InicioGregorio Ortega MolinaLa Costumbre del Poder: Mutilaciones II/V

La Costumbre del Poder: Mutilaciones II/V

* La neurocirujana Dulce Bonifacio me muestra en un video la manera en que restablece la luz física en ese receptáculo, más acá del ámbito en que se enmarcan la fe, la confianza en esa divinidad con la que nacemos y morimos. La luz que determina la presencia o no del hálito de vida es imposible de mutilarse, tampoco se desconecta ni apaga con interruptor, sólo deja de estar cuando así lo determina quien nos coloca en esta milenaria tierra

Gregorio Ortega Molina

 

La ablación es para el alivio físico, para extirpar el dolor y el daño, a menos de que los médicos erren el tiro. Mutilar es la solución final a la gangrena, ya sea social o física. La narrativa política determina el ámbito de la mutilación.

Mutilar socialmente cae dentro del quehacer político. Adolfo Hitler, Stalin, los dictadores de América Latina y los conspicuos destructores de la democracia para imponer un engaño, una hipótesis, un pretexto: la república bolivariana. Los mexicanos conocemos del daño causado por mutilar las instituciones, a la mafia del poder, a la inteligencia, e incluso del esfuerzo por hacerlo con la verdad.

Pero hay otro daño, más profundo e inolvidable: la mutilación moral. Ésta se inicia en el sector salud de nuestro México (lo sostengo porque acabo de vivir 9 intensas jornadas en el Hospital 20 de Noviembre, eficiente por sus médicos y enfermeras, por su equipamiento, pero no por su imagen), cuando el daño físico arrebata la presencia intelectual, espiritual, el hálito de vida, pero -por unos días, al menos- te deja la carcasa vaciada de todo aliento vital, que permanece oculto y en desafío a que le insuflen vida de nuevo.

     Precisamente en ese hospital hay una discreta campaña para prevenir el infarto al cerebro, enfermedad que oculta lo que ha sido una vida, grande o pequeña, hasta recuperar las funciones totales que ese motor de voluntad que es precisamente el cerebro, restablece precisamente su quehacer. No en su totalidad, pero se puede aparentar normalidad, tal como la aparentan nuestras distinguidas autoridades de la 4T, encabezadas por Andrés Manuel López Obrador.

¿Quién o quiénes sufren más durante este episodio? El que momentáneamente olvida, o la familia que azorada constata que su ser querido está sin estar, parece ausente, aunque por dentro libra una enorme batalla para restablecer los circuitos rotos que provocaron el momentáneo apagón del hálito espiritual, que no se fue, pero permanece en suspenso; que esa pausa sea breve depende, en primer término, del personal que atiende sus lesiones en el quirófano y después durante la hospitalización. La neurocirujana Dulce Bonifacio me muestra en un video la manera en que restablece la luz física en ese receptáculo, más acá del ámbito en que se enmarcan la fe, la confianza en esa divinidad con la que nacemos y morimos.

La luz que determina la presencia o no del hálito de vida no se mutila, tampoco se desconecta ni apaga con interruptor, sólo deja de estar cuando así lo determina quien nos coloca en esta milenaria tierra.

@OrtegaGregorio

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