Rodolfo Villarreal Ríos
Hace tres días, se efectuó la conmemoración de la “Expropiación Petrolera”. De pronto, surgió algo a lo cual no podíamos dar crédito, el reconocimiento tácito que se hizo a los presidentes de la república provenientes del PNR-PRM-PRI.
En el evento mencionado, quien dirigió el mensaje principal señaló: “El petróleo fue durante décadas fue una palanca del desarrollo nacional, con los recursos del petróleo se financiaron carreteras, presas, hospitales, escuelas, universidades, electrificación y grandes proyectos de infraestructura que transformaron la vida de millones de mexicanos”. A ello, agregaríamos una tercia de cosas: Se generó la movilidad social, se creó una industria nacional incipiente y cientos de profesionales mexicanos pudimos ir a estudiar a universidades extranjeras en dónde aprendimos a amar objetivamente a México.
El reconocimiento mencionado provino de quien menos se esperaba, la ciudadana Sheinbaum Pardo. Ni modo que vayamos a negarle la valentía al señalar lo que muchos se niegan a aceptar: Al albergue del edificio del Estado Mexicano Moderno, construido por el estadista Plutarco Elías Calles Campuzano, el país creció y se desarrolló. Aun sin reponernos de la sorpresa, nos invadió el recuerdo de las celebraciones que, allá en el pueblo, se realizaban cada 18 de marzo. De lo que realmente aconteció y cómo a lo largo de los años se fue dando aquello hemos de comentar en esta ocasión.
Nosotros, al igual que los de la generación que nos antecedió y algunos de las posteriores, vivimos con el patrioterismo inflamado cuando nos narraban las historias de la “epopeya” que fue la nacionalización del petróleo en Mexico. Era tal la ternura que hasta el más bragado terminaba por enternecerse.
Aún recordamos, cuando cursábamos la educación primaria, como cada 18 de marzo, se efectuaba la consabida ceremonia de celebración. Los maestros planteaban el marco general de aquella “hazaña” y, posteriormente, los chamacos participábamos en dramatizaciones, lecturas, poesías y quien sabe cuántas alegorías más relacionadas con la fecha. Claro que el presidente Cárdenas del Río era el gran protagonista. Pero eso era nada, comparado con lo acontecido, en 1938, al momento en que aquella ‘expropiación’ se efectuó.
Al revisar el álbum familiar, encontramos una fotografía de los tiempos en que nuestra madre cursaba, allá en el pueblo, el segundo año en la Escuela Secundaria Federal Benito Juarez, Ahí, doña Estela aparece junto con otros once estudiantes y un maestro, portaban cartelones en los cuales se hacía alusión a la expropiación. En un par de ellos, se leía:” Formaremos una patria mejor”; Sobre México brillará el sol de la independencia económica. Esto último fue lo que nos vendieron a lo largo del tiempo y lo compramos.
Muy presente tenemos a nuestro maestro de cuarto grado en la Escuela Primaria Federal Francisco P. Estrada, José Carlos Santiago Gómez, cuando nos impartía una de las clases de historia y orgullosamente clamaba que gracias a esa ‘expropiación’ en México ya no veíamos gasolineras bajo el nombre de Sinclar o Texaco, sino Pemex. Y, al menos para este escribidor en su entorno provinciano, aquello era motivo de orgullo.
Como no sobrecogernos al mirar fotografías e imágenes de películas en las cuales aparecían niños con su cochinito de barro que ante el golpe del martillo exponía unas cuantas monedas o bien a las damas de vestir modesto quienes sacrificaban la posesión de gallinitas y chivitos para que, con lo que se obtuviera de su venta, se ayudara a cubrir la deuda que generaba la ‘expropiación’. O aquello de la abnegación de los trabajadores e ingenieros que laboraban en Pemex para sacar adelante la industria. Ante eso, nadie se podía resistir.
No obstante, lo que escuchábamos y leíamos, la figura del presidente Cárdenas del Río nunca terminó por convencernos. Cuando cursábamos el primer grado en la Escuela Preparatoria de Piedras Negras, Coahuila, leímos las memorias del presidente de origen michoacano y eso nos hizo sospechar que todos los halagos que se vertían sobre él no eran del todo reales. Hasta ahí nos quedamos y poco nos adentramos en leer algo más sobre ese personaje.
