Columna de opinión
La Costumbre del Poder: Las FFAA con los mexicanos o con el gobierno
Gregorio Ortega Molina
* En medio de los supuestos que no se cumplen, precisamente por la condición humana, se muestra que los oficiales del Ejército y la Marina, quieren ser como los directores generales, oficiales mayores, subsecretarios y secretarios, cuando no les da por convertirse en cresos como Carlos Slim o Germán Larrea, son sus metas en lo más recóndito de sus verdaderas aspiraciones. Son seres humanos, pues.
Gregorio Ortega Molina
Los operativos DN-III y otras actividades que involucran ayuda a los civiles, abrió la confianza de buena parte de los mexicanos en soldados y marinos, a pesar de que diezmaron a la guerrilla, del 2 de octubre y del diez de junio, y más se lesionará esa imagen cuando la “verdad histórica” deje absolutamente claro qué ocurrió con los muchachos de Ayotzinapa, en manos de quiénes entregaron su aliento.
Lo verificable es que han perdido el afecto que los mexicanos tuvieron por los soldados. Sentían orgullo al verlos desfilar el 16 de septiembre y cuando coincidían en el Zócalo durante la ceremonia del izamiento de la bandera, que se ha convertido en objeto, porque a paso veloz deja de ser símbolo de unidad, de respeto, de amor a una patria que se desdibuja.
La Cuarta Transformación modificó la relación entre las FFAA y los mexicanos. Por más comprados por los plásticos del bienestar, se percatan que militares y marinos participan de las tareas administrativas de gobierno ahí donde hay, lugar donde los corruptos de siempre exigían que los mandaran: “sólo póngame donde hay”: obra pública, aduanas, aeropuertos, puertos, ferrocarriles, hoteles, desarrollo turísticos. Total, que civiles y militares se confunden entre ellos en las tareas de administración de los bienes nacionales.
La codicia los iguala, la corrupción los hermana. A fin de cuentas, también son humanos. André Malraux y Hannah Arendt lo supieron, por ello coinciden en el título de sus ensayos: la condición humana. En medio situamos la observación de Arthur Koestler, registrada en El demonio de Sócrates:
“De un lado se encuentra toda la pirámide social compleja de las clases superiores y medias con subdivisiones complicadas e infinitas, pero con ciertas aspiraciones y valores con una base común: una imagen colectiva de vida cultivada, que cada cual se esfuerza en imitar, aún a riesgo de ser ridículo. Por otro lado, todo eso se rechaza. Definitivamente se da la espalda a su estilo de vida, su escala de valores, sus modas de conducta”.
En medio de los supuestos anteriores que no se cumplen, precisamente por la condición humana, se muestra que los oficiales del Ejército y la Marina, quieren ser como los directores generales, oficiales mayores, subsecretarios y secretarios, cuando no les da por convertirse en cresos como Carlos Slim o Germán Larrea, son sus metas en lo más recóndito de sus verdaderas aspiraciones. Son seres humanos, pues. Son como uno, diría mi abuela.
@OrtegaGregorio
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