Joel Hernández Santiago
Hoy más que nunca es evidente la inmensa ambición de poder mundial que mueve al presidente de Estados Unidos, el ultraderechista republicano, Donald J. Trump. Se erige el mismo en salvador del mundo pero al que somete a sus condiciones y a sus propios intereses, no necesariamente intereses del pueblo estadounidense.
Todavía no cumple un año en su segundo periodo como presidente de EUA y ya ha sacudido a gran parte del mundo, con el pretexto de aranceles, de intervenciones, de agresiones, de venganzas, de odios y rencores… Y actúa y enfrenta y corrige y amenaza e impone, aun sin cumplir con la mismísima Constitución estadounidense.
Porque lo que ha hecho hasta ahora, a casi un año de gobierno sintetiza su presidencia: arrasa y empuja, utiliza la fuerza, la coerción, el abuso de poder y la fuerza militar estadounidense para dominar al mundo, del que se siente dueño y señor, amo y mandante.
Participó en los frágiles acuerdos de paz entre Palestina e Israel del 10 de octubre de 2025, aunque esa paz sigue en vilo.
Trump también ha participado en intentos por terminar con la guerra entre Rusia y Ucrania, pero sin éxito también, porque las partes no están dispuestas a disminuir sus pretensiones y defensa. Pretensiones territoriales de Rusia y defensa de su territorio por Ucrania.
El 22 de junio de 2025 comenzaron los ataques de Trump contra Irán bajo el nombre en clave “Operación Martillo de Medianoche”, cuando bombarderos y submarinos estadounidenses atacaron la planta de enriquecimiento de uranio en distintas plantas nucleares. Consiguieron dañar a Irán pero dejaron en pie un estado de indignación regional que aún no disminuye. Y más…:
Trump cumplió con sus amenazas contra Venezuela, el 3 de enero de 2026 en Caracas, a las 2.01 de la madrugada (hora local) en el marco de la operación “Determinación Absoluta” sustrajo al dictador Nicolás Maduro y a su esposa. Ambos llevados a Nueva York, para ser juzgados por las cortes estadounidenses.
Hoy sabemos, no era tanto por Maduro, es la ambición de Trump por mostrar músculo en la región, pero sobre todo por el petróleo e imponer un gobierno surgido del chavismo, bajo sus condiciones y sometimiento.
Trump violó el derecho internacional y violó las leyes de los Estados Unidos pues no pidió la autorización del Congreso estadounidense para esta invasión. Ya le han advertido que no puede repetir este tipo de operaciones sin antes consultarlo con el poder Legislativo de EUA.
Trump ahora enfrente a Europa: Quiere Groenlandia, la gran isla ártica que forma parte del reino de Dinamarca. Y lo ha dicho sin ambages: Compramos la isla para nosotros (EUA) o por la fuerza militar. Europa está alerta y en apoyo a Dinamarca. Trump insensible e inconsciente sigue su marcha de querer dominar al mundo y hacerlo suyo en beneficio del capital estadounidense…
El primer ministro de Groenlandia, Jens Frederik Nielsen, respondió a Trump calificando la idea del control estadounidense sobre la isla de “fantasía”.
Horas después de la operación militar en Venezuela, Trump le advirtió al presidente colombiano Gustavo Petro que “cuide su trasero”. Colombia, país vecino de Venezuela ha despertado la codicia de Trump por sus importantes reservas de petróleo y yacimientos de oro, plata, esmeraldas, platino y carbón. El argumento de Trump es que Colombia es un centro clave para el narcotráfico en la región, especialmente de cocaína.
Pero también está en su mira México. Lo ha estado desde su primera gestión (2017 – 2021) cuando durante su campaña lanzó dardos envenenados en contra de México y los mexicanos. Su actitud sigue vigente, aunque ahora con otros métodos y estrategias.
Le gusta jugar con los aranceles. La primera provocación fue cambiar el nombre de Golfo de México para denominarlo Golfo de América. Amenaza un día sí y otro no con imposición de aranceles a productos mexicanos, a vehículos y al comercio en general… El gobierno de México ha cumplido todos sus caprichos: “Con México sí se puede tratar”, pero al mismo tiempo dice que “en México gobiernan los cárteles del narcotráfico”. Que quiere decir, ‘hay un narcogobierno.’
Afirma con frecuencia que las autoridades mexicanas no están haciendo lo suficiente para detener el flujo de drogas o inmigrantes indocumentados hacia Estados Unidos y que, por lo mismo “hay que hacer algo con México”. Marco Rubio, el secretario de Estado de EUA advierte: “Si el presidente Trump dice algo, hay que tomarlo en serio”.
Insiste en que México deje de comerciar con China; exige que el gobierno mexicano colabore con sus fuerzas de inteligencia y policiacas (DEA-CIA) para abatir el narcotráfico, la producción y distribución de fentanilo.
Ahora anuncia que podría intervenir con militares en México por vía terrestre para acabar con los capos del narcotráfico y repite-repite-repite que “son los que en verdad gobiernan en México”. “Tendremos que hacer algo con México”.
Amenazas. Amenazas. Amenazas. El riesgo es que las cumpla. Lo que sería un golpe bajo al gobierno de Claudia Sheinbaum y una afrenta a México. La presidente insiste-insiste en que debe defender la soberanía nacional. Tan sólo anunciar estas amenazas, Trump incide en esa soberanía.
El gobierno de México tiene que estar alerta a cualquier movimiento que afecte al país y su estabilidad y su dignidad. Trump conoce el acendrado nacionalismo mexicano. Trump no es todo el poder, su antídoto está en su propio país: las leyes; y su antídoto está en las leyes internacionales, pero sobre todo está en la actitud del gobierno mexicano y la de su gente ante este peligro. No por los narcotraficantes. Si por el país.




