Fuera de todo
Denise Díaz Ricárdez
En efecto, se solía recurrir en distintas circunstancias y ámbitos que se presentaba una bomba de tiempo y a veces se le atinaba o de plano nada ocurría, aunque ahora vaya que se está dando y de qué magnitud.
Se ve en los distintos medios la lluvia de misiles empleados por Estados Unidos e Israel contra el régimen iraní y por supuesto su población civil, que resiente explosiones directas o de racimo de cohetes, ataques planeados eso sí y unos que otros ahora a Líbano.
El ejército de Irán hace la contraparte: envía cientos de misiles hacia el territorio israelí que hacen sonar todas las alarmas terroríficas, algunos son interceptados y otros libran y caen sobre instalaciones estratégicas y de nuevo población civil.
De paso a naciones vecinas que consideran aliadas a sus enemigos declarados, de nueva cuenta a pobladores que a veces ni la deben ni la temen.
Que si el régimen islámico de Irán es autoritario, que restringe libertades, equidad de género, programa de bombas nucleares, que trae en la mira a Estados Unidos, Israel y sus aliados europeos, el caso es destruir y lo están haciendo.
Otra vez presenciamos el mundo bipolar: occidente y la sombra en donde aparecen China y Rusia.
Algunas naciones apelan a organismos internacionales como la ONU a ver qué se puede hacer al respecto, un llamado a los derechos y al equilibrio nuclear que es la línea que nadie quiere traspasar.
Repercusiones al frágil equilibrio bélico mundial y de paso otra oleada de desequilibrios económicos.
Las tensiones geopolíticas y rivalidades regionales, están generando un impacto significativo en la economía global.
Las sanciones impuestas a Irán y las fluctuaciones en la producción de petróleo han llevado a un aumento en los precios de los combustibles y otros bienes básicos.
Esta situación no solo afecta a los países cercanos al conflicto, sino que sus repercusiones se extienden hasta México, aunque geográficamente distante, depende de las importaciones de petróleo y de las dinámicas del mercado internacional.
En el contexto mexicano, el aumento de los costos energéticos podría traducirse en una presión inflacionaria, afectando el poder adquisitivo de los ciudadanos y complicando la recuperación económica post-pandemia.
Además, las empresas que dependen de insumos importados podrían enfrentar mayores costos de producción, lo que podría resultar en un aumento de precios al consumidor.
La vulnerabilidad de México ante conflictos lejanos, recuerda la importancia de diversificar las fuentes de energía y fortalecer la autonomía económica para mitigar estos impactos.
En tanto, el resto ajeno a ese mundo en guerra y que desea uno mejor, mira el paso de los cohetes y aviones dirigidos por satélites y enormes centros de control tecnológico, en el celular o en redes y en la televisión, de pasadita, a las expectativas.




