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El verbo rojo de Fidel Velázquez Un verbo encendido y elocuente

Redacción Por Redacción
18 febrero, 2026
en Héctor San Román A
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Dr. Héctor San Román A

Ex Sub Secretario de Relaciones del Comité Nacional de la Confederación de Trabajadores de México

 

Tengo en mis manos dos documentos históricos sobre Don Fidel Velázquez: uno la entrega de la Medalla de Honor “Rosendo Salazar” Al Mérito Sindicalista. en 1988; el otro documento la entrega de la Medalla de Honor “Belisario Domínguez” otorgada por El Senado de la República en 1979.

Por ahora haré una relatoría sobre el primero, porque encuentro en sus páginas una semblanza de Don Fidel elaborada en base a conceptos y apreciaciones vertidos en vida del mismo poeta y luchador social: Rosendo Salazar,  su oficio, tipógrafo, fundador de la Casa del Obrero Mundial, firmante del Pacto de los Batallones Rojos; Historiador. Poeta, Pintor, Filósofo obrero de honda raigambre social. Medalla de Honor Belisario Domínguez -1970-,  Secretario General Honorario Vitalicio de la C.T.M. desde 1954; y Precursor e Ideólogo del sindicalismo mexicano. Baste leer su libro “Las Pugnas de la Gleba” (un valioso regalo con su autógrafo para quien esto relata); lamentablemente robado con mi equipaje en trayecto a un viaje de estudios a la antigua Yugoslavia.

 

Fidel Velázquez Sanchez.
Conjunción Armoniosa de Valores Sindicales.
Rosendo Salazar (1888-1971)

 

Un Hombre de Batalla

El hombre de batalla es todo en la vida; hay quienes consideran que el mito, el símbolo es todo, y el hombre no es nada; hay quienes conceden mayor valor a las ideas que al hombre mismo, y esto es pobre; yo, con una filosofía distinta, permítaseme, decirlo, veo la causa, el medio y el fin de la naturaleza, de la sociedad, del Estado y del gobierno, en el hombre, absolutamente. Creo en el hombre de acción o de trabajo, alrededor del cual miró brillar el universo.

Por tales razones, voy a detenerme un poco para decir algo que creo indispensable sobre la personalidad del luchador sindicalista Fidel Velázquez. Este camarada tiene, entre otros, el antecedente de la Federación Sindical de Trabajadores del Distrito Federal (Sindicato de Trabajadores y Empleados de la Hacienda. “El Rosario“); Ahí se empezó a formar su experiencia, Donde se robusteció su fe, y donde adquirió esa confianza en sí propio, que es la misma de sus compañeros y la base de su personalidad. Su fe, su palabra, y su confianza en sí mismo, sirvieron a la extinta Confederación General de Obreros y Campesinos de México (CGOCM- 1933-1936) de luces guiadoras; él, con su preocupación y un constante trabajo societario, dio a esa corporación los contornos que tuvo de un vigoroso cuerpo sindicalista nacional.

En rigor, no se revelan en Fidel Velázquez, de un golpe, ni su talento, ni su palabra orientadora; actúa, hace prosélitos y gana amigos para su causa; su desarrollo, sin embargo, va a acorde con la vida que le circunda; uno y otra se desenvuelven al unísono, uno y otra avanzan al mismo paso, por el mismo camino, guiados por su naturaleza; existe una concordancia, una proporción, una armonía muy marcada, entre ambos.

En efecto, representa nuestro camarada Fidel Velázquez al luchador tesonero, valiente, comedido, dotado de paciencia, no ostentoso ni superfluo. Que formados su carácter, su temperamento, su decisión, su osadía, tengan prestancia de gran cuestión.

Inclusive, comparado con otros que han pasado por los escenarios del sindicalismo, Fidel Velázquez compone la suma de todas las virtudes del hombre, soñado por la organización del trabajo o, por lo menos, el que más se acerca a ese tipo de hombre; desde el momento que sabe disponer, conciliar, diferenciar, acrecentar, crear y conservar.

Realista consumado. Tiene, además, la pasión de la justicia,. Otra de sus cualidades morales es la serenidad.

Han transcurrido los lustros, los decenios y la conducta de este luchador. Sigue siendo ejemplo de laboriosidad y de amor, desinteresado hacia sus hermanos de clase, para la Nación y para el Mundo, pues su nombre de mexicano y de sindicalista intachable, es honrado y respetado internacionalmente.

