Juan Luis Parra
La política actual ya no se trata de izquierda o derecha. Quien aún lo vea así, vive atrapado en el siglo pasado. Hoy, lo que manda son los intereses, las deudas y los trueques de favores. No hay ideología, hay estrategia. Y a veces, los papeles se invierten de formas grotescas.
Ahí tienen a Claudia Sheinbaum. Socialista caviar, egresada del club de los que nunca han trabajado pero siempre han cobrado del erario. Una “izquierda” que sangra a la clase media para alimentar a los dinosaurios de Pemex y rellenar el barril sin fondo de los programas clientelares.
¿Eso es ser de izquierda? No. Eso es ser un burócrata bien vestido, con discurso populista y alma neoliberal.
Mientras la inversión huye de la caquistocracia morenista, Sheinbaum exprime al pequeño contribuyente. Al que pone un negocio. Al que paga su renta. Al que ya no puede más con los impuestos. Pero a los grandes no los toca. ¿Para qué? Mejor se inclina, sonríe, y les abre la puerta. Esa es la “transformación”: castigar al que apenas puede y proteger al que siempre gana.
Y justo cuando pensábamos que la política no podía volverse más absurda, aparece Trump con una propuesta que parece arrancada de un panfleto socialista. Quiere limitar al 10% las tasas de interés de las tarjetas de crédito.
¿Trump? ¿El magnate? ¿El villano favorito de la izquierda mundial? Sí, él.
Y no se detiene ahí. También quiere frenar la compra masiva de viviendas por parte de fondos de inversión. ¿Para qué? Para que las familias puedan tener una casa. ¿Les suena? A mí sí. Suena más a AMLO 2006 que a cualquier demócrata actual. O incluso más a izquierda que Sheinbaum 2024.
La ironía es brutal. El republicano capitalista hablando de justicia financiera, mientras la izquierdista mexicana solo ve al pueblo como fuente de ingresos fiscales. ¿Quién es el socialista aquí? ¿Quién es el neoliberal?
Y mientras en México las burbujas inmobiliarias revientan las esperanzas de una generación entera, la doctora presidenta no ha movido un solo dedo. Las casas suben, los sueldos no. Los terrenos son acaparados por empresas que ni siquiera los usan. Pero eso sí, a los jóvenes emprendedores ya se les persigue hasta por vender gelatinas sin facturar.
Los impuestos se multiplican. Los servicios no. Sheinbaum ha logrado que los memes de TikTok sobre impuestos la definan mejor que cualquier discurso político. Esa es su verdadera identidad pública: la señora de los impuestos.
¿Y la vivienda segura? Inaccesible, especulativa, acaparada. ¿Alguna medida? Ninguna. ¿Algún plan? Tampoco. Porque la prioridad está en pagar los favores, no en servir al ciudadano.
Y aquí es donde está la clave. En México, para llegar a un cargo, te endeudas políticamente. Comienzas limpio, pero para cuando llegas, ya debes favores a medio país. Y esos favores no se pagan con discursos, se pagan con contratos, concesiones, impunidad.
En Estados Unidos el sistema es más directo. Puedes recibir financiamiento legal de ciudadanos. Es transparente. Sabes quién te paga y a quién le debes. Eso, paradójicamente, permite una mayor independencia. Por eso allá un Trump puede hacer propuestas que en México sonarían casi bolcheviques, mientras una Sheinbaum aplica un neoliberalismo sin culpas, ni disfraces.
Así que no, la izquierda y la derecha ya no existen. Lo que hay son intereses, cinismo, y políticos que se visten con una bandera pero gobiernan con la contraria.





