Pablo Gato
Calígula nombro cónsul de Roma a su caballo, Incitatus. Cónsul era el magistrado más importante en la Republica Romana. Es decir, un cargo de enorme relevancia.
No tengo nada contra el caballo de Calígula. Estoy seguro de que era un animal esplendido.
Sin embargo, nombrar a su caballo a uno de los puestos más importantes del imperio Romano digamos que sobrepasa la línea del surrealismo o extravagancia para entrar en el terreno de lo grotesco y, vayamos más allá, demencial.
Trump ha dicho que estará encantado si María Corina Machado le dé su premio Nobel. Si se confirma semejante esperpento, en mi modesta opinión, se parecerá mucho al inédito acto de que un emperador romano nombre cónsul a su caballo. Lo siento, Incitatus, no es nada personal.
No hace falta ser un Einstein para ver que el mundo, en muchos sentidos, ha perdido el norte. Vemos cosas que jamás hubiéramos imaginado. Sin ánimo de ofender, nadie jamás hubiera pensado que un criminal convicto pudiera ser nunca el presidente de los Estados Unidos de América. O que una persona acusada de incitar lo que muchos describen como el primer intento de golpe de estado en EEUU, llegue después a la presidencia de ese país. En este caso, se trata de la misma persona.
Dudo mucho que alguien hubiera creído hace apenas un año que todo un ganador de un premio Nobel se lo daría a alguien para ganar puntos con esa persona. ¡Un premio Nobel!
Además de que eso no está permitido porque son intransferibles, es un acto inconcebible. Una cosa es dar las gracias a alguien y otra muy distinta es darle TU premio Nobel.
Así que si esta semana viene Corina Machado a Washington y se produce un suceso de tal magnitud anecdótica, yo, cuando se realice físicamente el traspaso del Nobel de una mano a otra, estaré pensando en Incitatus, el insigne caballo de Calígula. Habrá renacido, pero en el nuevo continente.
Paradójicamente, Trump fue acusado de robarse una medalla en la final del pasado Mundial de Clubes al equipo del Chelsea. Ni corto ni perezoso, se puso en el bolsillo una de las medallas que estaba repartiendo y el trofeo jamás volvió a salir de su bolsillo, ante la sorpresa de los jugadores y de los directivos. La imagen se hizo viral y dio la vuelta al mundo. Luego la FIFA, asumimos que para calmar los ánimos, informo que se la habían “regalado”.
En esta ocasión, al menos la entrega del Nobel seria “voluntaria”.
Hay que recalcar que situaciones, en mi opinión, tan ridículas y disparatadas como la que sería el “traspaso” del Nobel, no presagian nada Bueno.
Desde Calígula, han cambiado las personas, pero no la naturaleza de muchas personas. En especial, en posiciones de poder.
Cuando un presidente llega al nivel de hacer algo semejante y la sociedad lo acepta, permite e incluso aplaude, es sinónimo de que nos estamos fundiendo.
Otro de los famosos regalos a Trump fue un avión de 500 millones de dólares por parte de un gobierno. Nada, un detallito. Silencio republicano.
Recuérdenme, ¿cómo acabo el imperio Romano?