De la misma manera, no es desconocida para Fidel Velázquez, mi veteranía en el campo sindical desde el alboreo de la lucha revolucionaria de México y habla conmigo de camarada a camarada, con sencillez, naturalidad y confianza. Yo me aprovecho de tal circunstancias y sostengo la plática con mi amigo, siguiendo su pensamiento con cuidado y distracción.

Es así que me encuentro ante la oportunidad de conocer los fundamentos básicos de sus ideas y capto de inmediato que al gran dirigente obrero, abriga una profunda preocupación por que junto a la brega por mejores condiciones de vida del proletariado urbano y campesino, se desenvuelva una poderosa labor descentralizadora de la cultura imbuidora de sentimientos nacionalistas y conocimientos propios de su tiempo libertario. En una palabra, apartar de los ojos la gente que no dispone de otros medios para su subsistencia que su trabajo, la venda del fanatismo, del antihombre, su tirano invisible y simbólico/

La Confederación de Trabajadores de México (C.T. M.), recibió en sus inicios una Declaración de Principios que es una mezcla de sindicalismo, socialismo y anarquismo, puesto que preconiza la acción directa de los trabajadores, en sus disputas económicas, con la clase capitalista, y en oposición constante a toda colaboración para evitar que los sometan a los órganos de los Estados o lo limiten en sus posibilidades de elevación económica y de respeto social. Es decir, “la acción directa se entenderá como la supresión de todo intermediarismo entre trabajadores y patrones”.

Sin embargo, pasados unos años estos estatutos fueron reformados en su fondo y forma, adaptándose otros con alejamiento más y más de la tendencia socialista, a fin de que la institución poseyera una fisonomía sindical lo más depurada posible.  Éste capítulo de reformación estatutaria de la CTM, incluyó el cambio de lema, el cual decía así: “Por una Sociedad Sin Clases”. Y para decirlo todo; hoy, la bandera de la CTM se ahinca en la idea de Patria, anunciando su lucha “Por la Emancipación de México”.

Esto es más leal, desde luego, y más circunscrito; el pensamiento del proletariado ya no se dispersa, se concreta a un fin propio y más objetivo.

Luego entonces, Fidel Velázquez sostiene en el alto la divisa “Por la Emancipación de México“, porque la palabra “emancipación“ tiene varias interpretaciones, pero todas ellas desembocan en una sola: crear el futuro de la Patria, elevando el nivel social de las masas, jornaleras y asalariadas; empuje que redunda en un mayor nivel de progreso para todas aquellas actividades que viven entregadas al desarrollo industrial; no sólo pues, las reivindicaciones de carácter social ocupan lugar prominente en la consideración cetemista.

Además, Fidel Velázquez ha combatido, sin otro instrumento que la prudencia, a los intelectuales, profesionales y poseedores de riquezas que intoxican a los grupos obreros con doctrinas que han causado y causan serios daños al movimiento sindical, pretendiendo su control,. Se debe decir, entonces, que el movimiento representado por la central que dirige Fidel Velázquez está contra toda tarea de antiunidad mexicana y mundial; siendo así como la clase obrera, mexicana, pugna por una sociedad en camino, en marcha , libre, sana y feliz. Ni pobres ni ricos. Ya lo dijo el poeta: “Nadie tiene derecho a lo superfluo, mientras alguien carezca de los estricto”.

Por lo mismo, Fidel Velázquez, es el único que entiende en la CTM sus deberes societarios, aunque tradicionales; pues se da cuenta de que nada se puede realizar sin el consenso de la colectividad; que los castillos en el aire se derrumban fácilmente, y que solamente una cosa se puede mantener erguida, heroicamente, erguida; la unidad del hombre de trabajo y su lealtad a las instituciones que lo emancipan.

En tales términos, no cabe duda que el movimiento obrero mexicano requiere de hombres así, de ese perfil, de esa integridad, de ese corazón y de ese temple; ya que Fidel Velázquez no desciende, como el intelectual, de lo alto de una colina para hacerle un favor al valle pleno de la sabia, y de perfumes; sube la cuesta, la sube con discreción, fulgurante de fe, en tanto tras él hierven las multitudes sindicalistas.

