Por Deborah Buiza
La vida no tiene una tecla de RESET incluida para que, en algún momento, una la teclee y todo se vaya a ceros y vuelva a empezar como si nada. Así que el que termine un año y comience otro puede sentirse como un “bueno, pero seguimos aquí, en el mismo lugar y con la misma gente; nada cambió”.
El cambio de año puede sentirse como una mera convención social a la que podemos sumarnos: algunos con bombo y platillo, otros con pijama y películas incluidas. O podemos restarnos y dejar que pase como si nada. Y es que los tiempos en los que el tiempo se medía a través de las cosechas o del tiempo litúrgico han quedado un tanto lejanos y ajenos para muchos.
Cerrar un ciclo y abrir otro de acuerdo con un calendario, para muchos, puede sentirse sin sentido, calzado a fuerzas. Cada uno tiene una percepción distinta del paso del tiempo, un ritmo, y situaciones que pueden ser relevantes o no serlo. Entonces, ¿será que podemos pasar por alto el “nuevo inicio de año” y marchar a nuestro propio paso? Quizá elegir los inicios y los cierres en otra temporada, y con ello decidir cómo celebrar lo que nos resulta significativo.
Si bien necesitamos algún elemento que “ordene el tiempo”, que nos marque un “aquí empezó – aquí terminó”, me parece que también podemos elegir nuestros comienzos y nuestros términos. Quitarnos la carga de hacer cierres de procesos que quizá aún están corriendo, de listas de pendientes, de metas, de propósitos, y de meternos en la dinámica acelerada de “empezar a construir nuestra mejor versión de nosotros mismos” para este nuevo año, ya hoy mismo.
¿Qué tal que elegimos “empezar” este nuevo ciclo descansando, apostando por lo simple, ordenando el tiempo y sus actividades de otra forma, y celebrando bajo nuestros propios términos?
El 2025, para muchos, fue un año complicado. No empecemos el 2026 con sobre exigencias. ¿Qué tal que lo iniciamos a baja velocidad y, de a poco, vamos agarrando ritmo y encontrando el mejor modo para nosotros?
Y tú, ¿a qué ritmo quieres ir este 2026?




