RODOLFO VILLARREAL RÍOS
Durante la década de los ochenta del pasado Siglo XX, México inició un proceso de cambio que resultaba necesario. Era requerido realizar ajustes, acordes a las condiciones imperantes en el entorno mundial, al modelo bajo el cual el Estado Mexicano Moderno nació, creció, se desarrolló, y fue muy exitoso, sin negar que existieron fallas. El esquema cerrado ya era insostenible y había que optar por abrir la economía. Sí, ya sabemos que escribir eso en nuestros días es convertirse en un blanco potencial para todo tipo de epítetos. Actualmente, los críticos de las medidas tomadas se ensabanan en el lábaro patrio y descalifican cuanto se hizo. Olvidan cuantas cosas positivas se derivaron de aquello, sin que eso implique que dejemos de reconocer los errores cometidos y que los resultados positivos se quedaron cortos. Sin embargo, este espacio no habrá de dedicarse a defender las políticas implantadas durante los años de la apertura, iniciada formalmente el 15 de mayo de 1989. Aquello significaba dar una sacudida a las estructuras que lucían anquilosadas y ni modo que vayamos a negarlo, lo vivimos de primera mano, a todo color y no necesitamos que nadie nos platique acerca de lo sucedido en esos días. Pero dejemos los recuerdos de lo acaecido en el entorno económico y vayamos al tópico que, en medio de aquel cambio, se daba en el cine mexicano de entonces.
Desde la segunda mitad de los años setenta y durante toda la década de los ochenta, las producciones del cine mexicano versaron sobre el género conocido como el de las ficheras, una versión decadente de lo que fuera el cine de las rumberas durante la década de los 1940s y 1950s. Ante esa situación, cuando la apertura económica ya estaba aquí en marcha y el modelo globalizador sentaba sus reales en el país, a principios de la década de los noventa, en el ámbito cinematográfico se comienzan a recuperar espacios para las propuestas alternativas que iban más allá del desnudo femenino y la música tropical
En lo que pudiera parecer un contrasentido cuando se quiere plantear una alternativa innovadora, los realizadores de proyectos fílmicos voltean a analizar lo que se hizo en la llamada época de oro del cine mexicano y encuentran que ahí hay filones ricos que pueden permitir un planteamiento nuevo adaptado a la realidad reciente de aquellos días de la década ultima del Siglo XX. En ese contexto, en 1990, María Novaro y su hermana Beatriz desarrollan el guion de la película titulada Danzón, la cual sería dirigida por la primera de ellas y fuera filmada principalmente en la ciudad de México y el puerto de Veracruz.
El argumento gira en torno de la figura de Julia (María Rojo), una mujer de edad mediana perteneciente a la clase media baja quien labora como telefonista, aparentemente divorciada y madre de una hija adolescente. Para romper la monotonía que impera en su trabajo, gusta de asistir, una o dos veces por semana acompañada por sus amigas, a los salones en donde se baila danzón.
Durante diez años, Julia ha hecho pareja de baile con un individuo de nombre Carmelo, (Daniel Rergis) de quien desconoce absolutamente todo. Un día, este hombre deja de acudir a su cita acostumbrada, lo cual provoca en Julia una desazón inusitada. Ante eso, decide indagar qué ha sucedido con su compañero enigmático.
Entre los informes que Julia logra recabar, se le menciona que, al verse supuestamente involucrado en un robo, Carmelo había huido al puerto de Veracruz. Como respuesta, la protagonista toma una decisión que nadie esperaba. Resuelve pedir su fondo de retiro de la telefónica en donde trabaja y utilizar esos recursos para trasladarse al sitio mencionado e iniciar la búsqueda.
Si bien en un primer plano pudiera pensarse que el interés de Julia era localizar a su pareja de baile, lo que subyace es algo de una profundidad y un contenido mucho mayor. Esta situación da pie al pretexto que Julia esperaba para romper con ese entorno cerrado en el que vivía y poder explorar su yo verdadero, paso que no se atrevía a dar debido a la rigidez con que su existencia trascurría.
Al arribar a Veracruz, se empieza a mostrar el cambio que Julia experimentará a lo largo de la cinta. A la protagonista no le es desagradable sentirse objeto de las miradas masculinas y ser receptora de piropos, por el contrario, se muestra en cierta forma halagada.
