Cicuta
Jaime Flores Martínez
Miércoles 4 de febrero del 2026.- Instalada en el vestíbulo electoral hacia la gubernatura de Baja California a disputarse el próximo año, la morenista Julieta Ramírez Padilla está primero obligada a deshacerse de “dos pesados lastres” antes de corresponder a “las encuestas a modo” que la ubican como la más viable sucesora de la actual gobernadora, la también morenista Marina del Pilar Ávila Olmeda.
Hay quien dice que en la antesala de 2027, Morena (en Baja California) ya huele a perfume caro y a pólvora política.
La senadora Julieta Ramírez Padilla aparece en la conversación sucesoria con la aparente bendición de su partido, aunque con dos pesadísimos inconvenientes que chocan de frente con cualquier encuesta favorable.
Habrá que señalar que, para tener oportunidad de cumplir su propósito, la senadora deberá —públicamente—romper sus vínculos con el cuestionado morenista Adán Augusto López Hernández, ubicado como creador del grupo criminal tabasqueño conocido como la Barredora.
Julieta Ramírez tendría también que distanciarse públicamente de la “cercanía sentimental” que abiertamente sostiene con el secretario de Bienestar estatal, Netzahualcóyotl Jáuregui, personaje clave en la operación territorial del gobierno local.
Habrá que subrayar que la política no castiga el amor, aunque sí castiga la mezcla de afectos sentimentales con el poder público.
En un estado cansado del amiguismo y harto del reparto discrecional, la narrativa en verdad no solo influye sino en verdad importa.
También hay que reconocer que —al menos aquí—la narrativa luce muy incómoda.
Ramírez Padilla enfrenta el reto de convencer a una ciudadanía escéptica de que su proyecto responde a méritos propios y no a una cadena de favores, padrinazgos y operadores políticos que (en este caso) incluye amoríos.
Si se vale recapitular, Cicuta subrayará que el primer flanco se llama Adán Augusto López (quien despachó como secretario de Gobernación) quien conserva redes y lealtades, pero quien también cuentas pendientes dentro de Morena.
Su figura divide, polariza y despierta sospechas en sectores que observan la sucesión como una extensión del viejo presidencialismo, ahora con chaleco guinda.
Cualquier cercanía con Adán Augusto activa la alarma de las “corcholatas recicladas”, del poder que no suelta el timón y de las decisiones tomadas lejos de las bases. Para una aspirante joven como Julieta Ramírez ese abrazo político no suma frescura, sino que añade ruido.
El segundo flanco resulta más delicado por razones éticas y electorales. La relación sentimental con Netzahualcóyotl Jáuregui no constituye delito ni pecado. El problema surge en momentos que el amor coincide con el titular de la estructura que reparte apoyos sociales y con el músculo que mueve voluntades.
Jáuregui controla una de las carteras más sensibles del gobierno estatal y además, funge como operador político de su pareja sentimental.
Incluso para los distraídos esa dualidad coloca a la senadora en un terreno resbaloso: la percepción de “conflicto de interés”.
Habrá que subrayar que la percepción en política ocupa un lugar excepcional, pues “el ciudadano promedio” no revisa organigramas ni dictámenes de la Función Pública. El ciudadano de la calle, el que vota, observa escenas simples. Ve programas sociales, ve operadores, ve campañas adelantadas y saca conclusiones.
Ubicados en ese espejo, la aspiración de Ramírez Padilla corre el riesgo de verse como un proyecto apalancado desde el bienestar público, no como una opción construida desde la competencia interna.
Morena prometió erradicar las prácticas del viejo régimen y también prometió separar el poder del dinero y el gobierno del partido.
No hay duda que en la mayoría de los Estados, incluido Baja California, esas promesas ya lucen gastadas. Si la candidata aparece ligada al secretario que reparte apoyos y al mismo tiempo mueve estructuras, la oposición no necesita inventar ataques. Le basta con señalar la contradicción.
Además, el electorado bajacaliforniano muestra memoria corta, pero olfato fino.
Tolera errores, no simulaciones.
La narrativa de “no somos iguales” se rompe en los momentos que el discurso choca con la realidad cotidiana. En esa realidad, la línea entre lo público y lo privado exige límites claros, no explicaciones tardías.
Julieta Ramírez Padilla aún tiene margen. Puede marcar distancia, exigir reglas, transparentar su ruta y apostar por una competencia real.
Puede hacerlo ahora o cargar el costo después. El 2027 no se gana solo con padrinos ni con operadores; se gana con credibilidad.
En política, el amor mueve montañas, pero también hunde candidaturas cuando se confunde con el poder.
Dicen que tiene otro lastre llamado Poncho Gutiérrez. Se enteró Netza y le reventó con Marina.

Ah
A propósito, el rumor toma fuerza: las amigas Julieta Ramírez y la gobernadora Marina del Pilar Ávila están “distanciadas”.
De ser esto cierto, entonces a Julieta Ramírez las aguas se le tornarían mayormente bravas. Habrá quien diga que los astros se le desalinearon.
Ah II
Muy sonriente se observa a Alejandro Ruiz Uribe mientras departía con su amiga la secretaría de Bienestar Ariadna Montiel Reyes.
Uno de sus jilgueros le dijo a Cicuta que esa foto fue entregada por uno de sus peones,
Queda claro que la intención del Cachorro es justificar que fue desgraciada su presencia en la gira de la presidenta Sheinbaum por Baja California.
Ruiz Uribe ya anda enloquecido, porque el tiempo se le agota y su ambición de ser candidato a la gubernatura parece esfumarse,
Positivo
Qué bueno que las redes sociales se encargaron de exhibir a los personajes que la presidenta Claudia Sheinbaum regañó públicamente durante su gira por Baja california.
Los aspirantes morenistas, al menos la mayoría de ellos, recibieron un regaño al ser exhortados a ponerse a trabajar en lugar de buscar tomarse una foto con la mandataria.
Las redes sociales hicieron su trabajo. Ojalá que los señores diputados, hagan lo propio.
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