EN “LOS HIJOS DE LA MALINCHE” de Octavio Paz, podremos diseccionar al mexicano y su evolución. Ese choque entre dos razas que se enfrentaron en una época convulsionada que acontecía en el mundo. Acontecimiento que el destino enfrentó a dos civilizaciones muy distintas tanto en su evolución como en su cultura. Un encontronazo de dos culturas diametralmente opuestas, una que salió de del Puerto de Palos en España, deseosa de encontrar una nueva ruta hacia las Indias y el derrotero de la vida los llevó a encontrarse no a descubrir cuestión de semántica, con un continente mucho muy diferente del cuál ellos venían. Ese encontronazo dio un vuelco a la historia de ambas y del mundo. Existen excelentes libros, escritos, cartas de relación, códigos y vestigios de los sucesos que se dieron en esa época tan convulsa y definitiva para el futuro de ambas civilizaciones, un choque inevitable que ha conformado al mundo como actualmente lo conocemos.
Son cinco siglos de tradición histórica que nos expresan a través del tiempo sucesos y acontecimientos muy cercanos a la realidad, cuyos vestigios son clara muestra de que era inevitable dicho encontronazo y que cambio diametralmente la historia del mundo.
El viejo mundo quedó sorprendido de las culturas y riquezas de aquellas civilizaciones, pirámides, monolitos, monumentales, figuras extraordinarias son mudos testigos de lo que eran aquellas culturas, sus avances, costumbres y modos de vida, que trascendieron de generación en generación y que es el punto del cual deseo partir, para tratar de entender en comportamiento del mexicano de ese mexicano místico insondable cuyo gene lo trae en la sangre a través de los siglos.
Todo cambio y después de tres siglos de sometimiento de la corona española vino la guerra de Independencia con Hidalgo y los insurgentes y a partir de esa fecha México existe como nación, una lucha lograda por los militares criollos cuya inconformidad con los Virreyes apoyaron a Hidalgo y éste a su vez seguido por Morelos y cientos indígenas la iniciaron y cuya culminación se dio con Iturbide el 27 de septiembre de 1821, en el tratado de Córdoba, Veracruz.
Y, después de tantos sucesos y acontecimientos de guerras y revoluciones hemos logrado sobrevivir dando tumbos y banquetazos los últimos 213 años, todos éstos acontecimientos no se hubieran logrados sin el apoyo de los indígenas hombres y mujeres, que ofrendaron sus vidas para darnos patria y libertad y no ha habido justicia para ellos, siempre se les ha postergado cuando ellos han sido los que han ofrendado sus vidas y jamás se les ha retribuido y considerado con educación, trabajo, salud y oportunidades.
Un ya basta, no basta, es hora de que los mexicanos nos unamos y rescatemos al país más hermoso y privilegiado del mundo, corrigiendo el rumbo patrio con nuevas cartas de navegación, no solo tomando el timón, sino también los remos, como lo hicieron los héroes que nos dieron patria y libertad. Ahora después de tantos sucesos y acontecimientos tal pareciera que los mexicanos aún no hemos logrado entender que solo unidos saldremos adelante, la historia nos muestra claramente que por estar divididos y enfrentados hemos perdido más de la mitad del territorio y permitido que propios y extraños se roben nuestros recursos, ya basta.
Es momento de que erradiquemos a ese extraño enemigo que en la imaginaria nos ha tenido enfrentados por siglos y que no nos deja avanzar. Ya lo señalo el gran escritor mexicano Octavio Paz, en los hijos de la malinche, arrastrando un enigma cuya contradicción hemos vivido siempre enfrentados, unos contra otros, una sensación extraña y convulsa, somos místicos e indescifrables arrastrando un pasado todavía vivo. Es el extraño enemigo que en la imaginaria que nos tiene enfrentados y no nos deja avanzar. Nuestra respuesta es muda, como nuestro silencio, atorados en el pecho por siglos y cuya expresión la sacamos cada 15 de septiembre en un grito de “Viva México Cabrones” pero es un grito de auxilió salido de lo más profundo de su corazón, camuflado como si fuese su cumpleaños, lo expecta con tanta fuerza buscando ayuda y, es inevitable hacerlo más como desfogue que de felicidad.
En ese grito dice Paz, condenamos nuestro origen y renegamos nuestro hibridismo, conflicto que no hemos podido resolver, el mexicano arrastra un conflicto muy fuerte, no quiere ser indio ni español. Y, es momento de hacer un alto en el camino y tratar de entender porque los mexicanos somos así, nos atacamos, nos agredimos, nos encerramos en una soledad, oscilamos entre la entrega y la reserva, entre el grito y el silencio entre la fiesta y el velorio, somos fans de los merolicos pero no soportamos la presencia de nuestros compañeros, por estar encerrados en nosotros mismos, el mexicano no se encuentra así mismo, se sabe dueño de todo y de nada. Se cierra al mundo, a la vida y a la muerte.
El encono y el odio que hoy prevalece en México, contra quienes piensan distinto, por parte de quienes hoy gobiernan México, destruyendo las los Órganos Autónomos, que nos daban legitimidad, transparencia y Justicia, hoy ya no están, hoy los vi vencer, no muy claramente, pero jamás, jamás, los vi, convencer.
“Somos muchos más los inconformes, si nos unimos, recuperaremos México, no tengo la menor duda, para ello es de vital importancia razonar y entender que las causas que nos unen son más fuertes e indisolubles que las ideologías que nos separan”. Los invito a que juntos diseñemos un nuevo proyecto de nación acorde a los nuevos tiempos, con, decisión e inteligencia, lo lograremos. Hoy nuevamente la historia nos llama a rescatar a México, es la última llamada, porque México está secuestrado por “malos mexicanos” destruyendo nuestra Carta Magna y la División de Poderes, conquistas logradas con sangre de millones de mexicanos, hoy la patria necesita de sus mejores hijos, mexicano lucha por tu futuro y el de tu familia. México no tiene dueño, es de todos.
Eduardo De León.
Dic-10-2024.