Rodolfo Villarreal Ríos
El tópico de como el coahuilense más ilustre del México postrevolucionario llegó a convertirse en gobernador de Coahuila es abordado escasamente. Ya sabemos que el personaje no forma parte de la historiografía emanada del lazarismo. Somos pocos, muy escasos, quienes nos adentramos en el estudio de este personaje. En ese contexto, pocas veces, se revisa la llegada al poder de quien se convertiría en uno de los tres mejores gobernadores que ha tenido el Estado de Coahuila, los otros dos son Nazario Ortiz Garza y Oscar Flores Tapia. Acerca de esto comentaremos en esta colaboración.
Eran los inicios de 1925, año en que deberían de efectuarse elecciones en Coahuila. En aquellos días, el coahuilense refulgente en el panorama político nacional era Pérez Trevino quien, en noviembre de 1924, concluyera su encargo como ministro de industria y comercio. No obstante encontrarse lejos de su entidad natal, el general nunca estuvo distante de ella.
En 1923, tuvo que regresar por sus rumbos para enderezar los desatinos cometidos por el gobernador de la entidad, el general Arnulfo González Medina, y actuar como gobernador interino. Y más atrás, en 1922, cuando era jefe del Estado Mayor del presidente Álvaro Obregón Salido, este le encomendó que fuera a nuestro pueblo, Piedras Negras, para hacerse cargo de la reconstrucción ante la catástrofe que se suscitó, el 19 de junio de dicho año, cuando una inundación sin precedente destrozó el puente internacional que unía a esa población con Eagle Pass, Texas, mientras dejaba severamente dañado el del ferrocarril. Asimismo, acorde al reporte del militar, “es lamentable por el aspecto que presenta su población [compuesta por 18 mil personas] enteramente arruinada y la gran cantidad de personas que ha quedado en dificilísimas condiciones y otras muchas que han muerto”. Para efecto de iniciar la reconstrucción, le fueron asignados diez mil pesos de aquellos. Pero, retomemos la narrativa.
Justo el 1 de enero de 1925, en un diario regiomontano, El Porvenir, se publicaba, a la mitad de la página nueve, una nota que daba cuenta del baile celebrado en Saltillo para conmemorar los cincuenta años del Casino de esa ciudad. La pieza formaba un arco que enmarcaba una fotografía del político coahuilense, al pie de la cual se leía: “C. Gral. Don Manuel Pérez Treviño. A quien todas las clases sociales de Coahuila postulan para Gobernador del Estado, en el próximo cuatrienio Constitucional”. De esa manera no oficial daba inicio la campaña. Once días después, por los rumbos de Parras, en el Teatro Juárez, las autoridades de ese municipio le organizaron al general una velada literaria musical. En ella, aparte de presentarse interpretaciones musicales diversas, el militar sustentó una conferencia denominada: “Tres factores esenciales de la prosperidad nacional. La libertad política municipal. La suficiencia económica municipal. La iniciativa privada”.
Para finales de enero, ya no era secreto que Pérez Treviño estaba en campaña. Como parte de la gira proselitista, arribó a la población de Múzquiz en donde un nutrido numero de simpatizantes se hicieron presentes para expresarle su apoyo, al tiempo que uno de los integrantes de su comitiva, el diputado local, Ricardo Ainsle Rivera, se encargó del discurso principal. Asimismo, el militar hubo de precisar que no sería Gustavo Espinoza Mireles, sino él, quien se encargaría personalmente de dirigir su campaña.
Mientras se terminaba de definir la fecha en que habría de celebrarse la asamblea de todos los partidos políticos de filiación laborista para definir oficialmente quien sería su candidato a gobernador. Según la información disponible, todo apuntaba que el elegido sería el oriundo de la Villa de Guerrero. Pero antes, había otros asuntos relacionados con el pueblo, Piedras Negras, de los cuales el Legislativo Coahuilense tenía que ocuparse. Uno era definir la persona que ocuparía la presidencia municipal ya que quien resultó electo, Adolfo Mondragón, y el ganador para décimo regidor, estaban impedidos legalmente para ocupar los cargos. Por ello, se nombró al teniente coronel Ignacio Riza como presidente municipal y a Porfirio Valle como regidor. En igual forma, se daba a conocer que el diputado Ainsle Rivera “ha obsequiado la suma de trescientos pesos a las escuelas de Piedras Negras, habiéndose destinado por el inspector Rafael Castro Flores al arreglo de pupitres, los cuales hacen los alumnos resultando grandes economías…”. Además, el diputado, “enviará igual cantidad en breves días y además comprará una incubadora para que los educandos aprendan avicultura”. Ni duda cabe que don Ricardo recordaba los días, no tan lejanos, en que, en Piedras Negras, sus compañeros ferrocarrileros se cooperaron para comprarle el traje que lució durante el acto en que fue investido como diputado local.
