Anahí García Jáquez
Tatako acaba de terminar una relación y de la peor manera. A sus 25 años y sin rumbo fijo en su vida, decide aceptar una invitación que la llevará a un lugar donde, aparte de encontrar algo nuevo, se encontrará a sí misma.
Mis días en la librería Morisaki es un trabajo del escritor japonés Satoshi Yagisawa, quien con esta novela, que es su primera, se ha anotado un éxito a nivel crítica y ventas de manera tal que ya existe una secuela llamada Una velada en la librería Morisaki. El inicio de la saga está narrado por Tatako, quien es la protagonista y nos cuenta cómo es que su prometido ha decidido romper el compromiso, pues se enamoró de otra mujer. Devastada y, para colmo, desempleada, se encierra en su departamento hasta que su tío Satoru se pone en contacto con ella y la invita a mudarse a su librería, la cual se ubica en el barrio de Jinbocho en la ciudad de Tokio. Tatako le toma la palabra y es alojada en el ático de la librería, la cual no es muy lujosa pues, al venderse ahí libros de segunda mano, es pequeña y siempre está llena de polvo.
Una vez instalada en la librería, Tatako se refugia en las letras y ese mundo la recibe con los brazos abiertos, por lo que su recuperación emocional comienza y la enfrenta consigo misma. De forma paralela, Satoru también lidia con el abandono por parte de su esposa Momoko quien, sin darle ningún tipo de explicación, se ha marchado del hogar que compartían dejándolo con más preguntas que respuestas y con un dolor que no da tregua. Es así como el autor utiliza estas dos anécdotas, que son en las que se divide el libro, para presentarnos el tema principal, el cual es el universo tan complejo de las relaciones humanas y, más en específico, lo que sucede cuando llegan a un final abrupto.

Se nos muestra este cúmulo de sentimientos que se vuelven difíciles de expresar y se van embotellando dentro de las personas y, al no gestionarse de la manera adecuada por falta de cierre, se convierten en una depresión que incapacita a quien la sufre y no le permite ser funcional, además de hundirlo en un círculo del cual es muy difícil salir.
Pero no sólo se nos habla de la enfermedad, sino también se nos plantea una posible cura y es ahí donde entran los libros, los cuales se convierten en un vehículo para que Tatako pueda hallar la sanación para su alma a través de la conexión consigo misma y con los demás y, a la vez, la desconexión con el ruido exterior y con las prisas de la vida cotidiana para así hacerse de una perspectiva diferente y ver las cosas de otra manera.
Mis días en la librería Morisaki es un texto corto (160 páginas aproximadamente) que se disfruta mucho, pues su lenguaje sencillo, sus descripciones detalladas y su trama amena permiten que el lector se involucre de manera natural, ya que no es nada pretencioso y su única intención es la de entretener aunque por momentos invite a la reflexión profunda. A medida que va avanzando, esta historia que se va haciendo tierna y entrañable nos lleva, no sólo a conocer un poco de la cultura y las costumbres del país del sol naciente a través de los personajes tan particulares y hasta excéntricos que aparecen de repente, sino a sumergirnos y perdernos en el placer sencillo de la lectura, ese que se torna un remanso cuando todo lo de afuera es demasiado y el que nos puede brindar la paz que tanto se requiere en medio del caos que trae esta experiencia llamada vida.
Mis días en la librería Morisaki. Satoshi Yagisawa. 2009. Editorial Letras de Plata.




