesto que hubo, fue evidente la articulación del grupo en el poder para derrotar a quien consideraban un peligro para México, con la complicidad de autoridades electorales.
Ninguno de los que hoy pregonan defender y proteger la democracia ante una iniciativa que nadie conoce oficialmente y que aún no es presentada en el poder legislativo, alzó la voz hace 20 años para denunciar el fraude, callaron. Otros, no dejan de sostener algo distinto al atraco electoral. Cada vez que pueden, a través de sus medios, vuelven a levantar la mano a Calderón.
Afirman que el “triunfo” fue legítimo.
Comunicadores que nunca estuvieron cerca de los organismos electorales (IFE, actualmente INE, y Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación) en 2006. Entre ellos, quien transmite por las mañanas noticiario de radio y se siente dueño de la verdad en todos los temas.
En la cobertura periodística electoral en ese año estuvieron Heriberta Ferrer, Claudia Flores Barreto, Guadalupe Irizar, Aurora Zepeda, Alonso Urrutia, Georgina Saldierna y el que esto escribe, entre otros.
Quizás por la relevancia del medio y lo que publicaba, El Universal tuvo la oportunidad de recabar información de primera mano de quienes laboraban en el instituto electoral y en el tribunal.
El 25 de junio de 2007 (cuando ya Calderón vivía en Los Pinos) dicho diario reveló la existencia de un proyecto de dictamen del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación que reconocía la existencia del fraude y por lo mismo declaraba anulado el proceso.
Sobre la mesa de los magistrados Leonel Castillo y Mauro Miguel Reyes estuvo el proyecto que anulaba la elección, basado en la llamada “causal abstracta” que permitía resolver de esa manera.
“TEPJF consideró anular comicios presidenciales”, señala el encabezado del texto publicado en 2007, fundamentado en la investigación realizada por este periodista y plasmada en el libro “Por qué se enredó la elección de 2006” que da cuenta de los excesos y complicidades en el proceso.
Nadie del IFE ni del tribunal desmintieron la información.
Al periodista investigador se la cobraron los calderonistas, en la primera oportunidad lo metieron a la cárcel, a la prisión de máxima seguridad de El Altiplano, en el estado de México, acusado de un supuesto delito no grave. Ahí mismo en ese penal, a donde son llevados delincuentes muy peligrosos, fue torturado. Logró dos resoluciones de inocencia y, por consigna, juzgadores revirtieron el proceso penal y lo condenaron.
Los magistrados del tribunal electoral que participaron en la calificación de la elección presidencial, aun cuando no la anularon, dejaron constancia en su dictamen de la gravedad de lo sucedido.
Además de relatar irregularidades, afirmaron que la intromisión del presidente Vicente Fox estuvo a punto de deslegitimar la contienda electoral presidencial de 2006.
Como nunca antes se toleró una campaña mediática para desacreditar al candidato de oposición y Fox fue protagonista. Las autoridades se concretaron a emitir comunicados conjuntos sin efecto alguno. El corporativismo sindical se manifestó al involucrarse los maestros para sumarle votos a Calderón. Medios acotaron sus espacios a opositores.
Ni duda cabe, lo de Felipe Calderón fue fraude.
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