Mientras eso acontecía, Pérez Treviño continuaba de gira por los diversos puntos de la entidad. En Piedras Negras, el presidente del Partido Liberal Republicano lo nombró su candidato, al tiempo que le solicitaba les obsequiara una biblioteca completa para los obreros, algo sobre lo que obtuvieron una respuesta positiva. Pero no se crea que aquello sería una contienda de un solo hombre.
Ya empezaba a surgir la candidatura del general Luis Gutiérrez Ortiz quien fuera gobernador interino de Coahuila entre mayo de 1920 y noviembre de 1921; era hermano del presidente de la Convención, Eulalio de apellidos similares; y, en ese momento, estaba al frente de la 7ª Jefatura de Operaciones, cargo al cual habría de pedir licencia para ocuparse de sus actividades políticas. A la par, se especulaba que el general Bruno Neira González podría ser, también, candidato lo que no pasaba de ser rumores. El divisionario, quien vale apuntar era pariente de don Jesús Carranza Neira el padre de don Venustiano, estaba dedicado a las labores agrícolas en su rancho ubicado en Hermanas, cerca de San Buenaventura Coahuila, y, además, tenía una amistad muy cercana, como se demostraría posteriormente, con Pérez Treviño.
Para el 13 de abril, el Partido Laborista celebró, en el Cine Apolo de Saltillo, su Cuarta Convención. Bajo la presidencia del diputado federal Ricardo Treviño, se puso a votación de los asistentes el apoyo potencial a la candidatura de Pérez Treviño. El resultado fueron cincuenta y siete votos a favor y trece en contra. Estos sufragios adversos vinieron de los delegados agraristas quienes se retiraron al tiempo que manifestaban desconocer la Convención bajo el argumento de que se les trataba de imponer la candidatura del general. En realidad, el descontento se originaba porque su candidato era Pedro V. Rodríguez Triana. Acerca de este fulano debemos de apuntar que, entre 1937 y 1941, convertido en un sátrapa, desgobernó la entidad y los coahuilenses de entonces lo conocían como Pedro Quinto,
El 19 de abril, la página seis de El Porvenir era ocupada por la silueta del rostro de Pérez Treviño y en el texto se leía el nombre de los setenta y seis partidos y clubs que a lo largo de la entidad apoyaban su candidatura a la que, se apuntaba, se unían 90 organizaciones laboristas. En el lado de los opositores, los agraristas empezaban a considerar que dadas las pocas simpatías que despertó la posible candidatura de Pedro Quinto, habrían de alinearse con la del general Gutiérrez.
Cuando menos lo esperaba, Pérez Treviño habría de enterarse que el diputado local Casiano Campos quien fuera nombrado secretario general de los laboristas en el estado, y a quien el divisionario coahuilense escogiera como secretario del comité directivo de su campaña, dirigió un telegrama, entre otros, al senador J. Guadalupe Huitrón, quien sustituyera a Vito Alessio Robles, indicando: “En representación de este Comité, sírvase indicar partidos laboristas en esa localidad y demás Laguna, absténganse todo género de actividades favor Pérez Treviño”. Al enterarse don Manuel de la deslealtad lo cesó como miembro de su campaña. Esta defección poca mella hizo en la labor proselitista del candidato laborista quien continuó con éxito su gira por la región lagunera en dónde los pobladores le expresaban su apoyo. Esto no implicaba que no hubiera otros dispuestos a participar en la contienda.
