Rodolfo Villarreal Ríos
Hoy, presenciamos los estertores de lo que un día pareció ser el camino de un pueblo hacia la democracia. Aquello, sin embargo, terminó convertido en un modelo represivo incapaz de proveer a sus ciudadanos con mejores estándares de vida, además de transformar al país en una cárcel. Ante eso, un mexicano-provinciano -fronterizo, ya con varias décadas en las alforjas, se puso a rememorar como ha visto ese proceso a lo largo de los años. No es un experto en el tema, pero eso no le ha evitado que desde la infancia preste atención a lo que sucede en la isla caribeña. Partamos hacia el recorrido.
Si bien no puede presumir de recordar los inicios de la Revolución Cubana, de hacerlo pasaría por falsario. Ni siquiera puede decir que tiene una remembranza clara de las noticias sobre la fallida invasión a Bahía de Cochinos ocurrida en abril de 1961. Su recolección da inicio un poco más tarde, en octubre de 1962.
Es de hacerse notar que, al infante de entonces, lo que ocurriera en Cuba no era necesariamente lo más importante. Otros eventos estaban latentes en el entorno familiar. Su padre sufrió un quebranto de salud muy serio. A la par, se esperaba la llegada de su hermano menor. En medio de su inconciencia infantil, se daba tiempo para prestar atención a lo que sucedía en el Yankee Stadium y el Candlestick Park en donde los Yankees de New York y los Gigantes de San Francisco, se disputaban la Serie Mundial. Entre el jueves 4 y el martes 16 de octubre, al menos en aquel pueblo, las voces que más se escuchaban en la radio eran las de Eloy “Buck” Canel y Rafael “Felo” Ramírez quienes, a través de la llamada Cabalgata Deportiva Gillette, narraban los partidos, mientras que en el televisor se observaban las imágenes con el volumen apagado. Si bien, el día 16, le emocionó ver, como se coronó su equipo favorito, los Yankees, con su limitada perspectiva de infante provinciano, había algo que lo inquietaba al haberlo leído en la prensa, que diariamente revisaba.
En las páginas de Excélsior, La Voz del Norte y El Bravo, estos dos últimos diarios editados en su natal Piedras Negras, al igual que en la televisión estadunidense, se informaba de la Crisis de los Misiles que se vivía entre los Estados Unidos de América, la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas y Cuba. En ese contexto, al infante de entonces una miembro del segundo círculo familiar se encargaba, plena de intenciones insanas, de hacerle ver que existía el riesgo de que los beligerantes decidieran hacer uso de sus armas y “hasta aquí llegamos.” El aspirante a historiador, muchísimos años después, habría de estudiar y analizar con cuidado dichos acontecimientos y confirmaría que en efecto el mundo estuvo a un paso de retornar a la edad de piedra. Pero cuando a un chamaco de siete años se le restriegan eventos como los que pudieron haber sucedido, aquello no era más que un acto de odio y crueldad, algo que esa persona exudaba. Dejemos digresiones familiares y volvamos al tema.
El punto central del conflicto se situaba en Cuba en donde Fidel Castro Ruz había decidido que en lugar de ser colonia estadounidense habría de convertirse en una soviética. El chamaco de entonces tenía una noción no del todo clara sobre quien era Castro pues en alguna ocasión escuchó sus discursos incendiarios denostando a los estadounidenses, transmitidos por la radio través de una estación de onda corta, una banda en donde, también, era posible oír a la hermana del líder cubano, Juanita, despotricar en contra de sus consanguíneos Fidel y Raúl, el tiempo mostraría que sus comentarios no estaban errados. En aquellos días, el infante se quedaba corto en el análisis al carecer de parámetros.
Para entonces, todavía no registraba en todo su valor la actuación de la diplomacia mexicana cuando en la OEA, en enero de 1962, México fue el único país que se opuso a la expulsión de Cuba de dicho organismo. Eso sí, al igual que la gran mayoría de los mexicanos vivía el espejismo de la admiración hacia el presidente estadounidense, John Fitzgerald Kennedy, quien acompañado por su esposa Jacqueline Lee Bouvier, visitara, entre el 29 de junio y el 1 de julio de 1962, México. Aquí, fue recibido por el PRESIDENTE DON ADOLFO LÓPEZ MATEOS (editor, por favor, mantenga las mayúsculas). Con el correr del tiempo, cuando el chamaco de antes ya peinaba canas, al ponerse a estudiar la elección y la presidencia de Kennedy, terminó por hacer a un lado cualquier admiración hacia ese personaje, sin que ello implicara dejar de reconocer su actuar impecable durante la Crisis de los Misiles.