Es más, Fidel Velázquez, no se muestra asombrado por nada, su sentido de la vida  es realista y mide con ductibilidad hombres y acontecimientos, pues él sabe que el heroísmo no consiste en avasallar el espíritu humano, con sermones o discursos que duren horas, sino en trabajar fuerte para que venga a formar parte de un solo centro el mayor número de seres afines.

Por todo ello, grande, maravillosamente grande, es esta Confederación de Trabajadores de México. Cuanta conciencia revelan sus actos, conciencia de su misión, como organismo representativo de una clase numerosa y con conciencia patriótica. Así, por ejemplo, la doctrina que esparce Fidel Velázquez es de fraternización y de humanitarismo. Y en tal sentido, tiene el líder de la Confederación de Trabajadores de México, un bello sueño, una obsesión grandiosa; la unificación del proletariado de todas las ramas de la producción industrial; esta bandera no la ha dejado, ni la dejará, tan buen líder, el cual, desde que lo veo aparecer en los escenarios sindicalistas, su ideal es el mismo.

Bien se da cuenta de que la división ofrece un flanco mortal al enemigo de la autonomía sindical.

Quiero aclarar que la palabra. “líder“ tiene para mí una connotación diferente de la que le da la burguesía; importa distinguir entre constructor y saboteador. Quien quiera atente contra la unidad sindical, no es un líder; es un saboteador despreciable al servicio del enemigo del proletariado.

Así, entonces, cuando el camarada Fidel Velázquez habla de unidad y verticalidad es necesario deducir de ello que no solamente se está refiriendo a esa actitud correspondiente a los sindicatos de industria, unitaria, sólida e incapaz de división, sino que, además enuncia un postulado de interioridad, ya que el sindicato es una persona física y moral a la vez, cuyos fines son elevarse más y más en consideración a los tiempos y espacios que ocupa.

Me imagino al líder de la Confederación de Trabajadores de México, de pie, como un centinela en su institución, a quien no llaman la atención las pequeñeces; él ha impreso al movimiento obrero nacional, el carácter que tiene de columna que avanza por derroteros grandiosos, por lo que cada día se siente más su necesidad. Por consiguiente, si la Confederación de Trabajadores de México, desapareciese, como es el derecho deseo de sus enemigos gratuitos, ello constituiría una catástrofe y el México revolucionario actual no tendría explicación; ya que los únicos que le dan expresión son los obreros, los campesinos y algunos intelectuales que voluntariamente se suman a la lucha por un cambio fundamental en las instituciones establecidas.

 

El Verbo Rojo de Fidel Velázquez

Alto y robusto de alma y de cuerpo, cuando se dirige a las masas, no busca obtener admiración o aplausos; lo que persigue es convencerlas, orientar sus pasos, afirmar aún más su devoción por la lucha. Por su estatura espléndida me imagino al gigante anarquista, Miguel Bakunin que, sumergido en las pugnas de su tiempo, sacaba la cabeza entre las multitudes.

Porque Fidel Velázquez es un sindicalista del cual se siente conscientemente orgulloso el movimiento obrero de México y porque Fidel Velázquez, entre calmas y tempestades, entre violentos climas y serenos ambientes, es el conductor que sabe cómo, para qué tengan éxito, se manejan los diversos asuntos de la organización del trabajo.

En la grandes paradas de masas, mítines al aire, libre o reuniones ceremoniales. Jamás ocupa el magnavoz; sus, arengas, las dice en congresos y asambleas, y es ahí donde se le ve como un maestro de la elocuencia al que nada se le escapa y el que emplea su fuerza moral en mantener el curso de los asuntos en el cauce que se necesita, ancho, fácil, accesible; ya que Fidel Velázquez es consciente del efecto negativo que producen las cosas carentes de claridad.

Le gustan las cosas derechas, ama la exactitud y sabe inclinar la opinión de sus compañeros ante la razón. Cuando habla, sea en privado o en público, emplea un lenguaje corriente para que su pensamiento sea captado sin dificultad por sus oyentes. Y, no obstante, este campeón sencillo del sindicalismo, cambia bruscamente cuando alguno no procede como miembro disciplinado y celoso, sobre todas las cosas, de la dignidad que ha alcanzado la Confederación de Trabajadores de México.

 

La Unidad; Supremo bien de los Trabajadores

27 de febrero de 1941: En la  entrada al recinto de la Arena Nacional sobresale una obra encargada por uno de los cinco ositos (lobitos)  Alfonso Sanchez Madariaga al pintor Santos Balmori; el retrato del candidato Fidel Velázquez quien sería por primera vez Secretario General de la C.T.M a dos meses de cumplir 41 años.

