* Un viaje con el Papa a Mongolia para que el autor se cuestione sobre su propia fe y la posibilidad o no de la vida eterna es el origen de un texto ciertamente ambiguo y a veces absurdo, porque el tema parece ser Javier Cercas tras un pontífice que suda Fe, transpira verdad
Gregorio Ortega Molina
Hay una gran distancia entre los conceptos fe y confianza. Expresan dos mundos y dos actitudes distintas. La segunda se da en las relaciones humanas, en las actividades políticas y empresariales, en los proyectos en los que el fracaso siempre es una posibilidad, y el éxito una apuesta a las habilidades profesionales desplegadas para lograr lo propuesto.
La fe es un obsequio, un don, una gracia que se manifiesta en la actitud humana transformada en un acto volitivo que no se cuestiona sobre lo que no ve, no percibe, pero -supongo si parto de mi ignorancia- acepta como único camino para satisfacer esa inquietud que lo conduce a aceptar una verdad que lo trasciende. Los textos bíblicos lo afirman de la siguiente manera: “Nadie puede llamar a Jesús Señor si no es por el Espíritu Santo”.
Así lo traducen los que saben del tema: “Significa que el reconocimiento genuino de la autoridad y deidad de Jesús no proviene de la sabiduría humana, sino de la revelación y convicción interna dada por el Espíritu Santo. Es un sello de conversión que capacita a la persona para someterse a Cristo”.
Las consideraciones me las hice antes y después de la lectura del último libro de Javier Cercas (lo adquirí por mi experiencia con Anatomía de un instante y Soldados de Salamina), El loco de Dios en el fin del mundo, texto escrito en la búsqueda de una única respuesta para llevar a su madre: ¿hay o no vida eterna? El tema se le convierte en una obsesión, pero no deja de subrayar que él es un no creyente y, sin embargo, en medio de conversaciones con diversos interlocutores eclesiásticos y vaticanistas, también se pregunta y les pregunta el porqué Francisco pontífice no habla de Dios.
Uno o varios de sus interlocutores le hacen notar que para hablar de la divinidad no es necesario nombrar a Dios, pues la actitud de Francisco, su empeño en corregir errores de la administración humana en el Vaticano, o desviaciones en la administración de los Sacramentos, habla de la presencia de Dios en su ministerio como pontífice.
Un viaje con el Papa a Mongolia para que el autor se cuestione sobre su propia fe y la posibilidad o no de la vida eterna es el origen de un texto ciertamente ambiguo y a veces absurdo, porque el tema parece ser Javier Cercas tras un pontífice que suda Fe, transpira verdad.
@OrtegaGregorio





