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Columna de opinión

La Costumbre del Poder: Sheinbaum, el único acierto de AMLO

Gregorio Ortega Molina

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Gregorio Ortega
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* Es momento de rescatar las cifras de los desaparecidos y los ojos de esas familias que desconocen y desconocerán, por siempre, lo ocurrido a los suyos, o la sonrisa de Rubén Rocha Moya, o el ilimitado gasto de los López Beltrán, donde no existe justicia ni moralidad. Pienso en nuestras quejas o lamentos. Reordeno hechos y palabras de Claudia Sheinbaum Pardo y caigo en la cuenta de que ella cumple, a cabalidad, la función para la cual fue destinada: provocar y desestabilizar. Así fue en sus años mozos, así se conduce hoy.

Gregorio Ortega Molina

 

La conducción que mujeres y hombres hacen de las entidades nacionales sustentadas en instituciones republicanas y en un proyecto de nación, dista mucho de ser desafío constante.

Quienes aspiran a trascender en el quehacer político, en la administración del poder y de los bienes nacionales, saben de la importancia de la paz social, del necesario alejamiento de la confrontación y el desorden, de la ineficacia de provocar, del costo de la desestabilización desde el poder, con la pretensión de transformarse en José Stalin, en Adolfo Hitler, en Rodolfo Fierro, en Plutarco Elías Calles. Tarde aprenden que la sombra del caudillo no es eterna y carece de la densidad necesaria para abarcarlo todo.

Esta cuarta seudo transformación obliga a reconsiderar, una y mil veces, lo legado por Sándor Márai en El último encuentro, lo que va de lo que puede saberse hasta la aceptación sonriente de la necesidad de matar, o de la elección del destino. No te elije, tú decides lo que quieres ser.

“Uno siempre conoce la verdad, la otra verdad, la verdad oculta tras las apariencias, tras las máscaras, tras las distintas situaciones que nos presenta la vida”, lo que puede comprobarse, como puede saberse que los otros datos nunca existieron, quedaron ocultos debajo del pañuelo blanco y la cínica sonrisa de Andrés Manuel López Obrador.

Luego, en la misma narración, un fragmento de esas conversaciones sólo sostenidas entre los que mandan y los que creen obedecer, porque no aceptan que ansían ser mandados, sojuzgados humillados: “Para nosotros, matar es una cuestión jurídica y moral, o una cuestión médica, un acto permitido o prohibido, un fenómeno limitado dentro de un sistema definido tanto desde un punto de vista jurídico como moral”. Es momento de rescatar las cifras de los desaparecidos y los ojos de esas familias que desconocen y desconocerán, por siempre, lo ocurrido a los suyos, o la sonrisa de Rubén Rocha Moya, o el ilimitado gasto de los López Beltrán, donde no existe justicia ni moralidad.

Pienso en nuestras quejas o lamentos. Reordeno hechos y palabras de Claudia Sheinbaum Pardo y caigo en la cuenta de que ella cumple, a cabalidad, la función para la cual fue destinada: provocar y desestabilizar. Así fue en sus años mozos, así se conduce hoy.

Márai lo supo bien y a tiempo: “Uno también construye lo que le ocurre. Lo construye, lo invoca, no deja escapar lo que le tiene que ocurrir. Así es el hombre. Obra así incluso sabiendo o sintiendo desde el principio, desde el primer instante, que lo que hace es algo fatal”. Y sí, veamos en lo que nos convirtieron con la cuarta transformación.

 

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Comparto la opinión de una lectora, que ratifica lo que vemos y padecemos:

“Qué horrible es el poder absoluto. El gobierno, dizque de izquierda, con López a la cabeza, emuló a Luis XIV, el Rey Sol, hasta un palacio quiso. Se debe la mitad de lo que se produce. Y al estilo de un supuesto dicho de María Antonieta con los pasteles y el pueblo, AMLO y Sheinbaum dicen: Que se curen el cáncer con aspirinas y no se enfermen”.

@OrtegaGregorio

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