Joel Hernández Santiago.
Una cosa queda clara: Donald J. Trump, antes que político es un hombre de negocios. Un empresario opulento y caprichoso, acostumbrado a que cada paso que da tiene un registro en cargos y abonos, ganancias, utilidades, activos y pasivos.
Y por lo mismo, ya se conoce el estilo de Trump, que como veleta cambia de opinión, sin aceptar errores los deja correr y si sale de ellos lo hace en silencio, aunque sean notables sus desatinos. No le gusta perder. No le gusta que le tallen sus errores en la nariz. Y mientras son peras o perones él lanza las piedras a diestra y siniestra, para ver si da en el tino o, como bumerang, se le revierten.
Hoy da la impresión de que su prioridad es su guerra, aliado con Israel, en contra de Irán, país al que acusó de estar preparando armas nucleares de alto peligro para Estados Unidos e Israel y por tanto lanzó la Operación “Martillo de Medianoche” el 22 de junio de 2025.
En esa operación, la Fuerza Aérea y la Marina de EUA atacaron tres instalaciones nucleares iraníes: Fordow, Natanz e Isfahán, con el objetivo de –dijo entonces- frenar el programa nuclear del país.
En el transcurso de la nueva ofensiva de Trump y Netanyahu contra Irán, iniciada el 28 de febrero el presidente de EUA dijo que “no está seguro con lo que respecta a las bombas nucleares, pero que en todo caso lanzó esta nueva ofensiva por su suposición de que Irán pudiera atacar a EUA., y que este reacción militar fue una decisión de él y nadamás que él”. El operativo resultó en la muerte del líder supremo iraní, ayatolá Alí Jameneí. Y aún continúa la guerra.
Y mientras atiende su guerra contra Irán, Trump quiere beberse al mundo en un solo trago y quiere reimponer la Doctrina Monroe (proclamada el 2 de diciembre de 1823 por el presidente estadounidense James Monroe) con interés en Latinoamérica. De nuevo el “América para los americanos”, entiéndase como ‘americanos’ al gobierno estadounidense…
Ejemplo de su sentido de la ganancia, fue su intervención en Venezuela para detener al dictador Nicolás Maduro en enero de 2026 en Caracas. Una operación liderada por fuerzas estadounidenses por cargos de narcoterrorismo. Fue trasladado a EUA para enfrentar procesos judiciales.
Una vez depuesto el dictador, sorprendentemente Trump se encargó de nombrar a la nueva presidenta interina venezolana, Delcy Rodríguez, una figura clave del chavismo y ex vicepresidenta durante la dictadura de Maduro. En donde se entiende que el motivo de la sustracción del ex dictador no fue por razones políticas o de democracia…
La dócil Delcy Rodríguez, ha firmado acuerdos de apoyo y colaboración con EUA, en tanto que Trump anunció que de acuerdo con el nuevo gobierno venezolano, las petroleras de estadounidenses serán las beneficiarias del petróleo, así como otros acuerdos comerciales que benefician a su gobierno.
Pero Trump tiene en la mira a Latinoamérica y por lo tanto amenaza: “¡O arreglan ustedes el narcoterrorismo o lo arreglamos nosotros, por nuestra propia cuenta!” exclama el presidente que siente lo que Calígula sentía al gobernar Roma.
La trae con México. Con frecuencia amenaza con intervenir militarmente en México para acabar con los cárteles de la droga que, dice, gobiernan en México.
Y cada vez con más frecuencia Trump minimiza o anula a la presidente de México, de quien dice que es una “buena mujer”, que tiene “una voz maravillosa”, una “mujer elegante”… pero que “ella no gobierna México; gobiernan los narcotraficantes”. Indignantes sus grotescas afirmaciones: “Le he dicho que podemos acabar con el narcotráfico pero ella dice “No, no, no, por favor, presidente”.
Trump y su equipo de seguridad, encabezados por Pete Hegseth, secretario de Guerra estadounidense, en Florida, y con la presencia de autoridades militares y de seguridad de 17 países de América Latina y el Caribe –básicamente gobiernos de derecha– firmaron una “Declaración Conjunta sobre Seguridad.”
Esto es: las partes se comprometieron a ampliar la cooperación bilateral y multilateral para mejorar la seguridad en el Hemisferio Occidental y a formar una coalición para combatir al narcoterrorismo.
Hegseth reiteró la vigencia de la doctrina Monroe a más de 200 años de haber sido anunciada y que ‘el compromiso de Trump es proteger las fronteras de EUA como una prioridad de la defensa nacional y para llevar a cabo acciones ofensivas en contra de los narcoterroristas.’
Y sin embargo es un Acuerdo cargado de amenazas:
Para empezar Trump subrayó en su discurso que “el epicentro de la violencia de los cárteles es México. Los cárteles de México están alimentando y orquestando el derramamiento de sangre” y que Estados Unido hará lo que sea para defender su seguridad nacional.
Además de la amenaza al gobierno mexicano, por el momento la intervención no será militar porque sabe que apretando tuercas el gobierno mexicano accede a todas sus exigencias y hará su tarea; de ahí lo “buena persona”, “elegante”, con “voz hermosa”, “de buen trato”: ‘pero tiene que hacer más’.
Washington también advirtió que está dispuesto a lanzar una ofensiva militar contra los cárteles en Latinoamérica, incluso sin apoyo regional: “… Que los países de América Latina y el Caribe deben hacer más para luchar contra el narcoterrorismo por medio de la fuerza militar y para invertir en su seguridad. En caso de no hacerlo, EUA actuará por su cuenta.”
Los grandes ausentes fueron México, Colombia y Brasil. Pero son en los que Trump tiene mayor interés de control e intervención. México está en la mira de Trump, no sólo por razones de narcotráfico, sino para ver qué ganancias puede obtener de la operación “México”.
Mientras tanto, de un tiempo a esta parte, la presidente de México ha dejado de invocar a la soberanía nacional. ¿Por qué será?