Trascurrirían muchos años hasta que, un día del Siglo XXI, ya inmersos en el proceso para convertirnos en historiadores, encontramos un libro de esos que, en México, los doctos en el tema no osan ni siquiera mencionarlo y casi le dan el grado de blasfemo, pero que en nosotros despertó la curiosidad. Su autora era una economista e historiadora mexicana de nombre María Elena Paz Salinas quien publicó la pieza bajo el nombre de “Strategy, Security and Spies. Mexico and the U.S. as allies in World War II,” (Pennsylvania State University, 1997). Ahí, encontramos la otra historia de lo acontecido después de la “expropiación petrolera”.
Dado que, durante nuestros tiempos de estudiantes doctorales, nuestros profesores nos inculcaron nunca dar por buena una información sin antes corroborar que las fuentes sean reales, nos fuimos a los archivos del Departamento de Estado de los EUA, el Diario Oficial del Gobierno de México y los periódicos de la época en dónde pudimos comprobar que lo plasmado en aquella obra era verídico. Entonces ya no nos quedó duda de que nuestra perspectiva infantil-juvenil-provinciana acerca del presidente Cárdenas del Río era correcta.
Se nos hizo creer que, en los tiempos de don Lázaro, la operación de Pemex se dio de manera prístina, nada más alejado de la realidad. Como si fuera regalo de reyes, el 6 de enero de 1940, The New York Times y The Chicago Daily Tribune publicaron declaraciones del gerente general de Petróleos Mexicanos, Vicente Cortés Herrera, quien reclamaba al sindicato que la industria petrolera mexicana operaba en “condiciones desastrosas”. Prevalecían la “inexperiencia, ineficiencia y la carencia de responsabilidad”.
La rapiña era rampante y el incremento de costos junto con el descenso en la producción ponía aquello en una situación muy delicada. Los trabajadores argüían que los problemas eran originados por los administradores quienes carecían de conocimientos. En abril de 1938, el número de trabajadores petroleros era de 15,895 y los costos de operación mensuales alcanzaban 4.3 millones de pesos. Para enero de 1940, 19,316 personas laboraban en la industria y los costos de operación por mes eran de 6.5 millones de pesos. Durante ese periodo, la extracción de crudo disminuyó de 570 mil metros cúbicos mensuales a 470 mil.
Cortés apuntaba que, sin avisar a los directivos, el sindicato decidía a quien contrataba. Asimismo, se enfrentaba falta de disciplina entre los obreros quienes se rehusaban a poner en práctica los planes de trabajo elaborados por los directivos. Aunado a ello, existía el robo de tubería e inclusive se daban casos de que se conectaran ductos de los tanques de almacenamiento a las casas de los trabajadores quienes desde ahí vendían el producto. [Ya vemos que el huachicol no empezó en el siglo XXI durante los tiempos del ignaro con botas]. Se les otorgaban medicamentos sin costo alguno y en lugar de utilizarlos los vendían. Lo mismo sucedía con los juguetes que en Navidad les entregaban para sus hijos.
Otra de las preguntas que siempre nos acompañó fue ¿A quién le vendía Mexico el petróleo? La respuesta la encontramos en la obra de Paz Salinas. Primero, hemos de mencionar que la compañía inglesa “El Aguila” no dejó de operar en Mexico sino hasta 1954. Pero, quienes terminaron por financiar la “expropiación petrolera” fueron la bestia austriaca, el duce italiano y el hijo del sol naciente. Gracias a la generosidad (¡!) de esa tercia de “angelitos” fue factible obtener recursos vía la venta de crudo. Sin embargo, sería el tercero de ellos quien directamente se haría presente en México.
