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Tercera llamada: Van por Andy

José Luis Parra

 

El escenario luce para una premonición:

Van por Andy, socios y amigos.
¿O solamente quieren que eso parezca?

Porque en política, como en el teatro, a veces lo importante no es quién aparece en escena, sino quién ordenó levantar el telón.

Por lo pronto, los calambres están a la orden del día.

La Unidad de Inteligencia Financiera mantiene bajo investigación a Amílcar Olán Aparicio, empresario cercano a Andrés Manuel y Gonzalo López Beltrán. De acuerdo con información periodística que atribuye los datos a la indagatoria de la UIF, le fue detectada una cuenta de inversión en UBS Switzerland AG por alrededor de 72 millones de euros, unos mil 433 millones de pesos.

No es poca cosa.
Ni poco dinero.
Y mucho menos poca señal.

Olán lleva años apareciendo en investigaciones periodísticas relacionadas con contratos públicos y negocios durante el sexenio anterior. Ahora la diferencia es otra: ya no solamente investigan los periodistas.

Investiga el gobierno.
Ahí cambia la música.
¿A petición de Estados Unidos?
Pueque.

No hay información pública suficiente para asegurarlo.

Pero la pregunta queda flotando.

Sobre todo porque paralelamente cayó otra pieza importante: Miguel Ángel Solano Ruiz, conocido como Capitán Sol o Mike, detenido en Zapopan y señalado por las autoridades como operador relevante de la trama de huachicol fiscal ligada a aduanas marítimas y a los hermanos Farías Laguna.

Y aquí aparece Andy.
Con pinzas.

En testimonios incorporados a la investigación de la FGR se relata que, cuando una operación relacionada con un buque en Guaymas parecía salirse de control, Solano habría dicho que hablarían con el secretario de Marina porque aquello “era un tema de Andy”. Eso es lo que está documentado hasta ahora.

No que Andy haya ordenado la operación.
No que el Capitán Sol haya declarado ya en su contra.
No que exista una acusación formal.
Todavía.
La diferencia es enorme.
Pero también enorme es el ruido.
Y en política el ruido rara vez es inocente.
Entonces regresamos al escenario.
Amílcar bajo investigación.
Capitán Sol detenido.
Expedientes que empiezan a desempolvar nombres.
Estados Unidos mirando hacia México.

Y las elecciones intermedias estadounidenses del próximo 3 de noviembre prácticamente encima.

Demasiadas coincidencias para no observarlas.
Muy pocas pruebas, todavía, para convertirlas en sentencia.
Pareciera que alguien autorizó la apertura del telón.
¿La dueña del teatro?
Quién sabe.

Pero si desde Palacio permitieron que avanzaran investigaciones capaces de tocar personajes cercanos al círculo familiar del expresidente López Obrador, entonces estamos frente a algo políticamente mucho más interesante que la detención de uno o dos operadores.

Sería un mensaje.
Hacia adentro.
Y hacia afuera.

Porque una cosa es cuidar la herencia política y otra cargar con las cuentas pendientes de quienes participaron alrededor de ella.

Por lo pronto, la información corre en formato de avisos.
Un expediente por aquí.
Una detención por allá.
Una cuenta suiza más adelante.
Un nombre que reaparece.
Otro que alguien menciona.
Y todos volteando a ver quién sigue.
Algunos correrán por piernas.
Otros quizá descubran que ya es demasiado tarde para correr.
Falta muchísimo para conocer el desenlace judicial de estas historias.
Pero políticamente la función parece haber comenzado.
Luces.
Expedientes.
Actores nerviosos.
Y un público que apenas empieza a ocupar sus lugares.
La obra del sexenio podría estar por estrenarse.
Tercera llamada.

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