Así, pasaron los años y a través de las noticias se enteraría de como aquella Revolución Cubana terminaba siendo una colonia soviética mientras se montaba en el lamento del bloqueo estadunidense. Lo mismo alquilaba tropas para ir a participar en guerras que enviaba a otros para tratar de vender las maravillas del sistema cubano.
Cuando llegó el momento de irse a realizar sus estudios universitarios, se encontró que, en la Autónoma de Guadalajara, Castro era considerado el príncipe de los avernos y nada positivo era vertido acerca del gobierno por él encabezado. Sin embargo, esa perspectiva, como muchas otras que ahí se tenían, le permitió empezar a ver la historia y sus personajes bajo una óptica de objetividad.
Posteriormente, aquel mexicano-provinciano-fronterizo cruzó El Río Bravo hasta llegar al pie de las Montañas Rocallosas para realizar sus estudios de posgrado en la Universidad de Colorado. Al cursar la materia de Agricultura Mundial, se le asignó elaborar una presentación sobre la reforma agraria cubana efectuada en los albores de la revolución. El tema era sensible y así quedó demostrado. El debate se suscitó y no faltó por ahí algún compañero quien lo calificó de partidario de los cubanos, no obstante que afirmó que solamente habían pasado de estar bajo la égida estadounidense a la soviética. Es importante mencionar que seguramente el condiscípulo estadunidense estaba influido por el aspecto físico de aquel mexicano-provinciano quien portaba una barba prominente que lo mismo pudiera generar confusiones entre un rezagado combatiente de la Sierra Maestra o con un admirador de Marx (Karl, por supuesto), ninguno de las dos percepciones era correcta. Tras de discutir por un buen rato, los argumentos se le agotaron al inquisidor y engolando la voz exclamó: “el régimen cubano no puede existir, pues no profesa la democracia americana.” Pronto, el profesor Wyn Owen, australiano de origen, procedió a aclararle al teórico en ciernes que el concepto de democracia no tenía nacionalidad.
Una década después, durante los primeros años de los noventa, del Siglo XX, mientras aquel mexicano-provinciano-fronterizo servía al Estado Mexicano en el área de la pesca, de pronto escucha en la oficina contigua un hablar “acubanado” que le hizo recordar otros tiempos y entornos. Un momento más tarde cruza el umbral de su cubículo un personaje de cabello blanco y piel clara, quien sin mayor preámbulo se presenta y le extiende la mano, al mismo tiempo que le dice: “Enrique Oltusky.” Detrás de él llega Rubén Ocaña Soler, entonces director general de acuacultura, quien le pide atienda al viceministro de Pesca de Cuba, pues él tiene que salir a una reunión.
Durante un buen rato, ignorante de la historia, disfrutó de la charla amena charla del funcionario cubano quien no dejaba de comentarle todas las cosas positivas que se habían logrado en el área a su cargo, al mismo tiempo que le explicaba los avances que en materia educativa y de salud había logrado el gobierno de su país. Nada escuchaba de alabanza a su persona, todo era la revolución y sus dirigentes. En eso, cosa extraña, llegaron la esposa y la hija mayor del escuchante y procedió a presentarlas al visitante quien al preguntar a que se dedicaban y escuchar que una era médico y la otra camino a serlo, procedió a engarzarse en una conversación acerca de si el sistema cubano de salud era superior al estadunidense, todo dentro de un ambiente de civilidad como corresponde a personas de nivel intelectual. alto Para entonces, la curiosidad habíase apoderado del provinciano-fronterizo y al preguntar al respecto le dijeron que Oltusky había sido durante la revolución el amigo del Che Guevara. Sin embargo, había mucha más historia detrás de ello.
Enrique Oltusky no solamente fue el amigo del Che. Antes de ello había estudiado ingeniería en la Universidad de Miami y desde ahí inició su participación en el movimiento revolucionario. Más tarde tendría lo que en su libro, “Gente del Llano,” llama una doble vida. Por un lado, trabajaba como ingeniero en una empresa estadounidense ubicada en Cuba y por la otra coordinaba el Movimiento Revolucionario 26 de Julio en la antigua provincia de Las Villas. Su amistad con el Che, según lo narra en dicha obra, se caracterizó por las divergencias de puntos de vista, aun cuando su objetivo era el mismo. Más tarde al triunfo de la revolución, Oltusky, quien tenía veintiséis años, se convierte en el ministro de Comunicaciones encargado de la nacionalización de la AT&T. La institucionalidad de Oltusky con la revolución es palpable, mientras que en su libro comenta que después de un tiempo él pidió ser cambiado a otra área para emprender nuevas tareas, fue enviado a trabajar en los ingenios azucareros, existen otras versiones de que sus divergencias con la dirigencia revolucionaria fueron la causa de su remoción, o bien que Fidel lo vio como un peligro, hasta que a principios de los setenta fue rehabilitado en los cargos. El mexicano-provinciano-fronterizo no puede olvidar la modestia con que se desempeñaba este personaje de la Revolución Cubana. Recuerda cuando Ocaña Soler iba a realizar un viaje oficial a Cuba y le pregunta, vía telefónica, a Oltuski que sí era factible llevarle algo que requiriera. El viceministro de Pesca de Cuba le response que algunas medicinas y de ser posible un par de cajas de atún enlatado. Al parecer, ese era un caso aislado entre los lideres revolucionarios cubanos cuyas fortunas, hoy en día, se dice alcanzan millones de dólares.
