Utopía
Eduardo Ibarra Aguirre
Si Donald John Trump preside en forma “provisional” Gaza porque así lo impuso a sangre, fuego, hambre y frío el convicto de 34 delitos que preside Estados Unidos, a razón de qué el halcón y furibundo anticomunista Marco Rubio no puede fungir como el “presidente temporal” de la patria de Simón Bolívar, mientras la nación invadida y bombardeada en deshoras de la madrugada como actúan los hampones, hasta lograr una “transición apropiada” y las trasnacionales petroleras del imperio de las barras y las estrellas se encarguen del manejo del petróleo, lo que significa la resurrección de la decimonónica Doctrina Monroe: “América para los americanos”, aplicando el gentilicio a los ciudadanos estadunidenses y negándoselos a los de América Latina y el Caribe para hacerlos objetos de dominación y colonización en pleno segundo cuarto del siglo XXI.
Mas en tiempos de predominio de la guerra de relatos o narrativas, la que expuso y defendió desde su principesca mansión el harto enriquecido Juan Donaldo por la vía de la corrupción pública y privada, tiene notables contradicciones, escasos argumentos y un endeble hilo conductor que lo mismo justifica el secuestro del presidente Nicolás Maduro Moros y su esposa Cilia Adela Flores, que una desbordada presunción de la perfección del operativo castrense y policiaco para realizarlo sin ningún muerto o herido gringos y ocultando los más de 40 venezolanos asesinados por los invasores que el mismísimo Donald John denominó “Show televisivo” porque en su visión la vida de los desposeídos del mundo “No vale nada” –como decía el clásico cantautor guanajuatense–, tal y como aún lo ostenta con el bombardeo de lanchas frente a las costas de Venezuela y Colombia, en aguas internacionales, asesinando en forma alevosa y cobarde a más de 40 humildes pescadores, mientras el funcionariado de la Organización de las Naciones Unidas volteaba hacia otro lado. Cuatro meses después del silencio casi cómplice con los desmanes de la Casa Blanca en el Caribe, el secretario general António Guterres se dignó a emitir un pronunciamiento moderadamente crítico, después del niño ahogado.
Contradicciones aparte del belicoso y chantajista discurso imperial con el que rebautizaron como la “Doctrina Donroe” en el centro, es notoria la completa falta de correspondencia entre aquel y lenguaje corporal de un plutócrata-presidente agotado y que a sus 79 años de edad con frecuencia cerraba los ojos y parecía dormitar de pie, lo que nunca hizo ni “el dormilón (Joseph) Biden”; en tanto el joven el aprendiz de secretario de Guerra y exconductor de televisión, Pete Hegseth, daba rienda suelta a su euforia. Era relativamente sencillo imponer la voluntad imperial estadunidense en los países del Sur global hasta que los hartaron y terminaron derrotados en Corea, Vietnam, Laos, Camboya, Irán, Afganistán, Irak…
A pesar de la perfección del operativo intervencionista en Venezuela fueron descuidados los argumentos políticos y jurídicos y resultó inocultable el supremo interés de la Casa Blanca, el complejo militar industrial y la plutocracia en la enorme riqueza petrolera y gasífera, minerales y de tierras raras de la nación suramericana y sin el menor recato lo puso de relieve en su discurso el otrora cliente VIP de Jeffrey Epstein.
La negación casi completa de la arquitectura jurídica internacional en la agresión castrense a Venezuela, en particular la carta fundacional de la ONU, provocó enseguida que las más diversas voces gubernamentales, legislativas, políticas, académicas, artísticas e intelectuales, además por supuesto de las sociedades de los cinco continentes, rechacen en las calles y las pantallas, las redes sociales y los micrófonos con claridad y energía los arrebatos imperiales de Donald John y el grupo de halcones que lo rodea y mal asesora, a pesar de que 70 por ciento de los ciudadanos estadunidense rechazan que su país se involucre más todavía en una nueva aventura imperialista en América del Sur y aún más si DJT ignora al Congreso bajo el argumento de que era una acción secreta y asumió atribuciones exclusivas del Senado de Estados Unidos.
Lo que está en el centro del operativo intervencionista del megalómano y súper mentiroso presidente Trump no es la naturaleza del gobierno que encabezaba Maduro Moros, como lo ilustra muy bien el hecho de que críticos severos de su gestión real o presuntamente dictatorial no están de acuerdo con las formas intervencionistas del marido de Melania y su atropello a las funciones del Poder Legislativo de USA
Las críticas al desvarío trumpista y su grupo gobernante son de una multiplicidad novedosa porque el agravio y las amenazas son tan escandalosas y carentes de argumentos medianamente sólidos que hasta voces de la extrema derecha, como la de Marine Le Pen, en Francia, lo han repudiado debido a que está en juego la soberanía de los 193 Estados que forman parte de la Organización de las Naciones Unidas y la autodeterminación de todos los pueblos.
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