Luis Farías Mackey
Todos pusieron el grito en el cielo por la zangoloteada que le pusieron a Noroña en la Comisión Permanente el martes pasado, más nadie reparó en que lo que sucedió el viernes fue mucho más grave e infamante.
Este mal nacido merece peor y se tardaron en ponerlo en su lugar. Nunca antes, movido desde adentro, el Congreso había caído en semejantes desdoro e ignominia Durante un largo año este energúmeno rompió toda medida de indecencia, incivilidad, deshonra, impudicia y vulgaridad. Ofendió hasta a la ofensa, rompió todo pacto, emasculó todo avenimiento, ultrajó toda honra, hizo de la política vendetta, sarcasmo, ultraje, sadismo, locura.
Hizo lo imposible: desprestigió al desprestigio.
En la última sesión oficial de la Comisión Permanente, ofendió, chantajeó, mintió, traicionó, tergiversó y, cuando intentó huir usando por escudo al Himno Nacional, recibió una muestra de lo que le espera por historia toda: el oprobio.
Tras su merecido fin del martes, día en la que él mismo clausuró los trabajos de la Comisión Permanente s, convocó al órgano y período que acababa de disolver y finiquitar, como dieron cuenta el propio Diario Oficial de la Federación, sendas notificaciones a los otros dos poderes de la Unión, y la publicidad que, por sus siempre acompañantes escándalos, recibió la sesión final de dicho órgano legislativo.
Pero la desmesura es precisamente no tener medida, así que por sus pistolas convocó a un órgano que ya había dispersado y hasta publicado su esquela, para atender un asunto que no era de su competencia y a la que, así, convirtió en arenero de su demencia o, peor aún, su pañal.
Y ya montados en el aquelarre una Comisión Permanente, desmantelada y enterrada, sesionó el viernes como tribunal de la Santa Inquisición Noroñil, para conocer, discutir y aprobar un punto de acuerdo en el que, sin atribución alguna, y tomando la justicia en propia mano, actuó, a la vez, como denunciante, juez, secretario de acuerdos, fiscal, testigo y vocero. Ese día en el Senado, donde se perpetró semejante desfiguró, sólo faltó el tubo, pero no den ideas, ya ven como son.
Noroña, sabedor que su bulo de denuncia jamás procedería, incluso en la fiscalía de Gertz -cual si otras sí, no faltará el malora- armó su propia denuncia, fiscalía, , tribunal, testimonio, ponencia y sentencia.
Así, lo vimos denunciar en un montaje con todo y lesionado a cuadro, convocar a sesión a un órgano por él desmantelado, en un período legislativo ya cerrado; utilizar facciosamente la coalición legislativa gobernante -cuándo no-, denigrar la sede del Senado, ponerla a disposición de los inexistentes granaderos que la rodearon, usurpar las funciones de procuración e impartición de justicia, hacer las veces de los secretarios de la Comisión Permanente -si no es que éstos hayan rehusado a prestarse a su patraña- para leer él mismo un punto de acuerdo-sentencia puesto a discusión, antes de que la parte acusada hubiese ejercido su legítima defensa, a grado tal que cuando le reclamaron contestó, el docto jurisperito: “Ya podrán defenderse (de una sentencia dictada de antemano) en un tribunal parcial con una mayoría facciosa y comprada.
No conforme con ello bajó del sitial de presidente-juez de una Comisión Permanente disuelta pero en funciones y sin atribuciones, para tomar la tribuna en su otro multipapel, ahora de fiscal de su propia causa, donde volvió a poner en boca de sus acusados palabras que nunca pronunciaron, significados que jamás involucraron, acciones que en absoluto realizaron, así como sus inevitables ofensas mil y un veces pronunciadas, para terminar equiparándose a Gustavo Madero y decirse listo a morir cocido a tiros por las guerras de su delirante mal.
Al final, hizo que una indigna mayoría declarara verdad histórica su deleznable patraña para así evitar hablar de su afrentosa fortuna de nuevo rico.
Ningún legislador ni partido, ningún funcionario legislativo, ningún cronista parlamentario debieron prestarse a semejante manicomio.
La elección de la nueva presidente del pleno del Senado quedó borrada de las noticias, la agenda de la presidente Sheinbaum sigue de reguilete de las chifladuras de un alfil destornillado, el problema de su casa (Noroña) en tierras comunales se complicó aún más con el descubrimiento de los mecanismo de financiamiento y posible lavado de dinero de las aportaciones anónimas en sus redes sociales.
¿Qué hará ahora la fiscalía general de la república con unas denuncias guangas, apuntaladas con un punto de acuerdo de una Comisión Permanente muerta, sin facultades para emitirlo, erigida en tribunal especial y justicia a propia mano, en una locura colectiva que muestra mejor que nada la realidad que vivimos?