Frente a tiempos de incertidumbre conviene refrescar el optimismo con historias que supieron edificar un ejemplo vivo, es una necesidad apremiante. Muchas veces el surco del pesimismo desconoce que México no se acaba en el oficialismo, sin importar el signo de poder. Las asimetrías de la república son profundas, pero toca ver puentes que vencieron el abismo del irremediable “no se pudo hacer nada”.
La forma de hacer dinero lícito implica una virtud notable para un país como México en el que se cree que un empresario exitoso lo es por sus nexos con el poder político. Aquellos que mantienen relaciones políticas para acaparar concesiones o negocios públicos son rentistas del régimen, los que hacen de la nada nuevos polos de desarrollo y riqueza, son los genuinos empresarios.
Carlos Viveros Figueroa da testimonio de la obra que realizó junto con sus socios para crear la Naviera TECOMAR que unió desde los 70´s a la entrada del siglo XXI al puerto veracruzano de Tuxpan con Houston y después con las frecuencias directas a Amberes. Bélgica, Rotterdam, Países Bajos y Bremen, Alemania.
Para un país que, a pesar de tener el privilegio de contar con costas a dos océanos, que hoy configuran el Atlántico, pilar de los últimos cinco siglos de la civilización occidental y el Pacífico, que toma una importancia capital en el comercio global, el esfuerzo de TECOMAR fue mayúsculo para superar la casi nula vocación que por el mar mantienen los mexicanos. Esa ceguera fue derrotada por Viveros Figueroa haciendo posible una de las mayores hazañas que está en las telarañas del pensamiento mexicano, ver más allá de nuestro vecino del Norte y buscar a Europa como espacio realista de diversificación. Nada menor lo logrado.
El lector tiene en sus manos una obra sincera que en un trazo de prosa libre esquematiza las razones de la idea de una naviera, por qué Tuxpan, además de un cúmulo para resolver los “cómos” frente a desafíos que van desde el intrincado camino burocrático hasta los santiamenes del sindicalismo mexicano (con valiosas excepciones como el sindicalismo tuxpeño que supo entender el alto valor de la naviera como fuente laboral y de desarrollo) y las vicisitudes de los que creían que era un proyecto muerto.
El libro de la historia de TECOMAR tiene la virtud de que comunica dos vectores, los demuestra: el reto logístico de México y la necesidad de modernización permanente para vencer los caprichos de la geografía y dos, la inteligencia para articular los diversos sectores productivos en una estrategia que coadyuve, de verdad y no de manera abstracta, con el desarrollo nacional. La necesidad de VW Alemania para cumplir con su cadena de suministros a su naciente armadora en Puebla, fue la piedra de toque para iniciar TECOMAR.

La historia de TECOMAR pasó por una enorme tragedia que recuerda que los caídos en altamar no sólo han sido marinos de la Armada, sino también de la marina mercante. El lamentable hundimiento del buque Tuxpan en aguas del Atlántico Norte fue un duro golpe para las familias de los marinos, para la naviera y para el conjunto de la Marina mercante mexicana. Con el cuidado y respeto que exige ese triste episodio, Viveros da cuenta del accidente y las posteriores pesquisas con epicentro lo mismo en Nueva York que en el continente europeo. El monumento a la tripulación ubicado por los rumbos de Cobos en el municipio tuxpeño, es testimonio del luto y homenaje a cada uno de los integrantes del buque Tuxpan.
La obra ilustra la otra transición de México, la de una economía cerrada al modelo de apertura y la era de las exportaciones. Hoy, con un horizonte tenebroso por el T-MEC y ante la casi nula visión de diversificación, no privativa del sector empresarial mexicano o del actual gobierno, el libro de Viveros lanza una pregunta imaginaria, pero contundente ¿Qué hicimos con y por nuestra Marina Mercante? La lectura de la historia de TECOMAR puede dar pistas, no de lo que fue hasta ser absorbida por una decisión accionaria por otra compañía naviera, sino de la esencia que vive en la genuina iniciativa de empresarios que lo arriesgaron todo para hacer una historia de éxito y ejemplo para crear nuevos polos de desarrollo además de oportunidades para cientos de empleos directos e indirectos en donde antes no había rutas y la terminal marítima eran manglares y maleza tropical.
El libro de Carlos Viveros Figueroa es un testimonio de las cosas que hicieron y hacen a MÉXICO grande además de fomentar en el autor ser parte de la reserva moral y profesional que un país debe tener como retrató Mario Vargas Llosa. Es de remarcar su vocación gremial organizada en el debate en momentos cruciales como el proceso del nacimiento del TLCAN o la relación entre México y Brasil, a veces con sinsabores, pero también con oasis de oportunidades conjuntas.
La Secretaría de Desarrollo Económico y Portuario (SEDECOP) del Estado de Veracruz podría convocar a la presentación del libro para redescubrir y debatir con información y propuesta el destino de Tuxpan, que tiene el privilegio de estar en el podio de proyectos presidenciales en infraestructura. Hacerlo es un acto de justicia, pero también una muestra de madurez de que el país y Veracruz no se inventaron en el 2018. El volumen deberá ser leído por los jóvenes y no tan jóvenes que ven en la operación intermodal y en los mares, vocación, compromiso y destino, además de un ejemplo de lo que es ser un empresario verdadero.
Juan-Pablo Calderón Patiño
Xalapa, Veracruz, febrero 2026