El 25 de enero de 1940, la prensa estadounidense dio a conocer que, en los campos petroleros del Golfo de México, se incrementaba la presencia de japoneses. La Compañía Petrolera Veracruzana, financiada por la firma nipona Mitsui, iniciaba los trabajos para abrir a la explotación diez pozos nuevos en Jopoy, ubicado en Tamaulipas. Desde el 18 de marzo de 1938, los únicos dos permisos otorgados con tal fin habían sido para dicha empresa.
A principios de febrero, Japón ofreció a México que, a cambio de llevarse siete millones de barriles de crudo, pagarían con efectivo y bienes. El precio del crudo no sería menor al del mercado estadounidense. La cantidad por cubrirse en efectivo sería pequeña, la mayor parte se haría con productos de algodón, equipo eléctrico de costo bajo y otros artículos similares. En marzo, el presidente Cárdenas envió al presidente de la compañía La Laguna, el Dr. Kisso Tzuru, un proyecto de acuerdo para construir un oleoducto a través del Istmo de Tehuantepec, el cual operaría mediante una inversión conjunta a través de la creación de una empresa que dirigiría el general Francisco José Mujica Velázquez.
A principios de abril, la Compañía Petrolera La Laguna y las autoridades mexicanas firmaban un contrato para que se enviaran a Japón 2.4 millones de barriles de productos petroleros, (dos millones de crudo, 210 mil de gasolina y 192 mil de queroseno), mismos que nos pagarían 30 centavos de dólar por abajo del precio de mercado. Alegaban que esto era para compensar el costo de transportarlo a través del Canal de Panamá. En el contrato, se especificaba que los desembolsos se efectuarían en efectivo, salvo los cien mil dólares que fuentes no oficiales indicaban habían sido entregados cuando se signó el contrato, al momento de la entrega a tanques japoneses que estarían en Tampico y Minatitlán.
Entre 1931 y 1938, las exportaciones japonesas a México crecieron ocho veces, especialmente en productos como rayón, juguetes, equipo eléctrico, maquinaria pequeña y otros similares. Detrás de este boom, estaba el Dr. Tzuru (al nacionalizarse mexicano lo castellanizó a Turo) quien actuaba como gerente general de la Compañía Internacional de Comercio, la cual se encargaba de introducir al país artículos farmacéuticos, además de controlar otras siete u ocho negociaciones.
Tsuru sostenía relaciones de negocios con políticos ligados a Francisco J. Mujica Velázquez y Emilio Portes Gil, incluyendo los generales, Juan Barragán Rodríguez, Dámaso Cárdenas del Río y Antonio I. Villarreal González. Asimismo, a través de la Compañía Minera Turo, se infiltraron en la extracción de minerales inicialmente con la exportación de plomo y aspiraban a explotar las minas de hierro en Las Truchas, Michoacán. Se aseguraba que una gran parte del capital de operación de las compañías petroleras La Laguna y la Veracruzana era suministrado por Oji Paper Manufacturing Company of Tokio, presidida por G. Fujihara.
Sin especificarse quien, se decía que los permisos de exploración que obtenían las empresas japonesas se lograban gracias a un subsecretario quien fue presidente de la Veracruzana. Se hablaba de que los japoneses habían gastado alrededor de tres millones de pesos en perforaciones ejecutadas en zonas que de antemano se sabía no había petróleo, pero que, no obstante, planeaban recibir mayores inyecciones pecuniarias para tal efecto.
A mediados de octubre, se dio a conocer que la Compañía Petrolera Veracruzana obtuvo una concesión por cinco años para explorar un área de 100 mil hectáreas en el estado de Veracruz. Hasta ahí llegó la indiferencia del gobierno estadounidense que había observado pacientemente como los nipones tomaban posesión de uno y otro negocio en México.
El 20 de octubre de 1940, el presidente Cárdenas Del Río recibió la visita del embajador estadounidense Josephus Daniels quien, con cara de “me” no entender, llegó ante don Lázaro y le mostró las páginas 2 y 3 de un ejemplar del Diario Oficial publicado el lunes 14 de octubre anterior. Al lado izquierdo en la mitad de la hoja 2, se leía: “Contrato de exploración y explotación petroleras, que celebran por una parte el C. Subsecretario de Economía Nacional, que en lo sucesivo se designara como ‘el Gobierno’, y por la otra la Compañía Petrolera Veracruzana, S.A., que en lo sucesivo se designara como la ‘contratista’”.