En el contexto de esa Revolución, el provinciano-fronterizo recuerda aquel episodio vergonzante del “comes y te vas” cuando el ignaro con botas se lo dice a Castro Ruz quien años antes había dicho que en Mexico los niños conocían más a Mickey Mouse que a los héroes patrios.
Mientras en el exterior, algunos seguían adorando a la Revolución Cubana, en el entorno interno de aquel país, las cosas iban de mal en peor, pero la figura de Fidel aún era muy fuerte. Cuando este fallece, en noviembre de 2016, las criticas al modelo cubano eran cada vez más enfáticas. Al sucederlo su hermano, Raúl, poco mejoraron las cosas. Cuba, se comenta, acabó convertida en refugio para políticos extranjeros con po$ibilidade$ quienes podían aportar dólares para que siguiera el espantajo vivo. Cuando Raúl ya no pudo continuar, le entrega el poder a Miguel Díaz Canel quien continuó trepado en la cantaleta del embargo estadunidense y la dependencia externa, principalmente el petróleo venezolano y mexicano, además de intensificar el alquiler de supuestos médicos que, según algunos, ni a enfermeros llegan y no son sino sujetos dedicados al adoctrinamiento en pro de la causa cubana. Otro mexicano-provinciano-fronterizo quien visitó la Isla durante los gobiernos de los tres referidos arriba, le ha comentado al chamaco de hace muchos ayeres que el deterioro que percibió era palpable en la primera, pero más grave en cada una de las subsecuentes y lo peor la falta de vergüenza de algunos quienes, sin recato, pedían les regalaran al menos un dólar. Y de otros asuntos, ni para que hablemos hasta vergonzoso resulta sólo mencionarlo.
En eso terminó la Revolución Cubana formando una sociedad de pedigüeños esperanzados a ver quien les ha de dar algo de a gratis. No se observa por ninguna parte el descontento de la ciudadanía ante la situación desastrosa que viven actualmente. Se han acostumbrado a vegetar con lo mínimo hasta el punto de que la ambición individual por superarse y alcanzar mejores condiciones de vida ha quedado arrumbada. ¿O será que, como alguien le comentó al recordante, el problema principal que tendría Cuba si cambian de modelo es que se requerirá una gran fuerza de trabajo y quienes podrían conformarla hace tiempo que se despidieron de ese lugar o de este mundo?
Hoy, aquel mexicano-provinciano-fronterizo está lejos, muy lejos de su lugar natal, ya no escucha la radio en onda corta, se entera de las noticias al minuto, ya no ve partidos de beisbol y muy poco le importa quien juegue en la Serie Mundial, continua revisando el periódico de su pueblo, la barba se la quitó hace mucho tiempo, ha leído, visto y escuchado cientos de veces que la hecatombe mundial se halla próxima, quien sabe cuantos lideres iluminados han circulado por el planeta en todos estos años, y en medio de todo ello, la Revolución Cubana sigue ahí convertida en gobierno hace sesenta y siete años y hoy transformada en un ente carcelario y pedigüeño y clamando que le regalen hasta lo elemental. Sus dirigentes continúan vendiendo fantasías a sus gobernados, pero como dirían en su pueblo “la realidad es canija…” y, ante ella, no valen quimeras. vimarisch53@hotmail.com
Añadido (26.07.25) Con el discurso pronunciado el sábado 14 de febrero anterior en Munich, el secretario de estado de los EUA, Marco Rubio García, demostró que su compadre, en realidad lo son, el vicepresidente James David Vance no va sólo en la carrera hacia 2028. Muy recomendable es que quien no haya visto o leído la pieza lo haga, le será de mucha utilidad para reflexionar sobre lo que realmente está en juego en estos días, más allá de si nos cae bien o mal el presidente Donald John Trump.
Añadido (26.07.26) Una forma excelente de asegurar votos futuros para la $-T es fomentar clases de boxeo en todo el país. Ya sabemos que cada mandarriazo recibido en la cabeza implica un número menor de neuronas. Eso es exactamente lo que requieren para formar una base amplia de votantes.




