Columna de opinión
La culpa
Magno Garcimarrero Ochoa
Magno Garcimarrero
Siempre leo con ánimo burlesco las noticias de nota roja, en las que los reporteros narran los accidentes refiriéndolos a las cosas y no a las personas, dicen por ejemplo “Aparatoso encontronazo entre una moto y un taxi”, y nunca se refieren a los individuos que se han involucrado por su torpeza en el incidente.
Las noticas así están a medias. Los lectores no nos enteramos de quienes fueron los protagonistas.
Me parece que no hay razón jurídica ni ética que impida nombrarlos.
Colijo que, lo que sí hay es un complejo místico, casi religioso, de no culpar a las personas, inculpando a las cosas, siguiendo la vieja costumbre aprendida en familia, cuando tras el tropezón del niño en un mueble, la mamá justifica la acción echándole la culpa al mueble. En estos casos siempre me llega a la memoria el día en que me caí de la bicicleta y ante mi lamento, mi padre se rio y dijo: “Ah que bicicleta tan pendeja”.
Sostengo que es una costumbre mística y religiosa que abrevamos consciente o subliminalmente, desde que aprendemos que hay una culpa original, ajena pero heredada, que se lava o expía con agua, o mediante la sangre de un animal; clásicamente “el chivo expiatorio”. Se sabe que hubo reyes europeos que tenían a su servicio niños expiatorios que recibían los golpes que merecía el delfín.
También recibimos con la “Conquista” la creencia de que existió alguien que lavó con su sangrienta muerte nuestras culpas… aunque no nos detengamos a pensar que no fue para tanto, dado que esa muerte solamente duró tres días tras de los cuales resucitó.
Pocas personas hay que reconocen sus culpas y responsabilidades, por lo regular nos “lavamos las manos” achacándoselas al prójimo (a) más cercano (a)… e incluso a objetos, como dije antes: al filo del cuchillo de la cocina, a la ineficacia de los frenos del auto, a la suela despegada de la chancla; a cualquier cosa o persona con tal de no asumirla propiamente.
Tenemos que comenzar a entender que, hasta una lata de chiles jalapeños recién abierta, es peligrosa en manos de un pendejo.
M.G.
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