Por José Alberto Sánchez Nava
“Cuando una nación hipoteca su democracia en las urnas, la factura de su liberación tiránica se paga en moneda soberana….y el cobrador siempre es extranjero.”
- Introducción
América Latina insiste en una peligrosa amnesia histórica: cree que los autoritarismos del siglo XXI llegarán con botas militares y toques de queda. Venezuela es la prueba de que el manual ha cambiado. La sentencia que debería gravarse en los parlamentos de la región es aquella que reza: “Cuando una nación hipoteca su democracia en las urnas, la factura de su liberación tiránica se paga en moneda soberana… y el cobrador siempre es extranjero.” Este no es un pronóstico, sino el diagnóstico forense de una nación que hoy, en su posible día después, enfrenta la colosal tarea de reconstruirse tras haber pagado ese precio catastrófico.
- El Origen: La Puerta que la Propia Democracia Abrió
Contrario a la narrativa simplista, el punto de inflexión no fue el fallido golpe de 1992. El momento crucial, el pecado original con consecuencias jurídicas irrevocables, fue 1998: Hugo Chávez no tomó Miraflores al asalto; lo conquistó con votos legítimos. Este es el dato que América Latina debe diseccionar con urgencia. La democracia venezolana, agotada y desconectada, abrió ella misma la puerta a su verdugo mediante un acto formalmente impecable.
El chavismo no inventó la desigualdad, la corrupción de las élites ni el resentimiento social; los explotó con maestría forense. A cambio de una promesa de justicia histórica, se solicitó—y se obtuvo de las urnas—un cheque en blanco constitucional. El error fatal, que hoy se replica en otros foros regionales, fue confundir la voluntad mayoritaria con la verdad absoluta, y el liderazgo carismático con el proyecto de Estado. La Constitución de 1999, celebrada como liberadora, se pervirtió en la herramienta legal perfecta para la concentración de poder. La democracia se redujo a un ritual: votar para legitimar la erosión de todo lo demás.

- La Mutación: Del Mandato Electoral al Narco-Estado Funcional
Con el cheque en blanco cobrado, comenzó la mutación institucional. Chávez colonizó el poder judicial, neutralizó el legislativo y politizó las fuerzas armadas. Maduro, al heredar la maquinaria pero no el carisma, necesitó un nuevo combustible: el crimen organizado. Así, el régimen dejó de ser un autoritarismo ideológico para convertirse en una cleptocracia narco-militar funcional, donde el uniforme garantizaba impunidad, no autoridad.
Este es el punto de quiebre que lleva directamente a la máxima inicial: la factura de mantener este entramado se volvió impagable con recursos internos. El petróleo ya no bastaba. La dependencia se externalizó, hipotecando soberanía a cambio de supervivencia, con Rusia, China, Irán y alianzas criminales transnacionales actuando como acreedores extranjeros de un régimen moribundo. La nación, sin disparar un tiro, perdió el control de su territorio, su economía y su política exterior.
- El Día Después: La Reconstrucción Bajo la Sombra del Acreedor
La eventual salida de Maduro no será una liberación, sino el inicio de la cobranza de esa factura soberana. El Día 1 enfrentará una paradoja monumental: iniciar la reconstrucción nacional desde una soberanía menguada y con acreedores externos—estatales y criminales—exigiendo su parte. La reconstrucción será, por fuerza, internacionalizada y vigilada.

La Intervención Humanitaria y la Deuda Social: La emergencia será tan vasta que requerirá una logística dirigida por actores extranjeros y multilaterales. Esta dependencia, aunque necesaria, consolidará la pérdida de autonomía. El retorno de millones de migrantes será un termómetro de esperanza, pero también una presión adicional sobre una infraestructura colapsada.
La Desarticulación del Narco-Estado y la Purga: Desmantelar el aparato criminal enquistado exigirá inteligencia, financiamiento y supervisión internacional, posiblemente con tribunales híbridos. La Fuerza Armada Nacional Bolivariana deberá ser reestructurada desde sus cimientos por doctrinas y asesores foráneos, un proceso humillante pero indispensable.
La Recuperación Económica y los Nuevos Amos: La industria petrolera, destruida, necesitará capitales y tecnología extranjera en condiciones leoninas. Las reservas de minerales estratégicos podrían convertirse en garantía de pago. La economía se reconstruirá, pero con dueños externos.
- La Lección Ineludible para América Latina
Venezuela demuestra que la tragedia no comienza con la tiranía, sino con el voto que la hace posible. Y que el costo final no es solo la dictadura, sino la pérdida de la capacidad de autodeterminación para salir de ella.

La región observa, pero no aprende. Cuando otros países confunden mayoría con omnipotencia, debilitan contrapesos en nombre de la eficacia, o instrumentalizan el resentimiento para erosionar instituciones, están firmando el mismo pagaré. No comprenden que, en el mundo moderno, cuando un país se autodestruye, no queda en ruinas románticas: queda en liquidación, y los licitadores nunca son benévolos.
- Conclusión: Más Allá de la Captura
Por ello, la obsesión con la captura de Maduro es un espejismo. El verdadero drama—el que debe obsesionar a Latinoamérica—es el que sigue: cómo reconstruir una casa cuyo título de propiedad ahora tiene múltiples firmas extranjeras. La liberación venezolana, cuando llegue, será administrada por comités de crédito internacionales. Esa es la factura última, y el cobrador, efectivamente, siempre llama desde fuera..

La advertencia para la región es clara: en la era de las autocracias electorales, no se traiciona solo al pueblo de una generación; se hipoteca el futuro de las siguientes. Y esa deuda, la más cruel de todas, se paga con la única moneda que realmente duele perder: el derecho a ser dueños de nuestro propio destino.