La Cláusula Primera: señalaba “La contratista se obliga a desarrollar trabajos de exploración geológica y geofísica técnicamente organizados en una superficie de 100,000.00 Hs (cien mil hectáreas) de terrenos de Reservas Petroleras Nacionales, ubicados en los municipios de Misantla y Jalapa en el Estado de Veracruz.” En esa área habrían de realizar trabajos de exploración e identificación de terrenos para lo cual, conforme a la cláusula Cuarta “dispondrá de un plazo de cinco años contados de la fecha de este contrato…”.
En la Quinta estipulación, se indicaba que “dentro del mismo plazo…hará el deslinde de los terrenos y los dividirá en diez fracciones de 10,000 hectáreas cada una…”.
La Sexta condicionante mencionaba que, a cambio de cumplir con las obligaciones, “…el Gobierno le concede el derecho de perforar y explotar pozos petroleros…por un plazo de veinte años a contar de la fecha en que termine el plazo señalado para exploración”.
En la Séptima leemos: “Terminado el plazo para exploración geológica y geofísica, se obliga la contratista a ejecutar trabajos de exploración profunda, llevando a cabo, la perforación de dos pozos anuales, en tanto los terrenos ofrezcan perspectivas comerciales. Cuando en un año se perforen más de dos pozos, los excedentes se tomarán en cuenta para el cumplimiento de la obligación en el año siguiente o siguientes”.
Respecto a los beneficios para el gobierno, en la cláusula Novena, se indica que el contratista …reconoce al Gobierno una regalía del cinco por ciento de la producción bruta de los pozos que explote …y el cinco por ciento de esa producción en favor de los superficiarios, por todo el tiempo que mantenga en explotación los pozos referidos”.
En la Décima Primera, se apuntaba que la contratista podía “…ejecutar en los terrenos materia de los mismos, todo aquello que requieran las expresadas labores [de exploración] bajo su exclusiva dirección y responsabilidad…”.
La Décima Segunda declaraba que “el gobierno tiene el derecho de inspeccionar los trabajos que se lleve a cabo en los terrenos…”. Para concluir, en la Décima Quinta se especificaba que “…durante la vigencia del presente contrato seguirá considerándose como mexicana y tanto ella como los extranjeros y los sucesos de ambos que tomen parte en negocios relacionados con el contrato, sea como socios o accionistas o con cualquier otro carácter, serán considerados como mexicanos en cuanto al mismo contrato se refiera…”.
Lo anterior, se fundaba en “…la obediencia a lo mandado en el acuerdo presidencial a la Secretaría de Economía Nacional…del 4 de mayo de 1937, registro número 526”. El contrato lo firmaban el subsecretario de economía, Modesto C. Rolland y por la empresa Enrique Malanche Torres quien fuera secretario del presidente Emilio Portes Gil.
Como respuesta a Daniels, el presidente Cárdenas alegó desconocer el asunto y ordenó rectificar la medida. Se procedió a instrumentar machincuepas legales y Rolland fue sacrificado políticamente. Para cumplir con lo primero, se buscó un tecnicismo y, en base a ello, fue establecido que la Compañía Petrolera Veracruzana debería de cubrir un fondo de 20 pesos por hectárea para garantizar la operación. De no hacerlo, en un plazo de 30 días, se cancelaria la prerrogativa, lo cual sucedió y se echó abajo el contrato. En el caso del ingeniero Rolland, con Cárdenas ya fuera del mando, durante la segunda quincena de diciembre, se le acusó de que, ante la ausencia del secretario Efraín Buenrostro Ochoa, autorizó a la Veracruzana la importación de 7 mil toneladas de celulosa, mientras les negaba permiso a otras que también utilizaban el producto.
