Luis Farías Mackey
Morena, PT y Verde se repartieron las candidaturas de gobernadores de mitad de sexenio y se acabó la rebelión “democrática” en sus azulfuradas alianzas, al MC le balearon dos diputados locales, uno líder del partido en Sinaloa: no fueron convidados a su aquelarre.
Va a ver reforma electoral descafeinada por las debilidades propias de Morena que, así, se encadena en calidad de rehén a sus amancebados doctorados en el chantaje y la traición, la mejor mezcla para una implosión, sin descontar el ADN tribal y canibalesco de Morena. No será ya un problema de partidos, habida cuenta que las oposiciones han sido y se han borrado ellas mismas del escenario nacional. Será el Estado contra el ciudadano, sin cuerdas de transmisión ni organizaciones intermedias que permitan intermediación ni entendimiento alguno. En otras palabras, será la incivilización y la barbarie propia de un derrumbe de orden de vida. No necesariamente será la muerte de lo ciudadano, pero sí una lucha a muerte por su sobrevivencia y transvaloración.
Va a ver reforma porque así lo ordena el testamento político del delirante de Palenque, del que tanto nos habló, porque Claudia está allí para obedecer, callar y poner su cara de ¡what! y su sonrisita con ojos de ¡créanme, se los suplico! todas las mañanas en un Palacio reconvertido en lo que fue su proyecto arquitectónico original, una prisión para Lima Perú. Esta última versión histórica suele ser negada, pero la de Sheinbaum hoy y allí, no creo lo pueda ser.
Va a ver reforma, aunque no se necesite, igual que la contrarreforma de Bartlett en 1986. Bartlett quería ser presidente, y ya fuera de tiempo, después de las elecciones intermedias donde suelen probarse las reformas para poder hacerles los ajustes necesarios antes de la presidencial, convenció a De la Madrid de reformar la LOOPE porque, según él, al haber perdido la capital de Chihuahua en manos del PAN estaba en alto nivel de riesgo la vida toda del PRI y del régimen, y la reforma de los carcamanes de Reyes Heroles y López Portillo le regalaba el país a las oposiciones. Como hoy, esa reforma no se necesitaba, pero Bartlett sí necesitaba una plataforma política, pero, a diferencia de entonces, hoy nadie busca ni gana nada con ella, bueno, salvo las calenturas del loquito de Pablo Gómez que se sintió Ulpiano por un día. La reforma de Bartlett fue regresiva en todos sus aspectos, de ello he escrito y publicado en (LFMOpinion.com y YouTube lfmopinion) extensamente a lo largo de muchos años. (Ver también “Nadie muere hasta que muere” L. Farías, 2016, 12 Editorial).
Aquella Reforma no fue por consenso con las oposiciones ni contó con su voto, tomó vigencia en 86 y terminó en el desastre electoral de 1988, que más que un fraude fue la suma de soberbias, ineptitudes, cobardías presidenciales, voracidades, cerrazones, divisiones abismales y ausencia de quehacer político al interior del sistema político priísta.
Hoy asistimos a otra contrarreforma electoral regresiva e impulsada a contrarresto, no sólo por la locura del maníaco delirante en Palenque, sino porque Morena sabe que cuando se le acabe el dinero de sus programas asistenciales sólo le va a quedar el autoritarismo para sostenerse en el poder a sangre y fuego.
Por eso tiene que pactar con los satánes del PT y Verde, por eso apuesta, ya no a modificar de fondo la representación política, sino acoplarla mejor al modelo de sobrerrepresentación desmedida que les garantice la mayoría calificada que en el 24 se tuvieron que robar en la Cámara de Diputados y en el Senado vender su alma a los Yunes.
Va a ver reforma para asegurar el control de la organización y la justicia electorales legalmente y no por la vía de las traiciones y cooptaciones; va a haber reforma para matar de hambre a la democracia, para pintar la vida nacional de un solo color y ensordecerla con un solo discurso.
Pero, como la contrarreforma de Bartlett e históricamente todas las leyes innecesarias y absurdas, habrá de terminar muy en breve y en caos.
Solo quedará entonces la vía autoritaria. Y la historia muestra sin distingos de geografías ideológicas cómo acaban los regímenes totalitarios: la Alemania de Hitler, la Rusia de Stalin, la Cuba de los Castro, la Venezuela de Chávez y Maduro, la Nicaragua de Ortega, la Bolivia de Evo y la Libia de Gadafi hablan por sí solas.
Va a ver reforma y la lucha por el poder no será con ni por los ciudadanos, los veremos matarse entre ellos.
¿Veremos o vemos?




