Juan Luis Parra
No hay que ser un genio electoral ni un experto en seguridad para darse cuenta de que estamos jugando a la democracia con el tablero del narco. Ahora resulta que también vamos a “elegir” jueces. Sí, esos mismos que deberían impartir justicia sin deberle favores a nadie, pero que, para no variar, ya entraron al mismo circo político.
La única novedad es que ahora el crimen organizado también puede meter mano desde la toga.
Radio Fórmula, ya le entró a la promoción. Juan Becerra Acosta, uno de sus presentadores, se ha dado a la tarea de ponerle moño institucional a César Gutiérrez Priego, candidato a ministro de la Suprema Corte, con entrevistas, retuits y menciones que parecen más publirreportajes que ejercicios informativos. Hasta se dieron el lujo de presumir su campaña judicial
Ahora la justicia se hace con spots.
¿Cuánta lana o favores se están moviendo detrás de esta promoción descarada? Porque cuando el hijo de un general ligado al narco busca un cargo clave y recibe aplausos en horario estelar, no es casualidad.
Es estrategia. Y de las caras.
El narco ya no se conforma con influir en campañas o imponer candidatos municipales. Ahora quiere ministros. Y si alguien cree que el narco no sabe moverse en las urnas, que revise Tamaulipas, Michoacán, Guerrero y Sinaloa.
El narco vota, financia, y ahora, juzga. Qué maravilla de democracia bananera.
¿Y el gobierno? Bien, gracias.
Sheinbaum y Zaldívar, tan ocupados en consolidar la “reforma democrática”, han dejado la puerta abierta al crimen organizado.
¿Está calculado?