Columna de opinión
El hermano Adán
Luis Farías Mackey
Luis Farías Mackey
Lo único que no traiciona de Adán Augusto es su cara de “rómpeme la madre”, más fiel a él que la misma jirafa. Por cierto, imposible saber quién está más desquiciado: quién regala jirafas a la amante, o la que las acepta. De entre ambos, solo del animal se puede alegar salud mental.
La faz vejatoria que precede y delata al interfecto es su peor chivato y compañero. A él mismo, espécimen tardío del priísmo tropical en decadencia, ni sus otrora copartidarios lo soportaban, su fama ganada a pulso era de zafio y petulante, y nadie podrá alegar hoy mejoría alguna.
La supuesta hermandad alegada entre los dos López no se sostiene. El hermano de sangre asesinado —José Ramón—, mediaba del que devino prófugo —Andrés Manuel— un año de diferencia, pero éste, de entonces quince primaveras, distaba del niño mimado de la casa refugio en diez años de infante. Uno adolescente, mesiánico y delirante; el otro, costra supurante y mimada. Uno huido, otro insoportable. ¿Hermandad? ¡Pamplinas! Andrés Manuel ya extorsionaba al barrio cuando Adán Augusto en calcetas jugaba a cesariarse entre oropeles
El supuesto hermano no alcanzó a descubrir las dotes salvíficas del casi gemelo ni compartiendo techo y mesa durante años; fue hasta que el mesías requirió ardides notariales para lavar las búsquedas en efectivo que caracterizan su eterno haber que el ciego engreído fue tirado del caballo y deslumbrado por la verdad absoluta y los negocios sin fin. Muchos apóstoles tempranos no se lo perdonan, ni perdonaran.
Una vez más tirado el caballo, ahora arrastrado a los infiernos, Adán Augusto es incapaz de auto conmiserarse: exige reflector, espacio, reconocimiento, pleitesías. “Sigo siendo el hermano”, asevera, de quien en aquel 1963, sobre el charco de sangre en la que nadaba la cabeza de su hermano asesinado, negó en el tendajo familiar toda humanidad posible.
Convencido, sin embargo, de su falso valer, reparte gubernaturas y reclama para sí la estrategia electoral del 2027, no se da cuenta que hasta a la Pavlovich le ofrecieron un consulado. Adán, el inefable, cae del cielo sin red de contención y ni siquiera un cargo formal en el partido le tiran en migajas, lo mandan por sus chicles a una circunscripción como a los expresidentes del viejo PRI les creaban en cada campaña comisiones de la ignominia.
Pero pedirle a Jetas de Adán Augusto que entienda que no entiende es como borrarle la cara y vaciarlo de su propia vaciedad.
Adán vaga por eriales guindas buscando una hermandad que jamás tuvo y recordando glorias en vías de pesadilla.
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