La imagen femenina que se proyecta en Danzón no deja del todo a un lado la que se empleaba en el cine mexicano de los años cuarenta-cincuenta del Siglo XX, aun cuando utiliza algunas variantes. En ese contexto, se presentan personajes como aquella a quien apodan La Colorada (Blanca Guerra), una prostituta que ejerce el oficio para mantener a sus hijos pequeños, sin que al parecer ello le implique una carga pesada. Ahí, aparecen reminiscencias de la película Salón México (1949) en donde uno de los personajes, Mercedes Gómez (Marga López), quien trabaja como bailarina, cantante y prostituta en el sitio cuyo nombre es similar al de la película, con lo que gana puede pagar los estudios de su hermana en un colegio privado.
Asimismo, en Danzón, se muestra a la madre abnegada representada por la dueña de la pensión-hotel Rex, doña Trini (Carmen Salinas), quien acepta el abandono de sus seis hijos con resignación singular y trata de que su vida trascurra mientras interpreta canciones de manera constante. A diferencia, de las madres sufridas y sacrificadas quienes inundaron con sus lágrimas las cintas del cine mexicano de antaño, en ningún momento adopta esas actitudes.
Un tercer elemento es agregado a este entorno femenino, el del trasvesti llamado Susy (Tito Vasconcelos) a quien se presenta como un integrante del entorno social, sin condenarlo o presentarlo de manera grotesca.
En Danzón, los papeles se revierten y es la mujer quien domina el entorno. Para ella, los hombres no son sino un elemento utilitario, un telón de fondo, un complemento de la vida, pero no lo más importante. En ese contexto, Julia sufre un proceso evolutivo que la reafirma como mujer, la hace dueña de su destino, su vida y dispuesta a aceptar cambios.
En ese proceso, se da a la tarea de buscar el navío griego en el cual, aparentemente, Carmelo se embarcó. Mientras camina por el muelle, observa a la distancia a un hombre, cuya edad calcula que es similar a la de su hija, quien le llama la atención. Más tarde, con el pretexto de saber si el buque zarpó o no, abordará al joven. El pretexto le funciona a Julia quien de esa manera inicia una relación amistosa con él, misma que desembocará en un encuentro sexual.
Tras de incursionar en esa aventura amorosa con Rubén (Víctor Carpinteiro), ese era el nombre del joven, las imágenes que se muestran son opuestas a las tradicionales. Al concluir el acto sexual, es ella quien fuma, mientras que el joven permanece inerte. Posteriormente, es Julia quien decide dar por terminada la relación y regresar a la ciudad de Mexico, aún sin haber encontrado al aparente objeto de su búsqueda.
Lo anterior, sin embargo, pudiera no ser cierto. Si se analiza la actitud de Julia es factible inferir que encontró lo que indagaba. Descubrió su identidad verdadera, a la vez que concluye que el trabajo y el baile son parte de la vida, pero no el todo ya que esta contiene elementos adicionales. Regresa segura de sí misma y con una actitud totalmente diferente respecto a su relación con el sexo opuesto. A; abrirse al mundo exterior, ha experimentado un cambio que le permite comportarse de manera distinta en todos los sentidos.
Durante la escena final, al momento de arribar al salón de baile, Julia se ve dueña de la situación. Está dispuesta a bailar sin importarle quién sea su pareja, actitud contraria a la que asumía antes de su viaje, lo importante es el baile como medio de entretenimiento. En la mitad de una de las piezas musicales, mientras Julia baila con un hombre, finalmente, aparece Carmelo. Tras de solicitar permiso, este individuo procede a danzar con ella, pero la relación ya no es la misma que anteriormente, Julia es otra. Para nada es la mujer sumisa que los cánones danzoneros demandan, atrás quedó aquella mirada perdida en la lontananza, ahora mira de frente y a los ojos.
En esta cinta, Novaro nos muestra una imagen de la mujer que tal vez para algunos pudiera parecer atípica, recordemos que fue filmada en1990. Sin embargo, el mensaje verdadero es que los roles en la vida no están determinados necesariamente en función del género, sino a partir de la actitud que los seres humanos adopten ante las circunstancias en que se desarrollen.
