Columna de opinión
La Costumbre del Poder: Asesinar periodistas
Gregorio Ortega Molina
* ¿No cree, lector, que matar con la palabra es tanto o más cruento que asesinar a balazos, porque la víctima vive, después, en el descrédito, la soledad e incluso el desprecio de la familia?
Gregorio Ortega Molina
En diversas ocasiones hemos puntualizado que AMLO no es un asesino, no carga armas, no ordena ejecuciones, su especialidad es otra, tiene que ver con lo verbal, el descrédito, el denuesto, la descalificación. Transforma en víctima social a quien odia, pero también a quien teme. ¿Qué significa y cuáles pueden ser las consecuencias?
La otra vertiente de los asesinatos de periodistas es la impunidad. Los sicarios que empuñan las armas y los matan, lo hacen porque se saben cobijados por los acuerdos entre autoridades y barones del crimen organizado. Además, les da confianza la “moralidad” de la que goza el entorno presidencial. Es la más perniciosa manifestación de la corrupción a la manera de vivir. Los míos están más allá de la ley, o peor: “no me salgan conque la ley es la ley”. Así de simple.
La corrupción es favorecida por el poder, y porque éste hace creer a los seres humanos que lo detentan y lo abusan, que son diferentes, que no son iguales, que están más allá de esas deidades olímpicas. Confirmarlo, sólo requiere de una detenida lectura de El último encuentro, donde Sándor Márai pone en boca del personaje lo siguiente:
“Somos occidentales, o por lo menos llegados hasta aquí e instalados. Para nosotros, matar es una cuestión jurídica y moral, o una cuestión médica, un acto permitido o prohibido, un fenómeno limitado dentro de un sistema definido tanto desde un punto de vista jurídico como moral. Nosotros también matamos, pero lo hacemos de una forma más complicada: matamos según prescribe y permite la ley. Matamos en nombre de elevados ideales y en defensa de preciados bienes, matamos para salvar el orden de la convivencia humana… Porque no es verdad que el cazador mate para obtener su presa. Nunca se ha matado solamente por eso…”.
Allí está el contexto en que se acotan los elevados ideales, la defensa de una moral nueva en la que ya no caben las trácalas de Benito Juárez, ni de Francisco I. Madero o Lázaro Cárdenas. No hay justificación a los abusos de poder.
¿No cree, lector, que matar con la palabra es tanto o más cruento que asesinar a balazos, porque la víctima vive, después, en el descrédito, la soledad e incluso el desprecio de la familia?
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Carece de peso político si el agravio de Donald Trump a AMLO es cierto o falso; lo importante es encontrar la respuesta a la pregunta: ¿Por qué lo infligió? Porque acá permanecerían mudos, como momias.
www.gregorioortega.blog
@OrtegaGregorio
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