Por José Alberto Sánchez Nava
“La justicia que se elige con acordeones termina gobernando con privilegios.”
- El engaño como método de legitimación
La actual integración de la Suprema Corte de Justicia de la Nación no llegó envuelta en el consenso republicano ni en la legitimidad que otorga la trayectoria judicial, sino en la sombra de los acordeones, de la inducción política y de la obediencia anticipada a quienes impulsaron sus nombramientos.
Ese origen explica, en buena medida, la conducta posterior: una Corte ineficaz en su función constitucional, pero diligente en servir intereses ajenos a la judicatura, renunciando al papel histórico de contrapeso para convertirse en una instancia funcional al poder que la propuso.
El problema no es solo jurídico; es profundamente ético e institucional. Cuando el árbitro constitucional nace condicionado, la República entra en zona de riesgo.

- Las Grand Cherokee blindadas: el símbolo que delató la simulación
La adquisición de camionetas Grand Cherokee blindadas, con un costo superior al millón setecientos mil pesos por unidad, no fue un error administrativo ni una anécdota presupuestal: fue el reflejo más crudo de una Corte que dice predicar austeridad mientras practica el lujo.
Durante semanas, se sostuvo un discurso de superioridad moral frente a la antigua Corte, acusándola de excesos y despilfarro. Sin embargo, en los hechos, esta nueva integración autorizó gastos que resultan ofensivos para una sociedad que enfrenta inseguridad, precariedad y un sistema de justicia colapsado.
La posterior “renuncia” a utilizar dichos vehículos no fue un acto voluntario ni de convicción republicana, sino una renuncia obligada, arrancada por la crítica pública, la indignación social y el escándalo mediático.
III. Rectificar no borra el abuso
Solicitar la devolución de los vehículos o su reasignación a otros juzgadores no elimina el hecho central: la autorización existió, el recurso público fue comprometido y el criterio constitucional brilló por su ausencia.
Una Corte eficaz habría previsto el impacto social, político y constitucional de esa decisión. Una Corte sometida, en cambio, actúa primero y justifica después.
La rectificación tardía no es virtud; es evidencia de improvisación, de debilidad y de falta de independencia real.

- Una Corte al servicio de quien la propuso
El uso de acordeones en los procesos de designación no es un dato menor: revela una lógica de subordinación. Quien llega por consigna, gobierna por consigna.
Así se explica la complacencia frente al Ejecutivo y al Legislativo, la ausencia de criterios firmes, y la renuncia silenciosa al papel de guardián constitucional.
Esta Corte no incomoda al poder; lo acompaña. No equilibra; convalida. No limita; justifica.
- La incertidumbre social como consecuencia directa
La sociedad observa con razón una Corte que exige sacrificios mientras se reserva privilegios, que habla de responsabilidad fiscal mientras autoriza lujos blindados.
Persisten preguntas sin respuesta sobre otros gastos: viajes, parque vehicular, adquisiciones recientes. La conferencia de prensa anunciada no sustituye la rendición de cuentas ni la autocrítica constitucional.
El resultado es una creciente incertidumbre social y una pérdida acelerada de confianza en la institución llamada a proteger los derechos y el orden constitucional.

- Epílogo: cuando la toga obedece, la República peligra
La renuncia a las Grand Cherokee blindadas no es un gesto de austeridad; es la confesión involuntaria de un abuso.
Una Corte que necesita ser exhibida para corregirse no es independiente. Una Corte que sirve a quien la propuso no es contrapeso.
La historia constitucional es implacable: cuando el Poder Judicial abdica de su función, el precio lo paga la República entera.




