Columna de opinión
¿Mandato o mando?
Luis Farías Mackey
Luis Farías Mackey
En una República representativa y democrática que ejerce su soberanía a través de los poderes de la unión, quien ocupa la titularidad el poder Ejecutivo es jefe supremo de todos los ramos a su cargo: gobernación, salud, educación, Fuerzas Armadas y si me apuran hasta cárceles.
Por otro lado, sé bien que ese diseño constitucional es hoy ya una caricatura de horror, pero la obsesión de la presidente Sheinbaum por ostentarse como Comandanta Suprema de las Fuerzas Armadas, incluso por sobre lo que fue la división de poderes en México, obliga a su análisis.
El tema no es de gustos ni de modas, en política la forma es fondo: quien preside ocupa un lugar preeminente por mandato y responsabilidad democráticos; quien comanda tiene mando, no mandato.
Las Fuerzas Armadas son producto de un México bronco que costó mucha sangre y tiempo civilizar, son pues el orgulloso fruto de un esfuerzo civilizatorio, de infinidad de equilibrios, preclaras inteligencias y hombres y mujeres patriotas. Leales a la República y bajo el mando del poder Ejecutivo federal, las Fuerzas Armadas quedan sujetas al orden constitucional y legal, y a su salvaguarda por el poder Judicial. A este diseño no se llegó por ocurrencias ni cálculos electoreros ni partidarios, sino por patria y cruenta experiencia.
Sí, la presidente es el mando supremo en las Fuerzas Armadas, pero sujeta ella misma a la Constitución. Similar es el caso para con la hacienda pública, la salud o la educación, lo cual implicaría ostentarse por igual como embajadora suprema, doctora suprema o para el caso en suprema carcelera.
No hay mandato superior en México, ni igual ni equiparable, al de presidente de los Estados Unidos Mexicanos, salpimentarlo con otros implícitos, sin demérito de lo muy honrosos que puedan ser, es, por decir lo menos, desdorarlo, y, ¡Dios no lo quiera!, condenarlo a acompañar a nuestra difunta división de poderes.
Sin implicar nada más allá, solo recuerdo que Hitler fue electo canciller y tras enterrar el cargo y la democracia se erigió en Führer.
Las palabras crean.
Más columnas de Luis Farías Mackey
Luis Farías Mackey
Pequeñas y mudas declaraciones de guerra
Luis Farías Mackey A nivel global se reproducen fenómenos de vioencia y reclamo diversos. No específicamente sobre esta novedad, Hanz Magnus…
Leer columna →
Luis Farías Mackey
Desvergonzado
Luis Farías Mackey La vergüenza responde a un orden social asumido que se reconoce quebrantado y al cual se reintegra por…
Leer columna →
Luis Farías Mackey
Pobres Robertos
Luis Farías Mackey La madre regañó al joven, lo que ya venía siendo casi un mantra: “enderézate niño, ¡no camines jorobado!”…
Leer columna →
Luis Farías Mackey
Democracia carcelaria
Luis Farías Mackey El gran Salvador Camarena escribió ayer sobre la contradicción de construir más penales cuando la violencia cesa, los…
Leer columna →