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Pastel y Garrote

HOMO POLÍTICUS

PAVE SOBERANES

  • Eficiente, el Buzón de Quejas

 

A Jesús Soberanes Romero, Chuvyranes [†].

El pastel por el segundo aniversario de margarismo en Morelos se sirvió con fuerza desproporcionada: agentes estatales de policía contra estudiantes universitarias, es decir, hombres entrenados sólo para reprimir contra mujeres débiles que visibilizan la violencia. Derechos y libertades, nuevamente criminalizados.

Si la orden de refrenar a los estudiantes en Cuautla —como el 15 de septiembre en Cuernavaca, en ambos casos frente a la gobernadora— fue del jefe de Policía o del número 3 del gabinetazo, uno de ellos, o los dos, pueden estar pensando en el reemplazo el próximo año en la silla gubernamental. ¿O será el número 2, Javier García, buscando ser el beneficiario directo de la dable cesantía por posible?

La subordinada por obsecuente Legislatura 56 tiene instrucciones del Piso 1 de Palacio de Gobierno de no aprobar la consulta popular para la Revocación de Mandato, pero ahí viene la L57 el próximo año no se sabe si con mayoría absoluta de MORENA-gobierno o de las oposiciones.

Indicios y observaciones aparte, hoy inicia el tercer año de gobierno, el de la consulta al pueblo si refrenda o no el cargo a Margarita González, con el derecho a la protesta violentado ayer por fuerzas policiacas que transfieren toda la responsabilidad política al gobierno estatal, y al quedarse éste con toda esa responsabilidad, asume el costo político —aprobación y calificación a la baja— no sólo de esa nueva confrontación con los universitarios que se ha mediatizado una vez más, sino con todos los pecados de palabra, obra y omisión de su gabinete legal, y de la rectora de la Universidad Autónoma del Estado de MORENA, Viridiana León, abajofirmante de hojas informativas acomodadas en páginas de chismes.

Pero el sábado, en el estadio Centenario, será otra cosa: el plan sin escatimar recursos humanos, materiales y financieros es que haya más gente gratis que en cualquier juego de Cruz Azul femenino con boleto pagado. Para logar tal, han invitado a trabajadores —ellos sí— del poder Ejecutivo y al pueblo bueno y sabio. La mandataria dará un mensaje político a las familias de Morelos, ávidas de escuchar buenas nuevas.

La mandataria se queda con toda la carga, sin tocar ni con el pétalo de una renuncia a su círculo rojo que cada día es más circulo negro que urge cambiar, lo que oxigenaría el inicio de su tercer año de administración, el de mitad de sexenio, porque de la escuela de aprendices nadie es alumno avanzado. Tanto el jefe de Policía, el general Bucio, como el número 3, Edgar Maldonado, debían ser separados de su cargo. Sostenerlos sale muy caro, económica y políticamente. No hay seguridad pública ni protección ciudadana ni operación política de anticipación, contención y resolución.

La operatividad política no existe. Si va a seguir no existiendo porque su operario no opera, ocupado en vestir bien, posar para la fotografía y decir cualquier cosa con voz sacerdotal, que desaparezca la oficina. El buzón de quejas y el elevador de Palacio de Gobierno son más eficientes que el orgullo de Teloloapan. Y las redes sociales lo son 10 veces mejor que la represora jefatura estatal de Policía.

 

Aquí la falta de operarios políticos eficientes: para empezar, González no debió ir al desfile por el 261 aniversario del nacimiento de José María Morelos en Cuautla, un evento de primera dama. Ya fueron suficientes dos años de sonrisas y fotografías propios de páginas de sociales que no abonan ni el electorerismo. Que venga la rectificación política. Haber abandonado el lugar en medio de ese acto cívico —la activista Yndira Sandoval, hablando fuerte a caballo de feminicidios y violencia contra mujeres, como la ejercida contra el alumnado—, podría ser buena señal de que puede cambiar el estilo, rectificar para mejorar y anteponer perfiles morelenses sobre los funcionarios de importación que, corruptos, sólo simulan, engañan y abusan de la mandataria endulzando con sermones sus oídos.

Las cosas no están bien en Morelos. La protesta y dramatización del 16 de septiembre en Cuernavaca, aún caliente el asunto Claudia Tacoronte, y el activismo de ayer en Cuautla, se le parecen al sexto año de gobierno, el de la escapatoria tipo Cuauhtémoc Blanco, el del repudio generalizado tipo Graco Ramírez, pero también, mucho ojo clínico, parece el estreno de una persecución social que nada tiene que ver con «casos aislados» de Isaac Pimentel, «banderas políticas» de Jazmín Solano, de «la culpa es del alcalde de Cuautla» de Nayla Carolina Ruiz, «politiquerías» y «declaraciones» de Edgar Maldonado, sino con una realidad aplastante que urge cambiar: el deleznable asesinato en Cuernavaca de dos niños, alumnos de media superior de la Universidad estatal, les cerró el hocico a todos ellos.

Escribió Margarita González el lunes sobre la represión estudiantil de 1968, que cumple mañana 58 años. En 15 días su gobierno ha reprimido dos protestas estudiantiles. Esas varias decenas de agentes represores son quienes no cuidaron a Claudia Tacoronte [†] en Cuautla ni a Christian [†] ni Gael [†] en Cuernavaca.

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