Para finales de mayo, surgió un candidato más, el licenciado Lorenzo Dávila quien lanzó un manifiesto en el cual resaltaba que era el único civil aspirante a la gobernatura de Coahuila. Enfatizaba que el pueblo estaba “cansado de ser dirigido por militares, anhelando todos los hijos buenos del Estado [de Coahuila], una administración presidida por un civil”.
Finalmente, el domingo 30 de agosto, los coahuilenses acudieron a las urnas para elegir entre los tras candidatos que se presentaban. Manuel Pérez Treviño quien portaba el logo del Partido Laborista Mexicano , círculo color rojo marrón en los extremos, una franja negra a la mitad y un círculo blanco pequeño al centro; Lorenzo Dávila con el circulo rojo del partido local que lo postulaba; y, Luis Gutiérrez Ortiz con el circulo negro del Partido Demócrata de Coahuila.
Al día siguiente de los comicios, tanto los partidarios de Pérez Treviño como los de Gutiérrez Ortiz proclamaban que su candidato era el ganador. Una de las disputas mayores se daba en torno a quien había obtenido el triunfo en los cuatro distritos de Saltillo. Acorde con la información en posesión del Comité del primero, existía la certeza de que su candidato había obtenido la victoria en los municipios de las regiones Norte, Centro y la Laguna, aun cuando estaba por confirmarse quien ganó en Saltillo. Con esas cifras en mano, afirmaban que Pérez Treviño se alzaba con una diferencia de ocho mil votos en su favor.
Para el tres de septiembre, sin contar todavía con la información del undécimo distrito, se afirmaba que los resultados eran que: Pérez Treviño obtuvo 31, 472 sufragios; Gutiérrez Ortiz alcanzó 21, 034 votos; y, Dávila tuvo 8,459 boletas marcadas a su favor. En igual forma, se comentaba que los doce candidatos a diputados locales con filiación laborista habían obtenido el triunfo. Eso no era la palabra final.
Acorde con los gutierristas, durante las elecciones, se cometieron varias irregularidades y, basado en eso, argüían que ellos fueron los triunfadores. Todo indicaba que, al momento de instalarse la próxima Legislatura local, habría de tenerse dos Cámaras. La de los partidarios de Pérez Treviño en el recinto oficial y la integrada por los seguidores de Gutiérrez quienes lo harían en otro sitio. Las cosas no pintaban nada bien hasta el punto de que algunos se preguntaban si aquello no terminaría en un conflicto militar o bien que por una machincuepa legal quien terminaría asumiendo el cargo fuera Lorenzo Dávila. Pero hasta aquí dejamos esta narrativa y de lo acontecido durante los cuatro meses siguientes habremos de comentar en la colaboración próxima, asumiendo que usted, lector amable, decide acompañarnos en este pasaje poco revisado de como llegó a la gubernatura de su estado el coahuilense más ilustre del México postrevolucionario, Manuel Pérez Treviño. vimarisch53@hotmail.com
Añadido (26.09.29) Lo que actualmente sucede en la relación entre los EUA e Irán es consecuencia de los desatinos cometidos por los presidentes James Earl Carter Jr. (1977-1981); Barack Hussein Obama (2009-2017) y Joseph Robinette Biden Jr. (2021-2025), todos emanados del Partido Demócrata. Entre el primero y el tercero hay una disputa encarnizada por ver quien ha sido el peor presidente de los EUA en toda la historia, aun cuando al segundo no debemos de negarle méritos en ese renglón.
Añadido (26.09.30) Tarde se les hacía al españolito, Pedrito, y al francesito Macron, para salir exhibir su antisemitismo y defender a los ayatolas. El segundo, sin embargo, fiel a sus costumbres reculó pronto y dijo que siempre no. El otro, continúa feliz nadando en las miasmas de la corrupción mientras reafirma su apoyo a los mullahs. Ya veremos si el día en que tenga que pagar la factura continúa tan bravo.
Añadido (26.09.31) Con respecto a Irán, transcurrieron 47 años desde que los ayatolas fanáticos sumieron a su población en un retorno a la Edad Media y sería el presidente número 47 de los EUA quien, finalmente, habría de tomar acción en busca de que eso termine y la cultura iraní vuelva a florecer.



