Columna de opinión
La Costumbre del Poder: ¿Cuánto de la L-12 se desvió a las manos del Rey del cash?
Gregorio Ortega Molina
* Pero carece de importancia, porque el señor López no desea irse a La Chingada, ese rancho de origen incierto y de nombre tan peculiar, porque ya le agarró querencia al poder y a las habitaciones de Palacio Nacional, los servicios de seguridad que no son el Estado Mayor, pero huelen, caminan y graznan como el Estado Mayor Presidencial
Gregorio Ortega Molina
Después de la lectura de lo narrado por Elena Chávez, resulta lógico suponer que Marcelo Ebrard se siente con derecho de prelación, y tiene la certeza de contar con el primer boleto para la rifa del tigre. Se sueña ya entre las sábanas del poder.
Cuenta la periodista Chávez que el entonces jefe de Gobierno, Marcelo Ebrard, y su supuesto incondicional, Mario Delgado, diseñaron un esquema de desecación del presupuesto del Metro y de lo destinado a la construcción de la Línea Dorada, para satisfacer las necesidades personales, políticas y de grupo del siempre insaciable de recursos, Andrés Manuel López Obrador. Lo que después ocurrió en la Línea 12 dejó un olor más fuerte que el aroma a podrido de Dinamarca.
Todo indica que efectivamente hubo y hay corrupción, que no se castiga y que dejó de tener importancia jurídica en cuanto hubo muertos. Lo que se llevaron costó vidas y, obviamente es legítimo pensar que la candidatura de Andrés Manuel y su triunfo electoral, tiene una buena parte sustentada en cadáveres. ¿Cuántos? ¿Sólo los del derrumbe del tramo elevado del metro? Imposible saberlo. Hacerse con el poder exige sacrificios, aunque paguen otros lo que se siembre en el camino.
¿Permitirá la sociedad que los culpables se vayan indemnes a disfrutar de sus fortunas? ¿Los electores cerrarán los ojos ante el balance de este gobierno y frente a la manera en que Marcelo Ebrard contribuyó a sentarlo en la silla del águila? ¿Será que efectivamente ya no hay corrupción ni latrocinio en el gobierno, pero está lleno de corruptores?
Hay quienes tienen información sobre los hechos y desviaciones que costaron vidas y permitieron la creación de sólidas fortunas, pero guardan silencio en la creencia de que es un salvoconducto, sin detenerse a considerar siquiera que se convierten en cómplices de muchos, muchos crímenes, entre ellos la muerte de los pasajeros.
Pero carece de importancia, porque el señor López no desea irse a La Chingada, ese rancho de origen incierto y de nombre tan peculiar, porque ya le agarró querencia al poder y a las habitaciones de Palacio Nacional, los servicios de seguridad que no son el Estado Mayor, pero huelen, caminan y graznan como el Estado Mayor Presidencial.
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@OrtegaGregorio
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