Nada pasó con Rolland, pero en 1940, mediante retorcimientos de la ley, se quería entregar el petróleo mexicano. Aquí, lo interesante es que tras de un mes de haberse firmado el contrato y seis días después de que apareció en el Diario Oficial, nadie en el gobierno mexicano se percató de la entrega de cien mil hectáreas para explotar petróleo. Tuvo que ser el embajador Josephus Daniels quien nos salvara por vez segunda. La primera fue cuando ignoró, en 1938, la carta del secretario de estado Cordell Hull quien casi nos envía los marines. La segunda en 1940, evitando, ante el descuido, que alguien entregara el petróleo mexicano a los japoneses. Esa es la historia que nadie nos narra sobre la “expropiación petrolera” y el presidente Cárdenas.
Pemex generó recursos que alcanzaba para todo. De que hubo ejemplos de manejos poco claros pues ni quien lo dude. Uno de ellos fue el caso de Jaime Jerónimo Merino de la Peña, en Poza Rica, Veracruz población que vivió sus años de esplendor cuando este personaje era el superintendente de la industria petrolera en esa localidad. Todavía hay quien recuerda lo bien que le fue a ese pueblo no obstante la corrupción. Y en esos terrenos, ni modo que ahora se niegue que los habitantes de las zonas petroleras vivían muy contentos con el líder del sindicato Joaquin Hernández Galicia.
Pemex hubo de recurrir a las empresas externas para poder operar. Quien no recuerda como un personaje de nombre George Herbet Walker Bush operó durante los 1950s Zapata Off-Shore en el Golfo de México y posteriormente en los 1960s, formó Perforaciones Marinas del Golfo (Permargo) en dónde se asoció con Jorge Díaz Serrano. Sería esta persona quien, al convertirse en director general de Pemex durante el gobierno del presidente López Portillo y Pacheco, haría que la empresa operara eficientemente, con todo y las sinvergüenzadas que prevalecían. Ello duró hasta que, ante la crisis, don José desoyó al experto, quien conocía como operaba el mercado petrolero, y optó por vivir la fantasía. Ya sabemos cómo nos fue.
Durante el resto del siglo XX, la empresa operó más o menos eficientemente sin que desaparecieran los problemas. Pero al llegar el Siglo XXI, aún con ingresos excedentes, las huestes del ignaro con botas fueron incapaces de aprovechar la oportunidad. Y así, hasta llegar a 2018 cuando la incapacidad logró que Pemex arribara a la bancarrota que hoy tiene.
Eso sí, la celebración anual de la “expropiación petrolera” no ha quedado en el olvido. Como retórica luce maravillosa, pero durante los últimos 88 años, en una forma u otra, se ha dependido de entes externos para lograr que Pemex opere. Así que nada de que el presidente Cárdenas del Río no heredó un ejemplo de nacionalismo, lo único auténticamente mexicano que nos legó fue un becario perene, su hijo Cuahtemoc a quien, hoy nonagenario, nos lo anuncian como experto en asuntos petroleros y le asignan una beca más bajo el disfraz de presidente de la Comisión Consultiva del Petróleo de Pemex.
vimarisch53@hotmail.com
Añadido (26.11.37) The New York Times, al igual que lo hizo durante la Segunda Guerra Mundial, difunde información (¿?) que busca proteger a los criminales. Ayer, lo hacía con la bestia austriaca, hoy encubre a los mullahs medievales.
Añadido (26.11.38) No se preocupó de condenar la matanza de miles de ciudadanos iranies. Eso sí, ahora clama que acabe la guerra que tiene contra las cuerdas a los carniceros investidos de clérigos musulmanes. ¿Serán asuntos espirituales u otros los motivo$?
Añadido (26.11.39) Muy felices estarían Alamán y López de Santa Anna si pudieran ver como sus sueños centralistas están a punto de materializarse conducidos por una parvada de izquierdistas (¡!) hijos de…otro López.
Añadido (26.11.40) Durante el World Baseball Classics, se pudo confirmar que Otani y Aaron Judge no pasan de ser un par de buenos jugadores sobrevaluados, pagados en exceso, y no los grandes líderes que vende la publicidad. Ya vieron lo que sucedió con los equipos de Japón y los EUA, ambos derrotados por el de Venezuela.





