José Luis Parra
En Morena ya no se matan por debajo de la mesa: lo hacen con linterna, pizarrón, y hasta café de por medio. Todo muy institucional. Todo muy familiar. La última víctima del ajusticiamiento doméstico es Adán Augusto López Hernández, el exgobernador que soñó con ser presidente, terminó de operador financiero, y hoy —si no le ponen un alto— podría aterrizar como estorbo político en la Ciudad de México. Y eso, ni Luisa María Alcalde ni Clara Brugada lo van a permitir.
“La bronca es que Adán no sabe de campañas, solo de financiarlas… y ahorita la lana es un problema”. La frase es un bisturí afilado lanzado desde una oficina con vista al Zócalo, donde el poder se reparte a mordidas y los movimientos se sellan entre codazos. Alcalde ya tomó partido y, con la anuencia de Palacio, inició una operación quirúrgica para enviar al senador a Michoacán: una especie de exilio con fachada de misión política.
Pero no se confundan: esto no es un castigo, es un mensaje.
Porque en Michoacán, esa tierra donde el gobierno federal ha tenido que intervenir desde el crimen del alcalde Carlos Manzo, Adán encontrará un entorno ideal para desaparecer en el silencio institucional. No por nada es un lugar que la presidenta ha visitado más de una vez, mientras que la dirigente de Morena ni por error se asoma. El tiro es fino: que allá se quede, con sus fantasmas.
Adán, por su parte, no es ingenuo. Sabe que lo quieren borrar del mapa y no duda en acusar a “Los Puros” de estar detrás del paredón, con la senadora suplente María Guadalupe Chavira como rostro visible de esa guerra interna. Su paranoia es comprensible: en Morena la traición ya es método de trabajo.
Andy López Beltrán, el hijo incómodo, también está en el centro del fuego cruzado. Alcalde lo bajó de una capacitación a alcaldes —una forma elegante de decirle: “Tú aquí ya no pintas”. Clara Brugada no oculta su fastidio y lo repite en confianza: De Botton sigue en Finanzas por acuerdo con Palenque, no por Andy.
¿Y qué hace Rosa Icela Rodríguez? Sonríe. Porque cualquier cosa que debilite a Adán le conviene. Ella también quiere jugar en el tablero chilango y no necesita al tabasqueño respirándole en la nuca. Por eso en Bucareli ya se cuece una denuncia demoledora, con nombres y montos. El expediente del financiamiento de campañas podría estar a punto de reventar.
Así se mueven las piezas en Morena: con abrazos, puñaladas y Excel de por medio.
En otros tiempos, estos conflictos se resolvían en el CEN. Hoy se resuelven en grupitos de WhatsApp y cafeterías con vista al poder. ¿Quién se queda con la CDMX? ¿Quién cae primero en desgracia? ¿Y qué tanto es tantito cuando se reparten los silencios?
Porque en la 4T el que no se alinea… se archiva.





