Rúbrica
Por Aurelio Contreras Moreno
Durante el segundo semestre de la administración de Rocío Nahle en Veracruz, así como en el inicio de 2026, se han exhibido de manera cruda algunas de sus más severas limitaciones, ineptitudes y corruptelas, mismas que, por más que pretenden cubrirlas con simulaciones y propaganda, brotan por todos lados, pestilentes.
Los casos recientes de la Secretaría de Salud y la Universidad Popular Autónoma de Veracruz (UPAV) son ejemplos claros del desaseo con el que se gobierna la entidad y que, al verse expuesto, se ha pretendido maquillar con “gatopardismo” político, recurriendo a movimientos en los que se cambia todo –o eso pareciera-para que nada cambie.
El cantado relevo en la Secretaría de Salud es el mejor ejemplo de lo anterior. Después de un año de verdadero terror, Valentín Herrera Alarcón salió defenestrado, humillado y responsabilizado de facto por la deplorable situación de la dependencia, que explotó con la crisis del pago del bono navideño en forma de vales de despensa y luego con el retraso de la primer quincena de 2026, en lo cual el ahora exfuncionario –que muy arrepentido debe estar de haber venido a enlodar su nombre a Veracruz- no tuvo realmente mucho que ver, pues el dinero se maneja en otro lado: en la oficina de David Rangel Zermeño, para ser exactos.
Lo verdaderamente sintomático es que Rangel, el director administrativo de los Servicios de Salud de Veracruz sobre quien pesan múltiples señalamientos por, literalmente, saquear el área, se mantuvo en su puesto junto con sus operadores en Recursos Humanos y Recursos Financieros. ¿Cuál fue entonces el cambio real?
El propio nombramiento de la sucesora de Valentín Herrera, Mariela Hernández García, como nueva secretaria de Salud, presentado por Rocío Nahle como un acto de renovación y compromiso, es un chasco. La exalcaldesa de Las Choapas llega al cargo no solo luego de haber perdido la elección municipal –por algo sería-, sino tras haber recibido observaciones del Órgano de Fiscalización Superior (Orfis) por presunto daño patrimonial durante su gestión municipal, además de denuncias ciudadanas por obras inconclusas y recursos desviados. ¿Ella va a encabezar la limpieza en una dependencia contaminada de corrupción hasta la médula?
Pero Salud es solo uno de los ejemplos de lo que está mal en el gobierno de Veracruz. Otro es la Universidad Popular Autónoma de Veracruz (UPAV). Bajo la administración de Nahle, la institución ha sido escenario de corrupción y de una malversación de recursos tan descarada, que se vieron obligados a realizar detenciones de exfuncionarios a los que se pretende cargarles todo lo que otros se “comieron” completo.
Este fin de semana fueron aprehendidos el exrector Sergio Torres Mejía, su auxiliar administrativo Víctor de Jesús Magaña León, y la exjefa del Departamento de Servicios Financieros y exdirectora de Educación Superior de la institución Frida Narayana Cortés Millán, a quienes se les achacan los delitos de peculado e incumplimiento de un deber legal, por lo cual se les impuso la medida cautelar de prisión preventiva justificada por un año.
Prácticamente desde su creación en el sexenio de Javier Duarte de Ochoa, la UPAV ha sido una caja chica millonaria en donde muchos, en los gobiernos que siguieron, han metido mano. Y en la “4t” no ha sido la excepción. Ahora mismo están “bailando” 800 millones de pesos.
Solo que no es creíble que esos tres exfuncionarios, de nivel muy menor, se hayan “comido” ese “pastel” solos. Y varias voces apuntan a que desde la misma Secretaría de Educación de Veracruz se operó un desfalco que tiene a esa institución de educación superior al borde de la implosión, con cientos de trabajadores echados a la calle y miles de alumnos al garete, sin la certeza de si podrán continuar con sus estudios y si estos tendrán validez oficial.
Los casos de Salud y la UPAV no son aislados. Forman parte de un patrón que define la administración de Rocío Nahle: se privilegia la lealtad política sobre la capacidad técnica; las estructuras de corrupción y opacidad permanecen intactas; se culpa a gestiones anteriores, pero nunca se asume la responsabilidad propia; y las instituciones se convierten en espacios de compadrazgo y pago de favores.
El gobierno de Rocío Nahle es como un teatro de sombras. Se cambia de actores, pero no el guion. La Secretaría de Salud, en manos de una exalcaldesa con observaciones de daño patrimonial y una estructura de corrupción intacta a su interior. La UPAV, convertida en botín político y financiero.
Y apenas comienza el segundo año.
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