Reposición en la confederación de trabajadores de México, del plano que le corresponde como agrupación de resistencia, tal como lo desearon los antiguos constructores del sindicalismo. Especialmente debemos alegrarnos, porque, sin pugnas divisionistas, sin choques sangrientos, sin ofensas para nadie, se obtuviera la transición entre el anterior comité nacional, encabezado por licenciado Vicente, Lombardo Toledano y el presidido por Fidel Velázquez.

Era éste el asunto del día, el tema palpitante, Luis Quintero, vigilaba los exteriores. Sin excepción, aquellos 4,589 delegados que llenaban el Coliseo, procedentes de todos los rumbos de la República, estaban resueltos a dar su voto en favor de Fidel Velázquez. El nombre de este excelente luchador. Era una idea fija en ellos, una convicción, algo decidido.

De este modo, cuando nuestro camarada Fidel Velázquez inició su mensaje a las masas. Aquel puñado de líderes nacionales se dio cuenta de que el hombre que iba a recibir las riendas de la institución, merecía su consideración, estaba preparado para asumir la dirección del instituto. Su réplica, menos rica en metáforas que las del dirigente saliente, tuvo la altivez de las cimas, por cuya blancura pasa rugiendo la tormenta oscura, el trascender de la dignidad.

Velásquez afrontó la prueba, la resistió y salió airoso de ella. Cuán bello es para mi reproducir en esta semblanza las últimas palabras de su alocución:

 

….“Termino compañeros, estas palabras desordenadas que he dicho, pero sinceras, con la promesa más solemne de que no permitiremos la creación de grupos dentro de la C.T.M. La C.T.M será una sola unidad; sus componentes serán, ante todo, cetemistas, sujetos a una sola disciplina y a una sola directiva: la que les fije el Comité Nacional de la Confederación de Trabajadores de México”.

Así se escuchó la voz de un dirigente sindical excepcional, mesurado, honrado, sin aspaviento, sin actitudes oropelescas, nada verboroso, nada superficial, como medido por el axioma que dice: “Nada en exceso”.

<<Don Fidel Velázquez fue fiel al sindicalismo y de ahí que en estos tiempos de aquilatar su ejemplo, su recuerdo se agiganta y quienes lo conocieron o estuvimos como privilegio cercanía con él, le recordamos como un héroe que entre vórtices, llevó incólume en su mano el principio de la libertad sindical.>>

 

Fidel Velázquez tiene contra sí serias, muy serias responsabilidades: Responsabilidad de la Unidad sindical. Responsabilidad de su integridad individual y colectiva. Responsabilidad de que la bandera societariamente no se enlode ni peligre. Responsabilidad de la fuerza y de su sabia aplicación. Responsabilidad de que cualquier forma de pensamiento obrero sirva para aquello para lo que está hecha, o sea, para favorecer el éxito de la luchas que hoy libra el trabajo organizado y que, sin duda alguna, librará mañana, en conjunción armoniosa con el resto de las fuerzas de la sociedad, en tanto perdure el régimen de explotación del hombre por el hombre.

Fidel Velázquez creó el cetemismo. En virtud de Fidel Velázquez el sindicalismo tiene unidad, tiene potencia creadora, tiene cohesión internacional y es firme pilar de la Patria Mexicana.

 

Rosendo Salazar

Hasta este párrafo del histórico documento me detengo, para hacer un comentario, he leído la carta  renuncia de Carlos Aceves y la Convocatoria al LVII Congreso Nacional Ordinario de la “Confederación de Trabajadores de México” supuestamente redactada y signada por ti; por lo tanto, te cuestiono en mi calidad de persona cercana a Don Fidel Velázquez e integrante de su Comité Nacional. ¿Por qué Carlos; Por que?

Nunca la Confederación de Trabajadores de Mexico había vivido tal desorden; usurpación de funciones, ambiciones personales y de grupo desmedidas. Si tu salud lo permite (y hago votos por que así sea) razona, recapacita, pon orden o seguirás causando mayor daño a la unidad y, las conquistas de la clase trabajadora logradas en el pasado habrán caído. Los y las trabajadoras cetemistas te reclaman una C.T.M.  Fuerte, Presente con Memoria y Unida.

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