A Europa le gusta regular todo, inteligencia artificial, datos, plataformas, algoritmos y si pudieran, regularían la manera en la que caminamos o tomamos agua. Desde 2019, la Unión Europea ha aprobado más de 100 normativas digitales. El resultado es la paradoja de tener más normas que startups.
Por su parte, las grandes tecnológicas avanzan con inversiones históricas. Microsoft, Alphabet, Amazon y Meta proyectan inversiones cercanas a 650 mil millones de dólares en infraestructura de IA, tales como chips, centros de datos, nube, ciberseguridad y búsqueda de nuevas fuentes de energía para sostener la demanda de procesamiento.
De las 50 mayores tecnológicas del mundo, casi ninguna es europea. Las dominantes provienen de Estados Unidos: Apple, Microsoft, Google, Amazon y NVIDIA. Europa tiene una excepción relevante: ASML, y la mayoría de la gente común y corriente nunca ha escuchado de ella.
¿Por qué ocurre esto? En Estados Unidos primero se innova y luego se ajusta la regulación. En Bruselas se implementa la AI Act, considerada la normativa más restrictiva del mundo en materia de inteligencia artificial, y en Silicon Valley se movilizan capitales masivos para acelerar desarrollo.
China, por ejemplo, reporta que 83% de sus empresas ya utilizan IA generativa. En Europa la adopción ronda el 14%. Más del 60% de las empresas europeas perciben la regulación como el principal freno a la inversión.
Apenas el 12 de febrero, en reunión de líderes de la Unión Europea, celebrada en el castillo belga Alden Biesen, donde el tema central fue dar un nuevo impulso a la economía europea y reducir la dependencia de Estados Unidos o la exposición a China, así como discutir sobre competitividad y la necesidad de reforzar el crecimiento económico en Europa, el canciller alemán, Friedrich Merz, señaló que la idea es hacer una UE mejor y más rápida y lograr tener una industria más competitiva, subrayando la necesidad de regular menos y avanzar más.
Y tiene razón el canciller pues las empresas de tecnología e innovación siguen estando principalmente en Estados Unidos y China.
Ejecutivos de Google señalaron que Europa se encuentra en una oportunidad histórica para liderar la revolución tecnológica de la inteligencia artificial, advirtiendo que esta tecnología podría añadir 1.2 billones de euros al PIB de la Unión Europea en los próximos 10 años. Sin embargo, se ve bastante alejado de la realidad, ya que la región podría enredarse en su propia burocracia.
Ante este escenario, propusieron un plan basado en tres pilares: una regulación más inteligente y equilibrada; fomentar la adopción de la IA en empresas y administraciones; y ampliar la capacitación laboral.
Ahora que ChatGPT – Health GPT está disponible en Estados Unidos y se prevé su lanzamiento en marzo en algunos países de Latinoamérica, entre ellos México, vale la pena mirar el panorama completo.
OpenAI asegura que esta nueva versión permitirá conectar datos médicos del sistema de salud de los usuarios con salvaguardas específicas, es decir, la información clínica no será utilizada para entrenar otros modelos y contará con protecciones reforzadas. Sin embargo, analistas recomiendan prudencia, advirtiendo sobre posibles riesgos con responsabilidad.
Más de 236 millones de personas en el mundo consultan constantemente temas de salud en ChatGPT, los hipocondríacos son su mayor cliente. Eso significa que la IA ya forma parte del ecosistema cotidiano de decisiones personales, lo cual incluye bienestar, síntomas y condiciones crónicas.
Los propios especialistas médicos coinciden en que Health GPT debe utilizarse como referencia y orientación, no como sustituto del diagnóstico profesional. El usuario decide qué información compartir, pero cualquier cambio en tratamiento o estilo de vida debe validarse con un profesional de la salud..
En mi columna anterior advertí cómo las fallas en los sistemas informáticos y de ciberseguridad del gobierno facilitan el spear phishing, un fraude dirigido a objetivos específicos. El Informe sobre Fraude de Identidad 2025–2026 señala que este delito está migrando hacia la monetización inmediata, es decir, los hackers están realizando menos investigación previa de la víctima y más ataques directos al punto de pago y transacciones diarias.
Las cifras de ataques en México son de miedo, en 2024, el sistema financiero mexicano reportó pérdidas por incidentes cibernéticos del orden de los 483.85 millones de pesos. Advertimos la necesaria colaboración entre iniciativa privada, gobierno y sociedad, en materia de infraestructura y regulación cibernética, pero también la alerta al usuario sobre el cuidado de sus datos.
Ahora bien, estamos entrando en una etapa donde los agentes de IA automatizados pueden ejecutar tanto operaciones digitales como tareas físicas. En términos prácticos, la robótica y el software inteligente comenzarán a considerarse fuerza laboral.
Pero ¿Por qué importa ser consciente de la regulación excesiva o equilibrada? De acuerdo con datos del informe Latin America Intelligent Age del Foro Económico Mundial, hablando del valor económico que generan las pequeñas y medianas empresas al utilizar la IA, en México las brechas de productividad entre Pymes y empresas grandes es de 53%, con el riesgo de ampliarse en caso de que sólo las grandes corporativos avancen en términos de inversión, integración y gobierno asimilado a la IA.
Y aquí es donde México debe ser estratégico. Si copiamos modelos hiperrestrictivos sin haber construido primero capacidades productivas, infraestructura digital, talento y ecosistema emprendedor, valor a acabar regulando lo que ni siquiera hemos logrado crear.
Health GPT es un ejemplo perfecto del dilema moderno: tecnología con enorme potencial social, pero que exige responsabilidad, infraestructura, educación y regulación inteligente.
Ni prohibición automática. Ni adopción ingenua. En tecnología el orden es determinante: Primero innovar. Después consolidar. Y finalmente regular con equilibrio.
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