CUENTO
Y entonces un día sucedió que, la tipa esa, quien durante muchos años había hecho ruido en su edificio, donde decía adorar a su Dios, dio a luz a un hijo, con un cerebro autista.
“Karma”, es como lo habría nombrado alguien, que hace años se había largado de este barrio, en donde toda esa bola de imbéciles siempre habían hecho mucho ruido, con sus cánticos que -por su elevado ruido-, más que alabar a un dios, siempre parecieron estar adorando a un demonio, a un demonio al que le gustaba mucho el ruido, igual que como a la gran mayoría de gente de clase baja les gusta, no solamente el ruido, sino que también el caos y el desorden.
El hijo de la tipa ahora, debido a su gran sensibilidad auditiva, nunca paraba de estar llorando por cualquier pequeño ruido del que su cerebro era víctima.
Pero su madre, lejos de mostrar comprensión por él, decidió hacer todo lo contrario. Y entonces fue y, tomando una almohada -mientras su pequeño hijo al fin descansaba un poco su cerebro autista- se le acercó y, pidiendo perdón a su estúpido Dios, se puso a asfixiarlo con todas sus fuerzas.
“Jehová, perdón te pido”, una y otra vez exclamó la loca.
Horas más tarde, cuando su esposo llegó y se acercó a saludar a su hijo, luego de apretarle la mejilla, suavemente, y al darse cuenta de que éste no despertaba, como siempre lo hacía, se asustó mucho.
“¡No despierta!”, exclamó el tipo, completamente horrorizado. “¡Está muerto!”
“¡Jehová!”, dijo la loca de su esposa, cuando vino corriendo hacia él. “¡Jehová me dijo que lo matara!”.
El tipo, que igualmente siempre había sido un fanático de su estúpida religión, pero que no estaba tan loco como su esposa, entonces le gritó: “¡¿Jehová?! PERO QUÉ ESTUPIDEZ MÁS GRANDE ESTÁS DICIENDO…”
“Te dije que nuestro hijo era autista, y que por lo tanto debíamos de dejar de hacer ruidos aquí en este templo…, pero tú no quisiste hacer caso. Ahora entonces verás…”
El tipo rápidamente salió de la habitación, se fue a la cocina y luego regresó. Su esposa asesina, al ver que sostenía un cuchillo en su mano, se puso a decir: “Por Jehová te lo pido.¡NO LO HAGAS! Te lo pido y suplico… ¡No me mates!”.
Pero el hombre no le hizo caso. Poniendo sus oídos sordos hacia los ruegos y súplicas de su esposa, se acercó hasta ella y, moviendo rápidamente su mano, enterró todo el cuchillo en su cuello…
“Jehová te ama. Jehová me ama”, susurró la mujer, mientras que la vida se le escapaba por el hueco de su cuello.
FIN
ANTHONY FLEMING SMART
Febrero/28/2026
9:42 p.m. Saturday



