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Heberto Castillo y la izquierda que nos falta

La insoslayable brevedad

Javier Roldán Dávila

El autoritarismo lo recluyó en Lecumberri, la ‘izquierda pus-moderna’ lo regresó como archivo

 

A los 33 años, en 1961, Heberto Castillo fue miembro fundador, junto al general Cárdenas, del Movimiento de Liberación Nacional, en el 68, fue dirigente de una coalición de profesores en apoyo del movimiento estudiantil, circunstancia que lo llevó a la cárcel de 1969 a 1971, justamente, en el tenebroso Palacio de Lecumberri.

Esto no indica que, el también ingeniero civil (profesión en la que destacó al ser el inventor de la Tridilosa), no militaba en la izquierda en busca de hacer carrera legislativa (en ese tiempo no ganaban ni un ‘volado a un merenguero’), sino, en defensa de sus ideales.

A diferencia de muchos distinguidos integrantes de las actuales ‘izquierdas’, Castillo siempre tuvo una posición ideológica clara, no se ‘iluminó’ de repente y cambió de chaqueta al darse cuenta que estaba en el ‘lado incorrecto de la historia’.

Tampoco fue partidario de la hostilidad a sus adversarios partidistas, la urbanidad política lo distinguía, sin embargo, sus comentarios críticos sobre el devenir de la izquierda eran temidos por su agudeza, además, de tener la autoridad moral para pronunciarlos.

Generoso y pragmático, declinó por Cuauhtémoc en el momento idóneo, situación que Salinas trató de evitar. Podríamos agregar más elementos trascendentes del veracruzano, sólo concluir que el propio Fox lo reconoció al develar un busto de él en Los Pinos.

Dejó un legado, lástima que los de hoy no lo entiendan. Nos hacen falta los Heberto.

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