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Todos sabían… menos Claudia

José Luis Parra

 

El pleito por una primera piedra

Algo no cuadra en el pleito entre Claudia Sheinbaum y el gobernador de Querétaro, Mauricio Kuri.

O quizá cuadre demasiado.

Resulta que Kuri y el embajador de Estados Unidos en México, Ronald Johnson, colocaron la primera piedra de una Academia Internacional de Capacitación Policial y desde Palacio Nacional prácticamente preguntaron:

¿Y quién les dio permiso?

La presidenta se molestó.

Y bastante.

Dijo que un gobernador no puede establecer una academia internacional de policías sin autorización del Gobierno Federal y cuestionó que en el evento estuvieran Kuri y el representante estadounidense, pero aparentemente nadie del Gabinete de Seguridad.

Hasta ahí el reclamo parecía contundente.

El problema apareció después.

Resulta que sí había representantes federales.

Estuvo el comandante interino de la XVII Zona Militar, Aldo Raúl Gómez Quintero, en representación de la Sedena.

También Javier Rodríguez Uribe, delegado de la Fiscalía General de la República.

Y David Valadez Arenas, representante de la Guardia Nacional.

Entonces la pregunta cambia:

¿Nadie sabía o nadie le informó a la presidenta?
Porque son cosas diferentes.

Para complicar todavía más el asunto, apareció un oficio enviado por Kuri al secretario de Relaciones Exteriores, Roberto Velasco, seis días antes de la visita del embajador.

La Cancillería terminó aceptando que recibió el documento.

Claro, el oficio hablaba de una visita protocolaria y de “diversos temas de interés común”.

No decía claramente:

Vamos a colocar la primera piedra de una academia internacional de capacitación policial.

Ahí está precisamente la rendija por donde entró toda la tormenta.

Kuri avisó.
Pero aparentemente avisó a medias.
Y el Gobierno Federal estaba enterado.
Pero aparentemente tampoco sabía todo.
Maravillas de la coordinación institucional.
Todos sabían algo y nadie sabía nada.

El PAN, como era de esperarse, salió en defensa de su gobernador.

Su dirigente nacional, Jorge Romero, incluso ironizó que Kuri cumplió con invitaciones y requisitos y que, simplemente, a alguien no le informaron.

Ese “alguien” obviamente tiene nombre y despacho en Palacio Nacional.

Pero tampoco conviene correr demasiado.

La Secretaría de Relaciones Exteriores explicó que cualquier proyecto de cooperación internacional en seguridad necesita autorización previa del Grupo de Alto Nivel de Seguridad.

Y una cosa es recibir al embajador, tomarse fotografías y colocar una primera piedra.

Otra muy distinta sería iniciar formalmente un programa de capacitación policial con participación estadounidense.

Son terrenos delicados.
Más cuando enfrente está Ronald Johnson.

Y mucho más después de que Andrés Manuel López Obrador reapareció desde Palenque y calificó al embajador como un “excitado y entrometido policía”.

Casualmente, pocos días después, el asunto de Querétaro escaló hasta la conferencia presidencial.

¿Coincidencia?
Puede ser.
En política existen las coincidencias.
Aunque algunas traen instrucciones.

Claudia Sheinbaum aseguró que mantiene buena relación tanto con Johnson como con Kuri.

Pero al mismo tiempo pidió explicaciones al gobernador y ordenó a la Cancillería hablar con ambos.

Algo así como:

No estamos peleados, pero vengan para acá.
La parte curiosa es que la propia Cancillería terminó bajándole varias rayitas al conflicto.
Por la noche emitió un comunicado mucho más diplomático que el reclamo mañanero.

Reconoció la comunicación previa de Querétaro y ofreció acompañamiento para realizar correctamente las gestiones correspondientes.

Se acabó el fusilamiento.
Entró la burocracia.
Probablemente ahí terminará todo.

Con oficios, aclaraciones, llamadas telefónicas y el correspondiente recordatorio de que la política exterior es facultad federal.

Pero queda una duda más interesante.

Si miembros del Ejército, Guardia Nacional y Fiscalía estuvieron presentes en el evento, ¿realmente el problema fue la falta de información?

¿O fue la fotografía de un gobernador panista colocando una primera piedra junto al embajador estadounidense?

Porque en política las fotografías también hablan.
Y algunas gritan.

Sobre todo cuando Washington y Palacio Nacional atraviesan una relación donde cada palabra sobre seguridad, soberanía y cooperación tiene que medirse con regla.

El episodio puede parecer menor.
Una academia.
Una primera piedra.
Un embajador.
Un gobernador.

Pero detrás está una discusión mucho mayor:

Quién habla con Estados Unidos.
Quién negocia.
Quién autoriza.
Y, sobre todo, quién manda.
Por eso quizá el problema nunca fue la primera piedra.
Fue quién apareció en la fotografía colocándola.

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