José Luis Parra
En política, el chantaje no se cobra con dinero. Se paga con gubernaturas.
Y en la llamada Cuarta Transformación el menú está servido: Zacatecas, San Luis Potosí y Quintana Roo figuran como platillos de alta demanda en las mesas de los aliados incómodos de Morena.
Mientras las negociaciones por la Reforma Electoral suben de tono en las cámaras del Congreso, los socios minoritarios de la alianza oficialista le recuerdan al partido guinda que para los votos se necesita algo más que cariño ideológico. El Partido Verde y el Partido del Trabajo tienen claro que sin sus votos no hay cambios constitucionales, y se relamen los bigotes como gatos de tejado viendo un canario distraído.
El PT, siempre fiel pero no tanto, quiere Zacatecas. En teoría ya negoció con la secretaria Rosa Icela Rodríguez en un encuentro que algunos en Palacio leyeron como sumisión. Pero el coordinador de los petistas, Reginaldo Sandoval, se encargó de apagar esa lectura: “No hay iniciativa aún”, dijo. Traducción: No hay trato hasta que nos den algo firme.
Ese “algo” podría ser la gubernatura de Zacatecas. ¿El beneficiario? Saúl Monreal, sí, el hermano del Monreal que incomoda a Palacio. Saúl ya fue descartado por Morena gracias a la regla anti-nepotismo, pero si lo postula el PT… bueno, la moral puede ser flexible cuando hay reformas de por medio.
Verde que te quiero… gobernar
El Verde Ecologista no se queda atrás. Tiene en la mira dos estados: San Luis Potosí, donde gobierna su franquiciado Ricardo Gallardo, y Quintana Roo, donde manda Mara Lezama pero no tanto.
En tierras potosinas, el Verde empuja la candidatura de Ruth González, esposa del gobernador. Y en el Caribe, apuesta por Renán Sánchez Tajonar, dirigente estatal de ese partido. Ninguno de los dos entusiasma a la dirigencia nacional de Morena ni a Palacio Nacional. El primero por obvias razones de consanguinidad, el segundo porque ni con aletas levanta en las encuestas.
Pero qué más da: si Morena quiere la Reforma, que pague la tarifa. Y el precio, según los verdes, no incluye intermediarios indeseados.
Adán no, gracias
El senador Luis Armando Melgar, del Verde y con línea directa al señor Salinas Pliego, fue claro: Adán Augusto no es interlocutor válido. El hombre quiere sentarse con Rosa Icela Rodríguez. Nada de intermediarios, ni Adán ni Pablo Gómez. “Somos pares”, dijo Melgar, como quien se mira en el espejo y ve a un prócer.
El problema es que la reforma aún no nace y ya tiene más condiciones que un préstamo bancario. Si Rosa Icela tuviera que atender cada capricho de aliados morales y no tanto, necesitaría una agenda tamaño sábana y un frasco de ansiolíticos.
Intercambio de votos por parcelas
Las gubernaturas se negocian como fichas de ajedrez. Se reparten en el tablero legislativo. No hay programa, no hay ideología. Hay necesidad. Y Morena, urgida de mayorías, debe ceder territorios si quiere reescribir la Constitución.
Esa es la lógica de la política a la mexicana. Si quieres que te firmen la tarea, primero pasa por la tiendita a comprarles un dulce.
Y a todo esto, ¿la Reforma Electoral? Bien, gracias. Aún no existe, pero ya está hipotecada.
Gritos patrioteros y guerra de verdad
Y mientras los diputados se pelean por quién se queda con qué pedazo del pastel, en el norte suenan tambores que no tienen nada de ceremoniales. Allá, del otro lado del Río Bravo, el ejército gabacho afila bayonetas para una eventual intervención quirúrgica (dicen ellos) en territorio mexicano, contra los cárteles que exportan fentanilo y muerte.
Pero aquí, nuestros políticos valientes ondean la bandera como capa de torero. Piden respeto a la soberanía, se golpean el pecho, invocan la Constitución y hasta hablan de dignidad nacional… pero callan cuando se trata de enfrentar al narco en serio. Prefieren pactar, administrar la tragedia y negociar gubernaturas, que poner orden en casa.
Quizá sea hora de que esos patriotas de micrófono y fuero den un paso al frente. Que muestren el pecho —y no sólo para la foto— y clamen a voz en cuello: “¡Que empiece la batalla!”
A ver si es cierto.





