NEMESIS
Fernando Meraz Mejorado
La narrativa de Claudia Sheinbaum se envuelve en el pergamino legalista de una “carpeta de investigación”, pero es, en esencia, una trampa de seda.
Decir que “no hay carpeta” sólo es más que acto de magia burocrática; los hechos graves están ahí, gritando, mientras la Fiscalía —ese brazo ejecutor eficaz al servicio del régimen— mantiene los ojos vendados por voluntad propia.
*
En el laberinto del teatro mexicano de la corrupción, impunidad, los expedientes son fantasmas que solo cobran vida cuando el poder político necesita un arma, no cuando la justicia reclama verdad.
*
Desacreditar a Latinus o a la prensa crítica es el recurso más viejo y estéril de los tronos: matar al mensajero para silenciar el mensaje. Los señalamientos contra Adán Augusto no son la espuma efímera de un “meme”, son el fruto podrido de contratos, redes de poder y complicidades con el crimen organizado, cimentados cuando él ostentaba el cetro del poder real.
Si la certeza de la inocencia fuera absoluta, la respuesta no sería el blindaje político, sino la rendición de cuentas. Se dejaría actuar a una justicia autónoma, no a una dama de la justicia con las manos atadas.
*
Pero asistimos al eterno retorno de la impunidad: primero el cerco defensivo, luego la amnesia conveniente (“no sabíamos”), y finalmente, la disolución de la culpa en el aire.
*
Lanzar el reto de “denunciar” cuando se controla el garrote de las instituciones no es valentía, es el cinismo supremo. En este país, el problema no es que falten denuncias, es que sobran encubrimientos en los perversos laberintos del poder.–oOo–





