Columna de opinión
¿Le creo a Maru?
José Luis Parra
José Luis Parra
Después de ver la entrevista que Carlos Loret de Mola le hizo a la gobernadora de Chihuahua, Maru Campos, que sin duda tiene su valor periodístico, al televidente le queda una pregunta muy sencilla: ¿Le creo a Maru?
Porque una cosa es escuchar una entrevista, otra entender lo que se dice y una muy distinta descubrir lo que se pretende ocultar.
La gobernadora negó rotundamente haber pactado con la presidenta Claudia Sheinbaum la entrega de Chihuahua a Morena, como también rechazó haber negociado la suerte de su exfiscal César Jáuregui, hoy metido en un serio problema judicial.
Hasta ahí, todo bien.
Pero en política las declaraciones no siempre cuentan toda la historia. Y menos cuando se trata de una reunión privada entre una presidenta de la República y una gobernadora de oposición, cuyo contenido solamente conocen las protagonistas.
Según Maru, la reunión del pasado 19 de septiembre en Ciudad Juárez estuvo lejos de ser amistosa. Hubo gritos, reclamos, acusaciones mutuas y hasta una despedida con una expresión poco diplomática.
Una verdadera escena de confrontación política.
Y aquí viene lo interesante.
Resulta difícil imaginar a un gobernador o gobernadora enfrentándose abiertamente con la presidenta de la República, de quien depende buena parte de la coordinación institucional y política de su estado, para después contar públicamente todos los detalles de semejante desencuentro.
No es imposible, desde luego.
Pero tampoco es lo habitual.
Mucho menos cuando existen sospechas de un pacto político que podría representar un costo importante para la gobernadora y para su partido.
Por eso la entrevista, lejos de despejar todas las dudas, abre otras que merecen una lectura más cuidadosa.
Maru aseguró que durante la discusión acusó a Ariadna Montiel, dirigente nacional de Morena. de tener vínculos con el crimen organizado.
Una acusación gravísima.
Sin embargo, en la entrevista no presentó pruebas para sostenerla.
Y también calificó de “narcocandidato” a Cruz Pérez Cuéllar, uno de los aspirantes morenistas a sucederla en la gubernatura.
Tampoco aportó elementos que permitieran acreditar semejante señalamiento.
Entonces, ¿qué pretendía realmente la gobernadora con esas acusaciones?
Porque aquí aparece una posibilidad que no debe descartarse, aunque tampoco puede darse por cierta.
¿Qué tal si el verdadero entendimiento con Sheinbaum no consiste en entregar Chihuahua a Morena, sino en debilitar a determinados personajes del propio movimiento guinda?
No hay que olvidar que dentro de Morena también existen grupos, intereses y disputas por el poder.
Y Ariadna Montiel no pertenece al círculo político original más cercano de Claudia Sheinbaum, aunque eso no significa que carezca de influencia o que exista una ruptura entre ambas.
De ahí otra pregunta.
¿El señalamiento contra Montiel podría formar parte de una estrategia para debilitarla políticamente y preparar una eventual salida del cargo?
No hay pruebas de semejante acuerdo.
Pero la pregunta surge por el momento político escogido y por la dureza de las acusaciones.
Lo mismo sucede con Cruz Pérez Cuéllar.
¿Maru está defendiendo legítimamente a su partido frente a quien considera un adversario peligroso, o su ofensiva contra determinados morenistas termina favoreciendo a otros grupos de Morena?
Porque los pactos políticos, cuando existen, no necesariamente se construyen con abrazos, sonrisas y fotografías.
En ocasiones se acompañan de enfrentamientos públicos.
Y hasta de gritos.
Otro detalle interesante de la entrevista fue la situación de César Jáuregui.
La gobernadora reconoció que existió coordinación entre las fiscalías estatal y federal para investigar a quien fuera uno de sus colaboradores más cercanos.
También admitió que le pidió retirarse de sus aspiraciones políticas y que habló con él en numerosas ocasiones para advertirle de los riesgos que enfrentaba.
Sin embargo, aseguró que desconocía que la Federación terminaría acusándolo de traición a la patria.
¿Le creemos?
Puede ser cierto.
Pero también resulta legítimo preguntarse hasta dónde llegó la coordinación entre ambos gobiernos y qué conocía realmente la gobernadora sobre el expediente de su excolaborador.
Porque una investigación conjunta no demuestra por sí misma la existencia de un pacto político, pero tampoco permite descartar cualquier entendimiento entre las partes.
Y eso es precisamente lo que todavía falta aclarar.
Hay otro aspecto que no debe pasar inadvertido.
La entrevista con Loret también representó una oportunidad extraordinaria para que Maru Campos intentara recuperar terreno en la opinión pública.
Su imagen política venía golpeada por el caso Jáuregui y por los señalamientos de un supuesto acuerdo con el gobierno federal.
La gobernadora necesitaba ofrecer su versión.
Y escogió un escenario periodístico de gran exposición para presentarse como una mandataria capaz de enfrentarse a la presidenta, reclamarle por la inseguridad y defender la autonomía política de Chihuahua.
Una narrativa políticamente conveniente.
¿Suficiente para recuperar credibilidad?
Eso está por verse.
Porque no es lo mismo conseguir una entrevista de alto impacto que resolver las contradicciones políticas que dieron origen a la controversia.
Además, el relato de aquella reunión en Ciudad Juárez sigue siendo, esencialmente, la versión de Maru Campos.
Sheinbaum ha negado la existencia de acuerdos políticos relacionados con el caso, pero no existe un registro público completo de la conversación que permita confirmar los intercambios descritos por la gobernadora.
Y sin ese elemento, cualquier conclusión definitiva sería precipitada.
Lo verdaderamente importante no es determinar quién gritó más fuerte, quién utilizó las palabras más duras o quién ganó la discusión.
Eso sirve para alimentar titulares.
Pero no necesariamente para conocer la verdad.
Lo importante es saber si existió un acuerdo político, cuáles fueron sus alcances, si los procedimientos judiciales se desarrollaron con independencia y qué consecuencias tendrá todo esto para Chihuahua.
Por ahora, Maru Campos busca convencer de que jamás pactó con Claudia Sheinbaum.
Tal vez dice la verdad.
Tal vez no conocemos toda la historia.
O tal vez el supuesto pacto, de existir, sea muy distinto al que se ha venido comentando.
Lo cierto es que la entrevista dejó más preguntas que respuestas.
Y una de ellas sobresale:
¿La gobernadora realmente rompió con Sheinbaum o está participando, consciente o inconscientemente, en una disputa política que también se libra dentro de Morena?
Habrá que observar los movimientos que vienen, particularmente alrededor de Ariadna Montiel, Cruz Pérez Cuéllar y la sucesión de Chihuahua.
Porque en política los acuerdos importantes no siempre se conocen por lo que dicen sus protagonistas.
Muchas veces se descubren por lo que sucede después.
Y mientras eso ocurre, permanece la pregunta con la que comenzamos.
¿Le creo a Maru?
Usted tiene la última palabra.
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