El próximo viernes se conmemoran 107 años de la muerte de Emiliano Zapata, abatido en una cálida jornada en la Hacienda de Chinameca. El Estado de Morelos fue como acertadamente lo mencionó Jesús Sotelo Inclán en su monumental “Raíz y Razón de Zapata” un árbol señero en el abrupto paisaje de la Revolución Mexicana. No en vano Chihuahua con Villa y Morelos no Zapata, fueron los Estados de la República que más sufrieron el embate del movimiento revolucionario.
El 10 de abril de 1919, nunca estará exento de polémica, tanto por versiones encontradas entre los apologistas de Zapata que lo definen como una traición y sus detractores como un ardid de guerra, elemento que es válido en las operaciones militares. Es aquí es donde surge la desafortunada figura del coronel Jesús M. Guajardo, comandante del 50 Regimiento de Caballería, quien abatió al General Zapata.
Jesús M. Guajardo, quien al momento de su muerte tenía 27 años y era General Brigadier, nació el 29 de agosto de 1892 en Candela, Coahuila, en el seno de una familia campirana y acomodada. Se dedicó a las labores agrícolas, pero su padre viendo en él una natural inteligencia lo envió a estudiar a Saltillo y a Monterrey. Fue un tipo atractivo para las mujeres, destacaba por el pelo castaño y los ojos verdes, de ahí su posterior apodo: “El Demonio de los ojos verdes”. Estando en Monterrey una bella muchacha cayó rendida a sus pies, un despechado pretendiente de la joven no lo soportó y de manera cobarde atacó a Guajardo por la espalda asestándole varias puñaladas. Guajardo se debatió entre la vida y la muerte, fue llevado a convalecer a su pueblo natal. Al recuperarse de sus heridas, se incorporó a las actividades en el campo, entonces se perfeccionó como un magnífico jinete y tirador.
A partir de ese momento se convirtió en un hombre arrojado y temido. Al estallar la Revolución Constitucionalista en 1913, los revolucionarios pasaron por Candela y el joven Jesús Guajardo se les unió. Al entrar a Monterrey, decidió ajustar cuentas con su agresor, lo encontró y lo mató. Quedó bajo las órdenes de Francisco Coss, pero pronto se hizo mano derecha de Pablo Gonzalez, destacando en innumerables combates, hasta llegar por méritos en campaña, a ser coronel de Caballería del Ejército Constitucionalista.
Cuando Carranza ordenó a González entrar a Morelos para abatir al Zapatismo, Guajardo acompañó a Gonzalez como comandante del 50 Regimiento de Caballería, una unidad de élite. Hasta ahí la estrella del joven coronel iba en ascenso y todo parecía indicar que la suya sería una exitosa carrera militar, pero llegó el mes de abril de 1919, infausto para el Zapatismo, pero también para Guajardo, pues su momento estelar, pronto selló su destino. El joven coronel logró dar la estocada mortal a la Revolución del Sur y como recompensa ascendió a General Birgadier, recibiendo de parte del presidente Carranza una recompensa de $50,000 pesos oro que repartió entre los oficiales que lo acompañaron en Chinameca.
La gloria fue muy efímera para Guajardo, duró tan solo un año. En abril de 1920 estalló la Rebelión de Agua Prieta, la mayoría del ejército desconoció al presidente Carranza. Pablo González estuvo entre los que traicionaron a Carranza y ordenó a Guajardo atacar el convoy presidencial cuando abandonaba la Ciudad de México, Guajardo les lanzó una máquina cargada de dinamita que causó mucho daño a los trenes, pero no logró capturar al presidente. Al triunfar la Rebelión de Agua Prieta, los sonorenses se hicieron del poder. Un par de meses después acusaron a Guajardo de rebelión, este huyó a Monterrey, pero fue delatado, capturado y fusilado el 17 de julio de 1920. Antes de ser pasado por las armas, pidió su mejor traje y que lo afeitaran, el barbero estaba tan nervioso, que involuntariamente le hizo un pequeño corte en el cuello, a lo que Guajardo reaccionó colérico;” Fíjese Pendejo! ¡Al que van a fusilar es a mí!” Existen versiones de que la muerte de Guajardo obedeció a una condición impuesta por los zapatistas para unirse a Obregón, pero también otra que alude a que previamente Guajardo, había propuesto a González matar a Obregón.
Décadas después, en 1969, el Lic. José G. Aguilar, quien fue Jefe del Departamento de Administración Civil de la Fuerzas de Pablo González en Morelos y amigo cercano a Guajardo, publicó un testimonio sobre cómo murió Zapata. El relato fue un acto de reivindicación para Guajardo, tal vez el único que se ha hecho. En el relato, Aguilar defiende la figura de Guajardo y lo describe como un soldado valiente que actuó bajo órdenes de sus superiores e incluso afirma que Zapata y Guajardo estaban jugando al gato y al ratón. Aguilar asegura que el Caudillo del Sur, intentó sin éxito envenenar a Guajardo y que el joven coronel solo se adelantó y abatió al General Zapata en Chinameca.
Sin embargo, a pesar de esta versión es un acto de lealtad de un hombre a la memoria de un amigo y de que la acción de Chinameca cumple con todos los supuestos de un ardid de guerra, el joven coronel nunca podrá despojarse ante el juicio de la historia del sambenito de traidor. Lo anterior no solo obedece a la devoción de los campesinos por el Caudillo del Sur, sino a la injustificable conducta sanguinaria de Guajardo, que excedió su perfil táctico y como diestro soldado de caballería. Los excesos de Guajardo están documentados y muestran como suele suceder también en todas las guerras, lo más censurable de la condición humana.