Dos décadas, justo hoy 5 de abril, han trascurrido desde que elaboramos este escrito con fines académicos. Sin embargo, decidimos rescatarlo en estos momentos cuando el modelo globalizador vive sus días postreros y, en medio de eso, no podemos negar que durante el tiempo en que imperó muchos cambios, positivos y negativos, se suscitaron. Entre los primeros, destaca la forma en cómo se da la participación de la mujer en la sociedad. Es evidente que hace treinta y cinco años la relación hombre-mujer era muy distinta a la que se vive hoy en día. La interacción, en todos los sentidos, con otros entornos y circunstancias ha permitido que las cosas cambien, aun cuando las resistencias no han dejado de estar presentes. Algo que debe de quedar muy claro es el hecho de que la relación hombre-mujer o mujer-hombre no es un asunto de quien domina a quien, sino, al igual que en el baile, es necesario mantenerla armonizada. Tanto el hombre como la mujer pueden ser dueños de su propio destino, lo cual no es obstáculo para que puedan constituirse en pareja, las normas pueden modificarse sin que impliquen su ruptura porque, al igual que en el tango, se requieren de dos para bailar al compás de un danzón. vimarisch53@hotmail.com
Añadido (25.14. 49) Cada que vemos que alguna mente brillante decide que, para controlar la inflación, lo mejor es decretar el control de precios, recordamos las palabras de nuestro profesor de Finanzas Públicas, Reuben Arthur Zubrow, al referirse a las acciones de ese tipo que implantara, en 1970, Richard Milhous Nixon para “resolver” el incremento de la inflación: “Ese tipo de medidas son similares a colocar un dique para impedir que el agua circule. Sin embargo, llegará el momento en que ya no sea posible contener la corriente y lo que sigue tendrá efectos devastadores”. Eso nos los decía a principios de los ochenta cuando la economía estadunidense había vivido, durante la década previa una de sus épocas peores. Hoy, al parecer, los diseñadores de política económica en Mexico no recuerdan sus clases de economía en las cuales deben de haberles enseñado que los precios bajan únicamente con la combinación de mayor producción e incremento de la productividad, lo demás es patear el bote con efecto bumerán.
Añadido (25.14.50) A raíz de los resultados de la primera serie en la Liga Americana de beisbol, los aficionados de los Yankees ya se hacen ilusiones. Sin embargo, muy conveniente sería que se abstuvieran pues acorde con los expertos ligados al sitio oficial de las Ligas Mayores, www.mlb.com , la serie final la disputarán los Boston Red Sox y Los Angeles Dodgers y estos obtendrán el campeonato. ¿Será que esos expertos consultan la bola de cristal ubicada, en un sitio que solamente ellos conocen, en el desierto estadunidense?
Añadido (25.14.51) No hemos escuchado a nadie de los animalistas de la Ciudad de México clamar que se impidan las peleas de la UFC, en las cuales dos fulanos se agarran a mandarriazo limpio. Sin embargo, festinan la prohibición y exigen el exterminio de las corridas de toros por ser un ejemplo de violencia y salvajismo.
Añadido (25.14.52) Esperamos que las autoridades de Saltillo no se les ocurra comprar la peregrina idea del “Hoy no circula”. Eso es un fraude que no resuelve nada. Ya se demostró en la Ciudad de Mexico en donde inclusive cuando se suscitó la pandemia, y se redujo la circulación de vehículos particulares en grado extremo, los niveles de contaminación atmosférica no solamente no bajaron, sino que subieron. Por ello, las autoridades ordenaron ocultar la información de esos años. De darla a conocer se les vendrían abajo las bondades supuestas del programa referido.
Añadido (25.14.53) El presidente Biden dejó la economía estadunidense al borde del precipicio. A sus costillas, los países partidarios del libre mercado sostenían la globalización, imponían tarifas y recurrían a argucias para que sus bienes no las pagaran al entrar al mercado estadunidense. Independientemente de que nos caiga bien o mal el presidente Trump y sus medidas pudieran considerarse que no son gratas, nos preguntamos: ¿Acaso eso del libre mercado no es un juego de ida y vuelta en el cual ambas partes operan con reglas similares y piso parejo?
Añadido (25.14.54) Soñábamos que todos los problemas de Mexico se resolverían con los 18 puntos. Sin embargo, cual Monterroso, al despertar encontramos que el Plan Sexenal, el Pacto de Ocampo, el Sistema Alimentario Mexicano, los Planes Nacionales de Desarrollo y el Pacto por México seguían ahí, al fondo del corredor, acechando, como si se tratara del espejo de Borges.