- Aparentemente hay control, pero los precios de “casi todo” aumentan
Miguel A. Rocha Valencia
El freno a la baja de intereses por parte de Banxico, recomendada por el vicegobernador Jonathan Heath desde diciembre, no es gratuito pues se corre el riesgo de una escalada inflacionaria que va más allá de los precios de productos de la canasta básica y que no son estacionales ni ajustables y que sí impactan de manera directa a los salarios.
Y es que más allá de la inflación general oficial que está por abajo del cuatro por ciento, la subyacente que se ve estimulada por el aumento y nuevos impuestos, empiezan a cobrar factura en los bolsillos y ya se disparó por arriba del 4.5 por ciento, lo cual se refleja en carestía de prácticamente todos los productos fuera de la canasta básica.
El fenómeno tiene a su vez un reflejo en la máquina de billetes del propio Banxico, ya que, al cierre del año pasado, el aumento del circulante alcanzó niveles históricos al superar los tres billones 294 mil millones de pesos con que arrancó 2025 y cerrar el año en tres billones 388 mil 229 millones de pesos reflejando un repunte del siete por ciento, en tanto que el crecimiento real de la economía no pasó del 0.5 por ciento.
Más allá que esa disparidad sea uno de los indicadores de la economía ficción que vivimos donde se afirma que entre dádivas de gobierno y aumentos salariales “históricos” ya salieron millones de la pobreza, pero al mismo tiempo surgieron legiones de pobres laborales.
Dicen los expertos que el fenómeno se presenta por la ausencia de un correspondiente a productividad en cuando al salario y una actividad económica que respalde el reparto de dinero gratuito. Es decir, los mismos bienes pero mayor demanda de los mismos por existir mayor circulante especialmente aquellos que no tienen precios tan volátiles como en este caso las bebidas y el tabaco.
Estos productos que se encarecieron por el aumento de los IEPS bajo el pretexto de destinar mayores recursos a la salud permitieron un aumento en la recaudación fiscal, pero al mismo tiempo “descalabran” la capacidad de los consumidores. Es decir, el encarecimiento permite mayor recaudación, pero el consumo se mantiene y lo encarece.
Tal vez por eso la subyacente alcanzó su mayor nivel en 22 meses como dice el Inegi, ubicándose en 4.52 donde las mercancía subieron 4.56 por ciento y los servicios 4.48, en tanto que alimentos bebidas y tabaco, alcanzaron 6.13 por ciento más.
Por lo que toca a Hacienda, el objetivo recaudatorio está asegurado ya que, al cierre del año pasado, se captaron casi 160 mil millones de pesos por impuestos a tabaco, bebidas alcohólicas y azucaradas, juego de azar y comida chatarra, por lo cual, con el ajuste al alza de los IEPS, se romperá el récord.
Los mayores ingresos fueron por concepto de cigarros, con 49 mil 522 millones de pesos en tanto que los licores sumaron 25 mil 968 millones de pesos. Todo está muy bien para Hacienda, pero el tema es que como se adelantó, la informalidad en la venta de estos productos y la piratería, ya se profundizó.
Seguramente que por todo eso, la percepción de los consumidores sobre la situación económica del país y sus hogares dice el Indicador de Confianza, es que continuó deteriorándose por treceavo mes consecutivo, colocándose en 44 puntos que es su menor nivel desde diciembre de 2022.
Y es que cuatro de los cinco rubros que componen ese indicador del Inegi reportaron nuevamente retroceso a tasa anual del 2.7 por ciento, tendencia que dicen los expertos, se mantendrá por más tiempo.
Factor determinante para ello es el efecto sicológico y real de la inflación que pega a productos de consumo generalizado a través del alza de impuestos que se aplican y generan un efecto dominó en otros rubros. Tal es el tema de los cigarros, refrescos y alcoholes.




