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Quince mil muertos después

La insoslayable brevedad

Javier Roldán Dávila

Además, les debemos el duelo, las campanas no han doblado por ellos

El pasado sábado, Veracruz rebasó los 15 mil muertos por SARS-CoV-2 y sus variantes, sin embargo, el hecho se perdió entre las celebraciones y el desdén gubernamental.

En esta ocasión, no hubo minutos de silencio ni banderas a media asta, simplemente el patrón estaba de asueto y el replicante en las actividades propias del sabadaba.

La circunstancia ameritaba, al menos, un mensaje a modo de reflexión, sobre las implicaciones que la pandemia ha tenido en la vida del conjunto de la sociedad. Sin duda, fue, ha sido y será, una encrucijada que nos deja enseñanzas en lo personal y lo colectivo.

Entro otras cosas, aprendimos que hay límites que no podemos franquear, además, fuimos testigos de que la naturaleza, con todo y nuestra contaminante huella, tiene una admirable capacidad de recuperación, lo cual infunde esperanza.

Por encima de toda sospecha, comprobamos que el trabajo comunitario del personal médico es heroico, han dado cotidiana muestra de entereza, a pesar de la burocracia del sector.

Habría muchas cosas que agregar, sobre todo, en lo referente a la falta de solidaridad gubernamental, que prefiere invertir en estadios de beisbol que, en la compra de test para detectar el mal. Total, un poquito de maltusianismo no está de más.

Como nunca, la ‘izquierda’ local se tiró en la hamaca y al grito de ‘somos un chingo y seremos más’, destaparon las caguamas para brindar por el futuro.

Algún día, la respuesta vendrá: ‘ya llegó, ya está aquí, el que va a madrear al Cui’.

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