Ricardo Del Muro / Austral
Con profunda tristeza, familiares, amigos y numerosos exalumnos despidieron este fin de semana al profesor Ernesto Argüello Guillén, quien fue más que un educador, un hombre de principios firmes y profundo amor por Frontera Comalapa, su tierra natal. Su funeral, en Tuxtla Gutiérrez, se convirtió en un emotivo homenaje a su legado y reflejo de la huella profunda que dejó en quienes lo conocieron.
Al fallecer el maestro Neto tenía 86 años de edad. En la capilla ardiente se reunieron para despedirlo. Su amorosa esposa Fany Melgar; sus hijos: Patricia, Anabel, Ernesto, Mayté y Marisela, además de su numerosa y querida familia: nietos y nietas; sobrinos y sobrinas; sus amigos, sus vecinos, colegas y exalumnos. Fue una sencilla y emotiva ceremonia, donde todos compartimos el mismo sentimento: el agradecimiento a Dios por haber conocido a un ser humano cuya vida fue de amor y compromiso con su familia y su comunidad.
Maestro de vocación en la escuela Justo Sierra, dejó huella en generaciones de alumnos a quienes no solo enseñó a leer y escribir, sino también a amar a Chiapas y a México, a respetar a los demás y a conducirse con honestidad. Era un educador que creía que formar buenos ciudadanos comenzaba por inculcar valores desde el aula.
Su compromiso con la comunidad fue más allá de la enseñanza. Como presidente municipal de Frontera Comalapa (1965 – 1967), representó con dignidad a una vieja generación de líderes que asumían el cargo con el único propósito de beneficiar a su pueblo, no de servirse de él. Fue un tiempo en el que Frontera Comalapa era una población pacífica, donde todos se conocían, se saludaban en las calles y se ayudaban sin necesidad de pedirlo. En ese contexto, el profesor Ernesto Argüello fue un referente de confianza, integridad y cercanía.
Era la época en que los presidentes municipales eran vecinos apreciados en el pueblo como Eduardo Galindo Guillén (1965 – 1967) quien promovió la introducción de la luz eléctrica; Noé Eli Gordillo López (1968 – 1970) que se distinguió por la honradez de su administración, igual que el profesor Argüello Guillén, quien pavimentó las primeras calles de la ciudad y ayudó a crear el primer sitio de taxis “El Venadito”, sin pedir nada a cambio.
En aquellos años, los sesenta del siglo pasado, el viaje de Comitán a Frontera Comalapa duraba un día. La transportación era en camiones de redilas hasta el Jocote y después se tenía que caminar o montar caballos en un camino de terracería hasta la cabecera municipal. Sus viejos pobladores recuerdan que era un lugar tranquilo, todas las familias se conocían y las diversiones eran sencillas como los bailes y los días de campo junto al río en la “poza verde”.
Ubicado entre los llanos de Comitán y la Sierra Madre de Chiapas, el municipio de Frontera Comalapa colinda con La Trinitaria, Chicomuselo y Bellavista, y se mantuvo relativamente aislado hasta que se construyó la Carretera Panamericana en 1950 y se fundó Ciudad Cuauhtémoc en una localidad fronteriza que antes se llamaba El Ocotal.
En esa población, que alguna vez se comparó con el “Macondo” de García Márquez, nació el profesor Ernesto Argüello el primero de agosto de 1940, quien recordaba el largo camino que recorrió de niño para ir a estudiar la secundaria en la ciudad de Comitán; los años juveniles en la Escuela Normal Mactumactzá de Tuxtla Gutiérrez y sus primeros años como maestro rural en Bellavista, una apartada población ubicada en la Sierra de Chiapas, donde sólo se podía llegar a caballo.
Después llegaría a la Escuela Justo Sierra – la única que entonces existía en el pueblo –, donde fue profesor durante muchos años hasta convertirse en director de ese centro escolar. En las aulas, el profesor Argüello sembró mucho más que conocimientos: inculcó disciplina, respeto y amor por la cultura de su pueblo. Para él, la educación no estaba desligada de la vida; al contrario, debía enraizarse en la realidad social y en el paisaje humano de su comunidad.
Su paso por la docencia dejó huella en miles de jóvenes que hoy son profesionistas, comerciantes, agricultores o servidores públicos, y que todavía evocan las lecciones del maestro con gratitud.
Pero su labor trascendió los muros escolares: el profesor Argüello fue también apreciado por sus vecinos y sus paisanos. Así lo eligieron para que fuera presidente municipal de Frontera Comalapa y no se equivocaron: el maestro ejercio un gobierno honesto y logró beneficios para el pueblo. Y, caso raro, no utilizó el cargo como trampolín político. En alguna ocasión le ofrecieron la candidatura a una diputación local por el PRI, pero el maestro Neto platicaba que rechazó el ofrecimiento porque sabía que esto implicaría el riesgo de renunciar a sus convicciones éticas.
Así era el profesor Neto. Su partida nos duele pero lo recordamos con cariño y admiración. Su legado sigue vivo en la memoria de sus familiares, sus amigos y sus alumnos, en las calles de Frontera Comalapa, donde tantas veces caminó saludando a todos sus vecinos con respeto y afecto. Descanse en paz el maestro Ernesto Arguello. Su recuerdo seguirá siendo una lección permanente para todos. RDM