Luis Farías Mackey
Toda presa tiene vertederos, algunas desfogan agua para mover turbinas y generar energía, hidroeléctricas les llaman, otras simplemente liberan agua para evitar que la cortina se reviente. En noviembre del 2020, el gobernador de Tabasco, Adán Augusto López, acusó a Manuel Bartlett, entonces director de la Comisión Federal de Electricidad, de haber ordenado abrir las compuertas de las presas por el riesgo que presentaba su nivel de agua inundando medio estado.
Lo mismo pasa en las democracias, la pluralidad tiene que fluir, no se puede contener, y cuando se le confina, o peor aún, se le prohíbe y cancela cualquier vía de expresión y de acción, revienta.
La reforma electoral e Gómez se perfila para cerrar la libre circulación de las contradicciones propias de una sociedad mexicana y, cuando la ciudadanía no tiene espacios ni procesos para participar y decidir en el quehacer público, solamente le queda la violencia como opción.
Ello, en una sociedad escindida por la polarización y discurso oficialista, bajo una economía quebrada y un gobierno de saliva, podría terminar por incendiar todo.
Morena tiene que preguntarse por el futuro que le espera, de suyo difícil, antes de incendiar la patria.
Como dijo un periodista alemán con la caída de la primera coalición parlamentaria de la República de Weimbar: “No se vale suicidarse para no morir”, o como dijo el oráculo de Delfos: “Cuida lo que deseas”, porque quizás la muerte de la democracia que les dio vida y oportunidad, sea la de ellos mismos.




